La caída de la vacunación antirrábica enciende una señal de alarma

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En el marco del Día Mundial de la Lucha contra la Rabia, que se conmemora cada 28 de septiembre en homenaje a Louis Pasteur —creador de la vacuna antirrábica—, especialistas vuelven a poner la lupa sobre una amenaza que muchos creen superada, pero que sigue presente en Argentina. La disminución en las coberturas de vacunación de perros y gatos abre la puerta a un escenario de riesgo para la salud pública.
Según datos oficiales, entre 2019 y 2024 se notificaron 927 casos de rabia animal en el país. El pico se registró en 2022, con 224 diagnósticos positivos, mientras que en 2025, hasta la semana epidemiológica 22, ya se habían confirmado 76 casos en 13 de las 24 jurisdicciones argentinas. La mayoría de los episodios se vinculan con murciélagos, que hoy funcionan como el principal reservorio urbano del virus.
De los casos de 2025, 67 involucraron a murciélagos no hematófagos, fundamentalmente insectívoros. También se detectó la infección en animales de producción y en un gato doméstico de la provincia de Buenos Aires, contagiado con una variante propia del murciélago insectívoro Tadarida brasiliensis. Este tipo de situaciones, conocidas como “spillover”, marcan el salto del virus desde la fauna silvestre a las mascotas y, potencialmente, a las personas.
Murciélagos y mascotas: el riesgo dentro de la casa
Lejos de limitarse a zonas rurales o a animales callejeros, la rabia puede llegar hasta el interior de los hogares. Los murciélagos forman parte de la fauna urbana y es habitual que aparezcan en patios, terrazas, balcones e incluso que ingresen accidentalmente a viviendas. Cuando un ejemplar infectado cae al suelo o se comporta de manera extraña, aumenta la chance de contacto con perros y, sobre todo, con gatos.
Los felinos, por su instinto cazador, suelen intentar atrapar a estos animales, aun cuando se trate de mascotas que no salen habitualmente a la calle. Entre 2019 y 2023, los casos de rabia en gatos registrados en Argentina se dieron en animales que no estaban vacunados o tenían la vacuna vencida, y que contrajeron variantes virales asociadas a murciélagos insectívoros.
El Boletín Epidemiológico Nacional describió recientemente la detección de rabia en un gato doméstico bonaerense como un evento de “spillover” que expone la fragilidad del sistema de prevención cuando disminuyen las tasas de inmunización. La recomendación de las autoridades sanitarias es clara: sostener coberturas óptimas de vacunación en perros y gatos para cortar la cadena de transmisión.
Vacunar para no bajar la guardia
Si bien la variante canina de la rabia está controlada en Argentina gracias a décadas de campañas de vacunación y vigilancia epidemiológica, el virus no desapareció. La baja percepción de riesgo, explican los expertos, se convierte en un peligro en sí mismo porque lleva a postergar o directamente omitir la vacuna anual de las mascotas.
“Uno de los principales desafíos que tenemos hoy es evitar que el éxito de las estrategias de prevención nos lleve a bajar la guardia. La rabia sigue circulando en Argentina y el contacto entre la fauna silvestre y nuestros animales de compañía puede ocurrir incluso dentro del entorno urbano. La vacunación sigue siendo la principal herramienta para cortar esa cadena de transmisión y proteger tanto a los animales como a las personas”, advirtió Walter Comas, médico veterinario y Director de la Unidad de Negocios de Animales de Compañía de MSD Salud Animal en Argentina.
En el país, la vacunación antirrábica de perros y gatos es obligatoria. Debe iniciarse a partir de los tres meses de vida y mantenerse con los refuerzos correspondientes durante toda la existencia del animal. El Ministerio de Salud recomienda una aplicación anual como medida central para prevenir esta zoonosis.
Una enfermedad mortal y cómo actuar ante una exposición
La rabia es una enfermedad viral que ataca el sistema nervioso central de los mamíferos, incluidas las personas. Se transmite principalmente a través de la saliva de un animal infectado, por lo general mediante mordeduras, aunque también puede producirse por contacto de saliva con heridas abiertas o mucosas. Una vez que aparecen los síntomas clínicos —alteraciones neurológicas, cambios de conducta, dificultad para tragar, entre otros— el desenlace es irremediablemente fatal.
Argentina registró en 2021 la muerte de una mujer de 33 años en Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires, tras la mordedura de un gato que frecuentaba su domicilio. El análisis determinó que se trataba de la variante antigénica 4, propia de murciélagos insectívoros. Fue el primer caso humano de rabia en el país en 13 años y funcionó como un llamado de atención para el sistema sanitario.
La sola presencia de un murciélago no implica que el animal esté enfermo. Sin embargo, si se lo encuentra durante el día, caído, muerto o con dificultades para volar, no debe ser tocado ni manipulado con las manos. Se recomienda impedir el contacto con perros y gatos y comunicarse con el área de Zoonosis local para su retiro y eventual análisis en laboratorio.
En caso de que una mascota haya tenido contacto con un murciélago, se debe consultar de inmediato a un médico veterinario. Si una persona resulta mordida o arañada, la indicación es lavar la herida con abundante agua y jabón y acudir rápidamente a un centro de salud para evaluar la necesidad de profilaxis posexposición. La prevención, insisten los especialistas, comienza por una vacuna al día en cada mascota.

