Cada vez es más frecuente el consumo de fármacos para la disfunción eréctil por parte de varones de entre 20 y 30 años. Como también crecen las consultas a sexólogos y psicólogos ya que el estrés, la inseguridad y los miedos son muchas veces los verdaderos causantes que desencadenan en esa tendencia. “Es tema recurrente de consulta. Trabajamos con las creencias en relación con la sexualidad, a cómo tiene que darse un encuentro sexual, incluso al lugar de la masculinidad en la sociedad”, sostuvo la especialista.

De la Redacción de EL NORTE
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De acuerdo con datos recolectados por la periodista Luciana Peker en su libro Sexteame, en 2019 pasado había en nuestro país 1,5 millones de hombres que consumían fármacos para la disfunción eréctil: “El 30% de esos consumidores son menores de 21 años”, explica en el libro. Situación que se profundizó durante la pandemia, especialmente en los tiempos de cuarentena.
Es que el consumo de fármacos como el sildenafil y tadalafilo, sucedáneos del viagra, se fue instalando cada vez más en los hombres jóvenes, más que por causas médicas, por moda o espontaneidad que muchas veces encubren cuestiones psicológicas, emocionales y/o culturales. Y aunque requieren prescripción médica, generalmente logran acceder a ellos.
Situación ante la cual surge el interrogante sobre si necesitan esos varones que apenas van por su tercera década de vida una píldora para estimular su vida sexual. “Dejando de lado los casos crónicos, se puede observar a modo general que quizás ante algún episodio aislado de disfunción eréctil o simplemente por querer estar siempre preparado para una relación sexual, acudan a lo que sería una ‘solución más rápida’ como es el consumo de viagra. También puede estar muy asociado a la ansiedad de rendimiento”, sostuvo la nicoleña Nadia Moreno, psicóloga y sexóloga que se desempeña tanto en su consultorio particular como en Filopolis, Centro Interdisciplinario de Psicoterapias, Sexualidades y Salud Integral de la vecina ciudad de Rosario.
Sexualidad y creencias
“La disfunción eréctil es tema recurrente de consulta, es algo que estamos trabajando mucho desde la educación sexual en adultos. Trabajamos con las creencias en relación con la sexualidad, a cómo tiene que darse un encuentro sexual, incluso al lugar de la masculinidad en la sociedad. Qué debería hacer un varón, o cómo debería estar preparado un varón para… eso genera un montón de peso y exigencias a nivel personal en el momento de un encuentro. Toda esa carga social que a veces se le pone a la situación genera la presión de tener que estar rindiendo, ser el mejor. Todo eso se trabaja mucho en consultorio y en la clínica, así como en charlas y talleres. Si bien es algo cultural que todavía sigue circulando, después está en cada uno lo que puede hacer con ello; porque hay una educación familiar y crianza desde el género, en este caso masculino, donde puede haber ese tipo de presiones”, explicó la especialista.
Quien sostuvo que hay personas de todas las edades que consultan por situaciones diversas que no llegan a ser un trastorno, pero “lo importante es que se pueden dar charlas o consultorías de educación sexual para empezar a cuestionar un poquito estas creencias que aparecen tan instaladas, y eso alivia, cuando empezás a pensar la sexualidad más allá de la penetración, del coitocentrismo como le decimos nosotros, cuando en realidad hay otras estimulaciones posibles”.
Abordaje interdisciplinario
En ese sentido, la inseguridad y la ansiedad suelen ser las causales para tomar la decisión de optar por el consumo de viagra a edades tempranas. Sobre lo que Moreno advirtió: “Cuando hablamos de una medicación es muy importante que haya una interconsulta médica con un urólogo para saber qué dosis es recomendable, si es necesario o no, porque a veces hay una cuestión que tiene más que ver con la ansiedad o con lo psicológico, y en otros casos puede haber una cuestión orgánica. No es de la nada. Pero si eso no se acompaña con una terapia sexual, que implica distintas técnicas, ejercicios y abordar las creencias que te mencionaba, es muy difícil que se resuelva solo con una medicación. Hablamos de algo tan complejo como puede ser una alteración a la respuesta sexual, que tiene que ser abordada de ese modo”.
“Muchas veces si una persona toma algo para que sea algo rápido, si tiene efecto y después no, eso también genera otra frustración que hay que trabajar. Entonces, cuando hay una disfunción diagnosticada es necesario trabajarlo con una terapia sexual; en cambio cuando se trata de episodios aislados, puede haber una situación emocional, mucho estrés o simplemente la ansiedad de rendimiento”, señaló.
Y remarcó: “El cerebro es nuestro órgano sexual más importante y somos un todo, no somos solamente los genitales. Cuando estamos en un momento erótico, es importante que nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestras emociones estén conectados ahí, porque si no, empiezan a haber interferencias, estamos más mediados por el miedo o la ansiedad en vez de conectarnos con el placer. Y es donde se interrumpe”.

