Quién es Roberto Sánchez, el candidato que desafía a Fujimori

Un psicólogo andino que busca completar el proyecto de Castillo

Roberto Sánchez durante un acto de campaña en Perú

Roberto Sánchez, psicólogo de 57 años, exseminarista e hijo de migrantes andinos, se convirtió en uno de los protagonistas centrales de la política peruana al llegar al balotaje presidencial del 7 de junio. Respaldado por el expresidente Pedro Castillo, condenado a 11 años de prisión por intentar disolver el Congreso, el candidato se presenta como el encargado de continuar el proyecto que su mentor no logró consolidar.

Con un sombrero campesino de ala ancha como marca registrada, Sánchez enfrenta a la derechista Keiko Fujimori, heredera del fujimorismo y figura recurrente en las disputas por el poder en Perú. Su campaña se apoya especialmente en las regiones rurales y empobrecidas del sur andino, el mismo bastión que en 2021 le dio la victoria a Castillo.

Nacido el 3 de febrero de 1969 en Huaral, una provincia agrícola ubicada a unos 75 kilómetros al norte de Lima, Sánchez se crio en el seno de una familia de origen andino. De joven pensó en seguir la vida religiosa y pasó dos años en un seminario católico en la capital peruana, pero finalmente volcó su vocación hacia lo social y la política. Estudió psicología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la casa de estudios más antigua y prestigiosa del país.

Del municipalismo al Congreso y el vínculo con Castillo

Antes de ganar proyección nacional, Sánchez desarrolló una carrera en la gestión local: se desempeñó como gerente en las municipalidades de Huaura, Huaral y San Borja. Su recorrido partidario comenzó en el Partido Humanista, fundado por el exministro Yehude Simón. Tras el impacto del caso Odebrecht sobre Simón, Sánchez tomó el control del espacio, lo rebautizó como Juntos por el Perú y lo reconfiguró a su imagen, una decisión que su antiguo líder calificó de “traición”.

La llegada de Pedro Castillo a la presidencia en 2021 reordenó el mapa. Aunque provenían de tradiciones políticas distintas, Sánchez logró ganarse la confianza del maestro rural y sindicalista cajamarquino. Fue designado ministro de Comercio Exterior y Turismo y se mantuvo en ese cargo durante todo el mandato de Castillo, un hecho inusual en un gabinete marcado por la inestabilidad.

Cuando Castillo intentó un autogolpe en diciembre de 2022 y anunció la disolución del Congreso, Sánchez renunció a su puesto. De regreso pleno a la labor parlamentaria, se abstuvo en la votación que destituyó al entonces presidente. Pese a ese distanciamiento coyuntural, el vínculo político se recompuso: el expresidente lo eligió como su candidato para la nueva contienda electoral y promovió la incorporación de familiares directos a las listas de Juntos por el Perú.

Un giro moderado en campaña y un “programa de consenso”

En la primera vuelta de abril, Sánchez arrancó quinto en las encuestas entre 35 postulantes, pero terminó entrando al balotaje, impulsado por el voto del interior profundo. Poco después, la Fiscalía reactivó una causa en su contra por presunta falsedad en la declaración de aportes de campaña entre 2018 y 2020, expediente que sigue pendiente y que podría condicionar su futuro político.

En los últimos días de campaña, el candidato protagonizó un giro estratégico. Tras el debate con Keiko Fujimori, presentó un nuevo plan de gobierno de 114 páginas, elaborado junto a cuatro agrupaciones aliadas y denominado “programa de consenso”. Ese documento reemplazó al que había sido registrado originalmente ante el Jurado Nacional de Elecciones.

  • La Asamblea Constituyente, antes eje central de su propuesta, pasó a ser un elemento más dentro de una reforma democrática más amplia.
  • La Constitución de 1993, antes cuestionada como ilegítima, ahora sería objeto de una “reforma de consenso” sometida a consulta popular.

El viraje busca ampliar su llegada a los sectores urbanos y a un electorado moderado, sin romper del todo con las banderas históricas de la izquierda peruana. Sánchez no renuncia a la posibilidad de una Constituyente, pero la desplaza en el orden de prioridades y la integra a un paquete de cambios institucionales.

Economía, seguridad y alianzas controvertidas

En materia económica, el postulante plantea reforzar la presencia del Estado, redistribuir recursos y renegociar contratos de explotación de recursos naturales, incluido el principal yacimiento de gas del país. También propone revisar los acuerdos con empresas mineras chinas para incorporar transferencia de tecnología y, al mismo tiempo, acercar a Perú a bloques como BRICS y Mercosur, sin abandonar los tratados de libre comercio ni la autonomía del Banco Central.

En seguridad, el área que más preocupa al electorado, promete derogar leyes que —según sostiene— facilitan el accionar delictivo, crear una Policía de Investigaciones especializada contra la extorsión y frenar la escalada de asesinatos. Además, incluye entre sus prioridades un aumento salarial para unos 400.000 docentes y más de 100.000 policías, con el objetivo de mejorar la calidad educativa y reforzar las fuerzas de seguridad.

“Yo vengo de abajo”, repite Sánchez, subrayando su origen andino y su identificación con los sectores rurales que lo respaldan masivamente.

Sin embargo, arrastra un flanco polémico: su alianza con Antauro Humala, militar retirado que lidera el movimiento etnocacerista, defensor de una ideología de supremacía de la raza andina. Humala estuvo 17 años preso por el Andahuaylazo, una sublevación en 2005 que dejó cinco policías muertos, y propone medidas extremas, como fusilar a expresidentes condenados por corrupción o recuperar militarmente territorios perdidos ante Chile en el siglo XIX. Sánchez asegura no compartir esas posturas, pero convive con el costo político de esa sociedad.

Casado y padre de dos hijas, a quienes mantiene alejadas de la exposición pública, el candidato se define como socialcristiano, “hombre de fe”, provida y profamilia. Esa identidad, sumada a su discurso de raíz campesina y a su intento de moderación programática, buscará convencer a un electorado fragmentado y cansado de la crisis política crónica que atraviesa Perú.

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