Un moderno análisis de un famoso fósil hallado en 1990, que se creía perteneciente a uno de los primeros reptiles del mundo, reveló un estilo de vida acuático, haciendo replantear la teoría sobre la transición de los amniotas a la vida terrestre.

Un fósil de hace 345 millones de años, considerado durante décadas una de las evidencias más antiguas de los primeros vertebrados que salieron a tierra firme, resultó ser muy diferente, según un reciente estudio del Museo Estadounidense de Historia Natural, la Universidad de Oxford y el Centro Europeo de Radiación Sincrotrón de Grenoble (Francia) divulgado en Phys.org.
Este esqueleto del llamado ‘Westlothiana lizziae’, o simplemente Lizzie, fue descubierto en Escocia en 1990 y parecía contener inconfundibles señales de vida terrestre. Debido a sus extremidades parecidas a las de un lagarto, durante mucho tiempo se le consideró uno de los primeros amniotas, grupo que incluye a los reptiles, las aves y distintos mamíferos modernos. Se suponía que este animal ya estaba bien adaptado a la vida terrestre y que podría haber estado cerca del linaje evolutivo que finalmente dio origen a los vertebrados modernos.
El problema es que el fósil de Lizzie se hallaba incrustado en dos bloques de roca de tal manera que gran parte de su anatomía permanecía oculta dentro de la piedra.
Una imagen completamente diferente
En el nuevo estudio, publicado en la revista Nature, se utilizó el escaneo de rayos X para observar a través de la roca y reconstruir estructuras anatómicas que no se podían ver desde la superficie del fósil.
El modelo 3D resultante reveló detalles ocultos del cráneo que cambiaron por completo nuestra comprensión del animal.
Los escaneos revelaron un cráneo inusual para un amniota terrestre: una boca parecida a la de un pez, con numerosos dientes diminutos, más adecuada para la caza acuática, característica que descarta la posibilidad de que ‘Westlothiana’ fuera un ancestro de los reptiles. Pero la mayor sorpresa fueron las branquias internas. Este hallazgo indica que obtenía oxígeno del agua con regularidad, por lo que llevaba un estilo de vida acuático o, como mínimo, anfibio, pero no terrestre.
Qué implica este descubrimiendo en la evolución
“Los rasgos sorprendentemente primitivos del cráneo nos muestran que Lizzie no solo no era un reptil, sino que pertenecía a un linaje mucho más antiguo”, comentó Ben Igielman, coautor principal del estudio.
Los investigadores concluyeron que los rasgos anatómicos de ‘Westlothiana’ que antes se consideraban exclusivos de los amniotas adaptados a la tierra, incluidas sus garras y cinco dedos en manos y pies (característica que se encuentra en mamíferos y reptiles), ya habían evolucionado en miembros anteriores y más acuáticos del linaje ancestral de los tetrápodos, el grupo más grande de los animales de cuatro extremidades, que incluye a los amniotas y los anfibios.

