Del FOMO al JOMO: cómo dejar de querer estar en todo y empezar a disfrutar de perderse algunos planes

La necesidad de aceptar cada invitación, seguir lo que hacen los demás y mantenerse permanentemente conectado empieza a encontrar su contracara en el JOMO. La tendencia propone elegir con mayor libertad cómo utilizar el tiempo, bajar el ritmo y dejar de considerar cada plan rechazado como una oportunidad perdida.

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Foto de TN

¿Hay que aceptar una salida aunque el cuerpo pida quedarse en casa? ¿Es necesario saber qué hacen los demás durante todo el tiempo? ¿Por qué un plan que inicialmente no interesaba puede empezar a parecer atractivo después de verlo repetido varias veces en las redes sociales?

Detrás de esas preguntas aparece un fenómeno conocido desde hace años como FOMO, sigla de Fear of Missing Out, que puede traducirse como “miedo a perderse algo”. El término describe esa sensación de estar quedando afuera mientras otras personas salen, viajan, se reúnen o participan de experiencias que parecen mejores que aquello que uno está haciendo.

Frente a esa lógica ganó espacio otro concepto: JOMO, por Joy of Missing Out, cuya traducción aproximada es “la alegría de perderse algo”. Su propuesta parte de una idea sencilla: no es necesario participar de todo y aquello que sucede mientras uno está en otro lugar no necesariamente representa una oportunidad perdida.

El cambio no implica abandonar la vida social, rechazar invitaciones sistemáticamente ni aislarse. El JOMO apunta, por el contrario, a elegir qué planes realmente generan interés y cuáles se aceptan solamente por temor a quedarse afuera.

Las redes y la sensación de que siempre pasa algo mejor

Las redes sociales ocupan un lugar importante en el desarrollo del FOMO porque permiten observar de manera permanente una parte de la vida de otras personas. Salidas, recitales, reuniones, viajes, restaurantes y encuentros aparecen continuamente en una pantalla y pueden instalar la sensación de que siempre existe algo interesante ocurriendo en otro lugar.

Además, lo que muestran las redes suele ser apenas una selección de determinados momentos. Una persona que está descansando en su casa puede encontrarse en pocos minutos con imágenes de amigos en una fiesta, conocidos de vacaciones y otras personas disfrutando de una salida. La comparación se produce entre una experiencia cotidiana completa y pequeños fragmentos elegidos de la vida ajena.

El FOMO puede aparecer entonces incluso cuando originalmente no existían ganas de participar. El problema deja de ser únicamente haberse perdido una salida determinada y pasa a ser la percepción de que los demás están aprovechando mejor su tiempo.

El JOMO intenta romper con esa comparación. Quedarse en casa, dormir, leer, mirar una película, cocinar, pasar tiempo con alguien cercano o simplemente descansar pueden ser elecciones en sí mismas y no alternativas que quedaron después de rechazar algo supuestamente mejor.

Cómo pasar del FOMO al JOMO

El primer cambio consiste en diferenciar las ganas reales de participar de un plan del temor a quedarse afuera. Antes de aceptar una invitación, una pregunta puede servir como filtro: ¿quiero realmente estar ahí o me preocupa ver después que los demás estuvieron sin mí?

También puede resultar útil reducir los momentos de exposición permanente a las redes sociales. No necesariamente hace falta abandonarlas, sino evitar que sean la referencia constante para decidir si el tiempo propio está siendo bien utilizado. No conocer inmediatamente qué está haciendo cada persona también permite disminuir las comparaciones.

Otro punto pasa por aprender a rechazar invitaciones sin convertir cada negativa en una explicación extensa. Decir que no a un plan porque se necesita descansar o porque simplemente no existen ganas de asistir también forma parte de administrar el tiempo personal.

El proceso incluye aceptar algo inevitable: siempre habrá cosas que ocurran sin nuestra presencia. Mientras una persona elige una actividad, necesariamente está dejando otras de lado. Intentar abarcar todas las posibilidades termina convirtiendo el tiempo libre en otra obligación.

Elegir también significa renunciar

El JOMO no plantea que quedarse en casa sea siempre mejor que salir ni que desconectarse sea superior a participar. Su diferencia con el FOMO está en el motivo detrás de la decisión. Una salida elegida porque realmente genera ganas puede convivir perfectamente con otra invitación rechazada sin culpa.

La tendencia propone así recuperar una relación menos exigente con el tiempo libre. Una agenda llena no necesariamente implica disfrutar más, del mismo modo que una noche sin planes no representa automáticamente una oportunidad desperdiciada.

Pasar del FOMO al JOMO supone, en definitiva, aceptar que no se puede estar en todos lados y que tampoco hace falta intentarlo. A veces habrá un recital, una reunión, una fiesta o un viaje del que otros formen parte mientras uno elige algo diferente.

Y allí aparece el cambio central: dejar de preguntarse permanentemente qué se está perdiendo para empezar a prestar atención a aquello que se eligió hacer.

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