El territorio clave para conservar el agua en alta montaña

NewsITe
El debate por la reforma de la Ley de Glaciares volvió a poner en primer plano a un protagonista poco conocido pero decisivo para el futuro del agua en la Argentina: el ambiente periglacial. Se trata de una franja de territorio de alta montaña, ubicada en torno a los glaciares, donde el suelo permanece congelado durante buena parte del año y funciona como una enorme reserva hídrica natural.
En estos sectores, el frío extremo genera la presencia de permafrost, es decir, suelos permanentemente helados que almacenan agua en forma de hielo. Cuando las temperaturas suben, ese hielo se derrite de manera paulatina y libera el recurso hacia arroyos, ríos y cuencas. Por eso, especialistas en glaciología y ambiente describen al ambiente periglacial como una “esponja” que acumula y entrega agua en forma gradual, sosteniendo caudales aún en épocas secas.
La Ley de Presupuestos Mínimos para la Preservación de los Glaciares y del Ambiente Periglacial, sancionada en 2010, incorporó expresamente este territorio dentro de las zonas a proteger. La norma prohíbe o restringe actividades como la minería metalífera a gran escala, la construcción de grandes obras de infraestructura o la explotación de hidrocarburos en los sectores donde existan glaciares y ambiente periglacial, con el fin de evitar daños irreversibles en reservas estratégicas de agua dulce.
En la práctica, esto implica que proyectos extractivos o emprendimientos de gran impacto deben ser evaluados con criterios ambientales estrictos y, en muchos casos, reubicados o directamente descartados. Cualquier alteración significativa del suelo congelado —como voladuras, movimientos de tierra o contaminación con sustancias químicas— puede afectar la capacidad de estos sistemas para almacenar y regular el agua, con consecuencias directas aguas abajo.
Un recurso estratégico para regiones áridas del país
La importancia del ambiente periglacial se hace especialmente visible en provincias cordilleranas como San Juan, Mendoza, La Rioja o Catamarca, donde gran parte del suministro de agua para consumo humano, riego y actividad industrial depende de los aportes de la nieve, los glaciares y estos suelos helados. En escenarios de cambio climático y retroceso glaciar, proteger cada reserva de agua se vuelve aún más crítico.
En ese contexto, el ambiente periglacial es mucho más que una categoría geográfica: es una pieza clave del equilibrio ambiental y de la seguridad hídrica. Modificar el nivel de protección que le otorga la Ley de Glaciares, advierten organizaciones ambientales y equipos científicos, podría habilitar actividades con alto impacto en zonas sensibles y comprometer el abastecimiento futuro.
- Almacena agua en forma de hielo en suelos de alta montaña.
- Libera el recurso de manera paulatina, sosteniendo caudales de ríos.
- Está protegido por la Ley de Glaciares como reserva estratégica.
- Es fundamental para provincias cordilleranas y regiones áridas.
El ambiente periglacial funciona como una “esponja” natural: acumula agua en épocas frías y la libera lentamente, garantizando abastecimiento incluso cuando las precipitaciones son escasas.
Mientras el Congreso discute posibles cambios en la normativa, el ambiente periglacial se consolida como uno de los ejes centrales del debate: de su protección dependerá, en buena medida, la disponibilidad de agua para las próximas décadas en vastas regiones del país.

