Un estudio reveló que el cerebro de los perros se redujo un 46% durante el Neolítico

La investigación paleoneurológica comparó lobos, perros actuales y restos prehistóricos. El trabajo reveló que los perros domésticos redujeron su volumen endocraneal un 46% respecto de los lobos, pero ese cambio no habría ocurrido al inicio de la domesticación.

Un nuevo estudio paleoneurológico reveló que la reducción del tamaño cerebral en los perros domésticos no se produjo de manera gradual desde el inicio de su vínculo con los humanos. Según la investigación, el cambio habría ocurrido de forma abrupta durante el Neolítico Tardío, hace unos 5.000 años.

El trabajo, publicado en la revista Royal Society Open Science, analizó especímenes fósiles y modernos de Europa Occidental y Australia. Los investigadores utilizaron el volumen endocraneal como referencia para reconstruir la evolución del cerebro en el linaje lobo-perro.

Para la investigación, el equipo examinó 185 lobos y perros actuales, junto con 22 restos prehistóricos. La muestra abarcó un amplio período temporal, desde el Pleniglacial, hace 35.000 años, hasta el Neolítico Tardío, hace 5.000 años.

Los resultados mostraron que los llamados “protoperros” del Pleistoceno no presentaban una reducción cerebral respecto de los lobos contemporáneos. En cambio, los perros del Neolítico Tardío exhibieron una disminución del 46% en el volumen endocraneal, similar al de razas modernas pequeñas como los terrier y toy.

Dos etapas en la evolución del perro doméstico

El estudio distingue dos momentos evolutivos claros en la relación entre lobos, protoperros y perros domésticos. En una primera etapa, los ejemplares prehistóricos del Pleistoceno no mostraron diferencias cerebrales significativas frente a los lobos de su misma época.

La segunda etapa aparece durante el Neolítico Tardío. Allí, los perros domésticos evidencian una reducción marcada del volumen endocraneal, lo que indica un cambio anatómico brusco dentro del proceso de domesticación.

Los investigadores llegaron a estas conclusiones mediante modelos digitales y mediciones volumétricas sobre cráneos fósiles y actuales. Las comparaciones se realizaron con materiales procedentes de Europa Occidental y Australia, lo que permitió ampliar la representatividad espacial y temporal de la muestra.

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Uno de los hallazgos más relevantes corresponde al protoperro de Goyet, descubierto en una cueva de Bélgica y datado en 35.000 años de antigüedad. Ese ejemplar presenta un volumen endocraneal relativo apenas mayor que el de los lobos pleistocénicos.

Según los autores, esa característica podría estar relacionada con una mayor flexibilidad conductual. Esa capacidad habría facilitado la convivencia y la cooperación con los primeros grupos humanos que habitaron la región.

La domesticación no redujo la inteligencia del perro

La investigación también matiza una idea extendida sobre la domesticación. La evidencia sugiere que la cercanía con los humanos no implicó, en sus primeras etapas, una pérdida de capacidad cerebral. Por el contrario, pudo haber favorecido nuevas habilidades cognitivas adaptativas.

“La forma en que viven nuestros perros hoy en día no les da la oportunidad de expresar siempre la mayor parte de su inteligencia -dijo el doctor Thomas Cucchi, primer autor del estudio del Centro Nacional Francés de Investigación Científica-. Pero son extremadamente inteligentes y la domesticación no los volvió estúpidos, sino que los hizo realmente capaces de entendernos y comunicarse con nosotros”.

A diferencia de los protoperros, los perros del Neolítico Tardío sí muestran un descenso abrupto del volumen endocraneal. Para los autores, esa reducción podría estar vinculada con una reorganización de funciones cerebrales, más que con una simple pérdida de capacidades.

El equipo plantea que esta transformación anatómica pudo favorecer un temperamento más ansioso y cauteloso. Esa conducta habría sido útil en los contextos sociales neolíticos, donde los perros podían cumplir roles de alerta dentro de las comunidades humanas.

Una posible adaptación a la vida junto a las aldeas

Los investigadores advierten que todavía no está completamente claro por qué la domesticación derivó en perros con cuerpos y cerebros más pequeños que los de sus antepasados similares a los lobos. Sin embargo, el estudio propone algunas hipótesis.

Una posibilidad es que la reducción cerebral haya estado acompañada por una reorganización interna del cerebro. Esa modificación pudo haber influido en comportamientos vinculados con la cautela, la sensibilidad ante cambios del entorno y la capacidad de advertir riesgos.

Otra hipótesis apunta al contexto de las aldeas neolíticas. La disponibilidad limitada de alimentos pudo haber favorecido a perros de menor tamaño, con cerebros también más pequeños, ya que requerían menos energía para sobrevivir.

“No está claro por qué la domesticación dio como resultado perros con cuerpos y cerebros más pequeños que sus antepasados parecidos a los lobos -sostuvo-. Sin embargo, algunas investigaciones sugieren que cuando se reduce el tamaño del cerebro, este se reorganiza, lo que significa que los perros más pequeños son menos fáciles de entrenar y más recelosos de los cambios en su entorno, lo que los hace potencialmente útiles como sistemas de alarma. Pero también podría deberse a que la escasez de alimentos en el entorno de las aldeas neolíticas favorecía a los perros más pequeños con cerebros más pequeños, ya que estos requieren menos energía.”

El estudio abre una nueva línea de análisis sobre la domesticación del perro. También muestra que el vínculo con los humanos no produjo un cambio simple ni uniforme, sino una transformación compleja, marcada por distintas etapas evolutivas, adaptaciones conductuales y nuevos roles dentro de las comunidades humanas.

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