Homilía del Obispo: “Navidad: Noche de paz”

HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Mateo (Lc 2,1-14)

Homilía del Obispo: “Navidad: Noche de paz”

Por monseñor Hugo Norberto Santiago
Obispo de la Diócesis de San Nicolás

“Apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre, y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque donde se alojaban no había lugar para ellos. En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: ‘No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo; hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre’. Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: ‘Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres amados por Él’”. Palabra del Señor.

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Cantamos

   La Iglesia se llena de alegría y canta por el nacimiento del Hijo de Dios, que es nuestra vida, como una madre canta porque le ha nacido un hijo, como un hermano canta porque hay un nuevo hermano en casa, como una mujer canta por el hombre que ha llenado su vida, como el campesino canta en la cosecha; así la Iglesia canta por Cristo Dios que, en el encuentro, sacia el ansia de felicidad de todo hombre. Este día la Iglesia canta por el nacimiento del Hijo de Dios que cambia nuestra existencia, que toca cada uno de los momentos de nuestra experiencia porque asume nuestras pobrezas, nuestros pecados, nuestras tristezas y nuestras esperanzas dándoles sentido. Cantamos porque el nacimiento de Jesús nos hace vivir la experiencia del peregrino en la noche que ve una estrella en el horizonte y se alegra porque constata en ella el punto de llegada.

Porque con Jesús un cambio es posible

     El nacimiento de Jesús toca nuestros sufrimientos de modo que podamos superarlos y generar una realidad nueva: ante la injusticia que causa inseguridad, Jesús nos regala la equidad que integra; ante la guerra, generadora de muerte y destierro, Jesús nos da la capacidad de construir la paz partiendo de las relaciones cotidianas; ante la droga que genera la esclavitud de la adicción, Jesús nos libera de toda dependencia; ante la crisis de trabajo que genera pobreza e indigencia, Jesús nos da hombres con capacidad de emprendimiento que necesitan la mano de obra de muchos; ante la corrupción que genera escepticismo y desesperanza, Jesús nos da la capacidad de honestidad con la que volvemos a creer; ante la orfandad que deja en la intemperie a tantos niños y adolescentes, Jesús nos muestra a Dios Padre que acompaña, escucha y contiene; ante la espantosa soledad que vive el hombre que ha cortado con Dios, Jesús nos indica el camino de regreso a casa, donde hay abrazo, apertura del corazón y encuentro familiar. Con Jesús nace un hombre nuevo que genera la posibilidad de una sociedad nueva; ante un panorama cerrado y limitado a este mundo, Jesús nos abre las puertas de los cielos donde sanará los corazones rotos y secará toda lágrima, donde, en todo caso, lloraremos de alegría como quien gana un mundial.

Noche de paz, noche de amor

      Jesucristo está entre nosotros para recomponer el tejido humano destrozado, para generar relaciones verdaderamente fraternas. Jesús está entre nosotros para hacernos vivir la vida con dignidad y serena alegría, para abrirnos el corazón y la inteligencia a un panorama nuevo. Debemos ponernos en camino hacia Belén, para reconocer este gran acontecimiento que está en medio de nosotros. Armemos en casa el pesebre y contemplemos la escena que nos presenta. El silencio del pesebre habitado por Jesús, María y José nos habla de la belleza de la humildad y la ternura en las relaciones humanas, de que cada vida es un regalo de Dios y conlleva en sí un proyecto de bendición. Una escena de paz que nos habla del inicio de relaciones humanas alimentadas por el amor que se hace presencia, cercanía, compromiso, hogar, compartir; una escena que nos habla de vínculos sanos y sanadores, que indican el profundo deseo humano de encuentro, intimidad y amistad. Por eso cantamos: “Noche de paz, noche de amor”. Feliz Navidad.

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