Muere el represor Raúl Guglielminetti, figura clave en la última polémica de LLA

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Raúl Antonio Guglielminetti, uno de los represores más conocidos y con múltiples condenas por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico-militar, falleció este miércoles a los 84 años. Su nombre había vuelto al centro de la escena pública el 11 de julio de 2024, cuando se supo que había sido uno de los genocidas visitados por un grupo de diputados libertarios en el penal de Ezeiza.
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Aquel día, Guglielminetti ofició de uno de los “anfitriones” en una recorrida que generó una fuerte controversia política e institucional. La comitiva estuvo integrada por seis legisladores de La Libertad Avanza (LLA), quienes mantuvieron encuentros con represores condenados, entre ellos también Alfredo Astiz, Adolfo Donda, Carlos Guillermo Suárez Mason (h) y Antonio Pernías.
Según reconstruyó en su momento la Agencia Noticias Argentinas, la visita no fue improvisada: había sido planificada con antelación y organizada por el diputado entrerriano Beltrán Benedit. En ese marco, los legisladores llevaron un sobre con un borrador de proyecto elaborado por el sacerdote y activista ultraderechista Javier Olivera Ravasi, hijo de un represor condenado, que proponía aliviar o revisar las condiciones de detención de los militares mediante el beneficio de la prisión domiciliaria.
Los diputados que participaron de la visita a Ezeiza
Además de Benedit, la lista de diputados presentes en aquella jornada en Ezeiza incluyó a Guillermo Montenegro, María Fernanda Araujo, Álida Ferreyra, Lourdes Arrieta y Rocío Bonacci. La revelación de la visita y las imágenes junto a represores condenados generaron fuerte repudio de organismos de derechos humanos, sectores de la oposición y de parte de la sociedad civil.
En medio del trayecto hacia el penal, Bonacci decidió bajarse del vehículo al enterarse de que el objetivo del encuentro era expresar solidaridad con genocidas sentenciados por delitos aberrantes. Arrieta, en cambio, ingresó al establecimiento y formó parte de la foto grupal que luego se viralizó, lo que desencadenó un escándalo político que aún tiene repercusiones.
Ruptura interna y denuncias judiciales
Tras la difusión de los hechos, Lourdes Arrieta sostuvo que había sido “engañada” por Benedit y que, por su edad —nacida en 1993—, desconocía buena parte de la historia vinculada a la última dictadura. Lejos de aplacar la polémica, sus dichos profundizaron la crisis interna dentro del bloque libertario.
La diputada terminó expulsada del espacio luego de hacer públicos los detalles del plan de Benedit, incluyendo capturas de chats de WhatsApp y otras evidencias que luego presentó en la Justicia. Su testimonio derivó en una denuncia judicial contra el grupo de legisladores que participó de la visita y abrió un nuevo capítulo de tensión institucional en torno al rol de LLA frente a los crímenes de la dictadura.
En ese contexto, Arrieta también señaló la supuesta responsabilidad del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, a quien acusó de haber autorizado el traslado oficial de la comitiva al pabellón de los represores en Ezeiza. Menem, por su parte, afirmó que la asignación de vehículos es un trámite administrativo automático para todo diputado que lo solicite.
La muerte de Guglielminetti ocurre mientras siguen abiertas las discusiones políticas y judiciales sobre la visita de los diputados libertarios a condenados por crímenes de lesa humanidad y el lugar que ocupa la memoria de la dictadura en la agenda pública actual.
La desaparición física de Guglielminetti cierra la historia de uno de los represores emblemáticos del terrorismo de Estado, pero no clausura los debates sobre memoria, verdad y justicia, ni las tensiones que todavía provoca en la política argentina cualquier intento de relativizar los delitos cometidos durante el período más oscuro de la historia reciente.

