Homilía del Obispo: “Un fecundo cambio de planes”

HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Mateo (Mt 1, 18-24)

Homilía del Obispo: “Un fecundo cambio de planes”

Por Monseñor Hugo Norberto Santiago
Obispo de la Diócesis de San Nicolás

“Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaban en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: ‘José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su Pueblo de todos sus pecados’. Todo esto sucedió para se cumpliera lo que el Señor habían anunciado por el Profeta: ‘La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quién pondrán el nombre de Emanuel’, que traducido significa: ‘Dios con nosotros’. Al despertar; José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa. Palabra del Señor.”

– Publicidad –

Una decisión con riesgos

José y María, aunque todavía no vivían juntos, eran “prometidos”; se casarían como todas las parejas de judíos de su tiempo, ya que todas las mujeres soñaban con ser la madre del Mesías que Israel esperaba. Por otro lado, santo Tomás dice que la Virgen María, si bien estaba comprometida con José, deseaba consagrarse a Dios en cuerpo y alma, como lo hacían en su tiempo los “esenios”, una especie de monjes que se dedicaban al estudio y a la oración con las Sagradas Escrituras y vivían en unas sierras con cavernas, que todavía se pueden apreciar cuando uno va a Israel y visita los lugares santos. Cuando el Ángel le anuncia a María que va a ser madre por obra y gracia del Espíritu Santo, ella comprende su vocación, su deseo de consagración a Dios, al tiempo que sería Madre del Mesías de una manera no habitual. Por eso María pregunta al Ángel cómo sería concebir por obra del Espíritu Santo, ya que ella no había tenido relaciones con ningún hombre.

Las consecuencias

Esto, para la Virgen María, es un cambio de planes que entraña riesgos no menores, ya que José, su prometido, y sus familiares podían no creerle que concibió un hijo por obra y gracia del Espíritu Santo, ya que, al fin y al cabo, lo que ocurre en ella es un hecho extraordinario; podían pensar, en cambio, que el hijo era fruto de un adulterio y, en ese tiempo, a las adúlteras se las dilapidaba, es decir, se las mataba apedreándolas. Cuando José se entera, como era un varón justo y amaba a María, decide “repudiarla en secreto”, es decir, creyendo que su hijo era de otro hombre, no la denunciará públicamente para que la maten, porque la amaba. Lo que ocurre en María es para José una frustración, un traumático cambio de planes que lo amarga por dentro. De estas circunstancias habla el Evangelio de hoy: José estaba desconcertado, turbado, cuando el Ángel le habla en sueños y le dice que no tema tomar a María por esposa, porque lo concebido en ella, efectivamente, era obra y gracia del Espíritu Santo. José cree a Dios, sabía de la pureza de María y se le dilucida la situación; acepta ser el padre adoptivo del Hijo de Dios.

Ser padres “del corazón”

José será “padre del corazón” y testimoniará, como pocos, que la paternidad adoptiva es una verdadera paternidad. En efecto, se puede traer un hijo al mundo y no ser madre. Esto ocurre en tantos padres que abandonan a sus hijos o, por diversísimas razones pragmáticas, están ausentes y, en ese sentido, no cumplen la función paterna, y sus hijos sufren la orfandad. Ser padres es formar la “persona” del hijo mediante la presencia, la transmisión de valores, el diálogo, el acompañamiento, el afecto y el testimonio; entonces, la madre y el padre forman al hijo como por “ósmosis”, ya que es propio del niño “admirar” a esos padres presentes; la admiración lleva naturalmente a la “imitación”, que con los años se personalizará. El hijo tomará los valores de sus padres, pero los traducirá en su vida de manera original y única. Sin esas bases de encuentro, diálogo y amistad, no hay paternidad ni filiación. La grandeza de José y María está en que, para cumplir la voluntad de Dios, se olvidaron de sí mismos, cambiaron sus planes y “enajenaron su vida” para formar al Hijo de Dios mediante la presencia, el diálogo y la meditación compartida de las Sagradas Escrituras.

Alcanzar la madurez humana

La madurez humana no se da si, a una cierta altura de la vida, no nos damos cuenta de que nuestra persona está “enajenada”, ya no nos pertenece: pertenece a otros, a nuestros hijos, que requieren presencia, atención, amor y diálogo. Eso nos asemeja a Dios, de quien nos viene el glorioso título de “padre”, el que se da gratuitamente, sin intención de recibir a cambio más que el afecto de aquellos a los cuales dimos a luz y formamos. El “beso de Dios” será la alegría en nuestro corazón, como un “certificado” de que hemos tomado el camino acertado.

Buen domingo y buen almuerzo.

- Publicidad -
- Publicidad -
- Publicidad -