Festejo por el Día del Niño en Ramallo: generó $12,3 millones de movimiento económico, aunque abrió el debate sobre el costo del evento

Si bien los números oficiales marcan un gran movimeinto de dinero por turismo y ganancias de los emprendedores, abrió un ninterrogante por la relación entre el gasto público y el impacto económico que queda en la ciudad.

El festejo por el Día del Niño realizado en el Puerto de Ramallo generó, según los datos difundidos, $12,3 millones en ventas entre artesanos, emprendedores y gastronómicos. La cifra muestra un movimiento comercial concreto durante el fin de semana, aunque también vuelve a poner en discusión el criterio utilizado para destinar recursos públicos a eventos de gran costo y con escasa capacidad para atraer turismo de otras localidades.

La propuesta se desarrolló entre el viernes 21 y el domingo 23 de agosto y tuvo como principal atractivo la presentación del Cirque XXI. De acuerdo con la información oficial, se realizaron nueve funciones y la convocatoria superó las 20.000 personas. El viernes hubo además funciones destinadas a establecimientos educativos, con la participación de más de 1.500 alumnos.

El movimiento económico informado se concentró entre los 27 participantes que instalaron sus puestos durante las jornadas. Los 20 emprendedores declararon ventas por $5.550.000, mientras que los cuatro gastronómicos informaron $5.800.000 y los tres artesanos restantes $1.000.000. En total, los participantes registraron ventas por $12.300.000.

El dato resulta positivo para quienes tienen emprendimientos y comercios vinculados a este tipo de actividades, pero adquiere otra dimensión cuando se lo contrasta con la inversión necesaria para montar el espectáculo.

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Según estimaciones sobre el valor comercial de una propuesta de estas características, una entrada para el Cirque XXI ronda los $30.000. Considerando un aforo aproximado de 700 personas y unas ocho funciones, el valor potencial de las localidades se ubicaría en torno a los $168 millones. En Ramallo, las entradas fueron gratuitas y el costo de contratación del espectáculo habría superado los $100 millones.

La discusión no está en el éxito del festejo para las familias ni en cuestionar que se realicen actividades gratuitas. El interrogante pasa por la relación entre el gasto público y el impacto económico que queda en la ciudad.

Los $12,3 millones declarados en ventas representan una parte muy pequeña frente a una inversión que habría superado los $100 millones. Además, por las características del evento, buena parte de los asistentes fueron vecinos de Ramallo, por lo que el impacto turístico resulta limitado.

Este es uno de los aspectos que debería formar parte de la evaluación de las políticas de eventos: no solamente cuántas personas concurren, sino cuántas llegan desde otras ciudades, cuánto permanecen, cuánto gastan en alojamiento, gastronomía y comercios y cuánto dinero nuevo ingresa efectivamente a la economía local.

Ramallo cuenta con atractivos y una ubicación que podrían permitir organizar eventos capaces de generar mayor movimiento turístico. En ese contexto, la discusión sobre el uso de los recursos públicos no pasa por hacer o no hacer espectáculos, sino por definir qué eventos generan el mayor retorno social, económico y turístico.

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