Rinoplastia: por qué la nariz es mucho más que estética

La cirugía de nariz, entre la apariencia y la salud respiratoria

Cirujano realizando una rinoplastia funcional en un consultorio

NewsITe

En la Argentina, como en gran parte del mundo, la rinoplastia suele asociarse casi exclusivamente a un cambio en la apariencia. Sin embargo, especialistas en Otorrinolaringología advierten que, detrás de una consulta por una giba ósea, una punta caída o una asimetría, muchas veces se esconden trastornos respiratorios que afectan la calidad de vida desde hace años.

Dormir con la boca abierta, roncar con frecuencia, sentir que ingresa poco aire por la nariz o notar que un lado “funciona peor” que el otro son señales que no deberían pasarse por alto. La nariz filtra, humedece y templa el aire antes de que llegue a los pulmones; cuando este proceso falla, el impacto no es solo estético, sino también funcional y puede repercutir en el descanso, el rendimiento diario e incluso en otros órganos cercanos.

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“La nariz no debe pensarse solo desde la forma. Es una estructura estética, pero también funcional, y ambas dimensiones están completamente relacionadas”, explicó la médica otorrinolaringóloga Ana Cofré (M.N. 117.124 – M.P.R.N. 8.815), directora del Centro Patagónico de Otorrinolaringología, en declaraciones a la Agencia Noticias Argentinas.

Desvíos de tabique, ronquidos y otros signos que pasan desapercibidos

De acuerdo con la especialista, el síntoma más habitual del tabique desviado es la dificultad para ventilar correctamente por la nariz. Una obstrucción importante puede agravar los trastornos del sueño: obliga a respirar por la boca, favorece los ronquidos y, en algunos casos, empeora cuadros como la apnea obstructiva del sueño.

Muchos pacientes conviven con algún grado de desviación septal —el desplazamiento de la pared ósea y cartilaginosa que separa las fosas nasales— sin saberlo. A esto se le pueden sumar otras alteraciones internas, como hipertrofia de cornetes, colapso de la válvula nasal, pólipos o sinusitis crónica. En la práctica, una persona puede consultar solo para mejorar su perfil y, al ser examinada, descubrir que también requiere corregir problemas funcionales.

Los especialistas insisten en que cualquier intervención que modifique la estructura de la nariz puede repercutir en el interior de las fosas nasales. Por eso, una rinoplastia planeada únicamente con criterios estéticos corre el riesgo de generar o agravar la obstrucción respiratoria, con consecuencias a mediano y largo plazo.

Evaluación integral: el nuevo enfoque en rinoplastia

La tendencia actual en cirugía nasal apunta a entender la nariz como una unidad en la que forma y función son inseparables. Ya no se trata de elegir entre salud o estética, sino de diseñar una estrategia quirúrgica que contemple ambos aspectos en simultáneo.

  • Historia clínica detallada, con énfasis en síntomas respiratorios y calidad del sueño.
  • Examen físico y endoscopia nasal para evaluar tabique, cornetes y válvulas.
  • Estudios por imágenes, como tomografía, en casos seleccionados.
  • Plan quirúrgico que combine corrección funcional y modificación estética.

Este abordaje integral se ve respaldado por la evidencia científica reciente. Una revisión sistemática publicada en 2024 concluyó que la rinoplastia funcional puede mejorar de forma significativa la calidad de vida de los pacientes. Otra revisión, también de 2024, observó que la cirugía nasal en adultos con apnea obstructiva del sueño ayuda a mejorar parámetros subjetivos como la calidad del descanso, la somnolencia y la tolerancia al uso de CPAP, aunque no sustituye al tratamiento principal de la apnea.

Tecnología, precisión y límites de la innovación

En los últimos años ganó protagonismo la rinoplastia ultrasónica, una técnica que permite trabajar con mayor precisión sobre el hueso y reducir el daño en los tejidos vecinos. En muchos casos, esto se traduce en menos inflamación, menos hematomas y un postoperatorio más llevadero para el paciente.

No obstante, los especialistas remarcan que la tecnología no reemplaza al diagnóstico. “La tecnología puede aportar precisión, pero lo decisivo sigue siendo el diagnóstico. Antes de pensar en cómo se va a operar, hay que determinar qué necesita realmente ese paciente”, subrayó Cofré.

La prioridad, coinciden los profesionales, es evitar que una nariz quede armoniosa por fuera pero funcione peor por dentro: el objetivo es que se vea bien y, sobre todo, que permita respirar mejor.

En un contexto en el que la rinoplastia se mantiene entre las cirugías estéticas más realizadas del mundo —con alrededor de un millón de procedimientos por año, según la International Society of Aesthetic Plastic Surgery—, el llamado de atención de los otorrinolaringólogos es claro: antes de decidir un cambio de perfil, es fundamental consultar con especialistas y evaluar la salud respiratoria. La nariz ocupa el centro de la cara, pero también es clave para una función vital: cómo respiramos cada día.

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