Peloni se sumerge en un padre quebrado en “Casi Normales Inmersivo”

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En la versión inmersiva de “Casi Normales”, el actor Roberto Peloni enfrenta uno de los desafíos interpretativos más intensos de su carrera: encarnar a Dan, un padre atravesado por el mandato de sostener a toda una familia en crisis mientras convive con el dolor, la negación y el impacto de la enfermedad mental en el hogar.
En diálogo con Noticias Argentinas tras una de las funciones en Buenos Aires, Peloni describió a su personaje como “ese padre de familia que siente que debe cargar con todo el drama” y que, en esa búsqueda de control, termina convirtiéndose en “una bomba de tiempo”. La obra expone cómo Dan posterga sus propias emociones, acumula silencios y atraviesa una tensión que finalmente estalla cuando ya no encuentra salida posible.
Para el actor, ese comportamiento no es casual ni individual, sino que está profundamente vinculado a una construcción cultural ligada a la masculinidad: el hombre proveedor, fuerte, que “debe tener lo que hay que tener” y evitar mostrar fragilidad. Esa exigencia social lo empuja, escena tras escena, a adoptar el rol de sostén absoluto, incluso a costa de su propio equilibrio afectivo.
La puesta inmersiva de “Casi Normales” se mete de lleno en un territorio sensible: los trastornos mentales, la medicación, las adicciones y las secuelas emocionales que dejan en toda la familia. Peloni subraya que convivir con alguien que atraviesa problemas de salud, en especial de salud mental, transforma de manera radical la vida puertas adentro: se redistribuyen tareas, aparecen tensiones, surgen espacios vacíos que otros deben ocupar y afloran dinámicas disfuncionales que el teatro argentino suele abordar con particular interés.
La emoción de un material que “va al hueso”
El intérprete cuenta que la intensidad del espectáculo está presente desde el primer ensayo. Ya conocía el material original y, según relata, cada versión lo conmueve del mismo modo. Parte de ese impacto proviene de la mirada frontal sobre problemáticas contemporáneas: vínculos familiares frágiles, duelos no resueltos, hijos desplazados, parejas que no llegan a contener al otro y personajes que lidian con la sensación constante de estar fallando.
“Casi Normales Inmersivo” potencia ese efecto al colocar al público dentro del universo emocional de la familia, rodeado por la música y la actuación a muy corta distancia. De este modo, los espectadores no solo observan la historia, sino que casi la habitan, identificándose con distintos roles: el hijo que se siente corrido, el novio que intenta acompañar, el marido que no logra llegar a tiempo, o la persona que sufre en silencio.
Uno de los elementos técnicos más comentados de la puesta es la presencia en pantalla de Mariano Chiesa, parte del dispositivo inmersivo que combina actuación en vivo e imagen proyectada. Peloni destacó el trabajo de producción y sincronía necesaria para que esa integración funcione con precisión en cada función, y elogió el desempeño de Chiesa. La coordinación exige un ajuste minucioso de tiempos, especialmente para la actriz Mela, que debe acompasar cada respiración y frase para mantener la conexión con la imagen.
Dan representa a ese padre que explota cuando ya no puede sostener más, pero que al final descubre que nunca estuvo solo: su hijo siempre estuvo ahí, esperando ser visto.
Con este enfoque inmersivo, “Casi Normales” vuelve a poner en el centro de la escena la salud mental como tema urgente, invitando al público a reflexionar sobre los mandatos, el silencio y el costo emocional que implica sostener lo insostenible dentro de una familia.

