Qué es el infarto agudo que sufrió Fernando Gago

Qué es el infarto agudo de miocardio que afectó a Fernando Gago

El reciente cuadro de salud que padeció el entrenador Fernando Gago volvió a poner en agenda una de las principales emergencias médicas: el infarto agudo de miocardio (IAM). Se trata de la expresión más grave de la cardiopatía isquémica y requiere atención inmediata, ya que cada minuto que pasa sin tratamiento aumenta el daño en el músculo cardíaco.

El infarto se produce cuando una arteria coronaria se obstruye de forma súbita, generalmente por la rotura de una placa de grasa (ateroma) en la pared del vaso. Esa rotura genera un coágulo que bloquea el flujo de sangre hacia una parte del corazón. Sin oxígeno ni nutrientes, las células del miocardio comienzan a dañarse de manera irreversible.

La causa más frecuente de esta obstrucción es la aterosclerosis, un proceso crónico en el que se acumulan grasas, colesterol y otras sustancias en las arterias. En ocasiones menos habituales, el infarto puede deberse a inflamación de las arterias, infecciones, traumatismos o consumo de drogas estimulantes como la cocaína.

Síntomas de alarma y factores de riesgo

El síntoma clásico del infarto agudo de miocardio es un dolor intenso en el pecho, con sensación de opresión o «peso», que suele ubicarse detrás del esternón. Ese dolor puede irradiarse hacia el brazo izquierdo, el cuello, la mandíbula, la espalda o la zona alta del abdomen y suele durar más de 20 minutos.

Este cuadro puede acompañarse de dificultad para respirar, sudoración fría, náuseas, vómitos o mareos. En mujeres, personas mayores y pacientes con diabetes, los síntomas pueden ser más atípicos o discretos, lo que aumenta el riesgo de que el infarto pase inadvertido o se consulte tarde.

  • Tabaquismo activo o exposición prolongada al humo de tabaco.
  • Colesterol elevado y alteraciones hereditarias de las grasas en sangre.
  • Hipertensión arterial mal controlada.
  • Diabetes o prediabetes.
  • Antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular precoz.
  • Consumo de drogas estimulantes, especialmente cocaína.

Cómo se diagnostica y se trata un infarto

Ante la sospecha de infarto, el paso clave es acudir de inmediato a un servicio de urgencias. El diagnóstico inicial se basa en un electrocardiograma (ECG) urgente, que permite detectar alteraciones en la actividad eléctrica del corazón, y en análisis de sangre para medir biomarcadores como las troponinas, proteínas que se liberan cuando el músculo cardíaco sufre daño.

El ecocardiograma se suma como herramienta para evaluar cómo se contraen las paredes del corazón e identificar zonas que han quedado debilitadas tras el episodio. Con estos estudios, el equipo médico define la estrategia terapéutica más adecuada para cada paciente.

Cuando una arteria coronaria está completamente bloqueada, el tratamiento de elección es la angioplastia coronaria de urgencia. Mediante un catéter que se introduce por una arteria del brazo o la pierna, se llega hasta la zona obstruida, se abre el vaso con un pequeño balón y se coloca, en la mayoría de los casos, un stent para mantener la arteria abierta. Si este procedimiento no puede realizarse de inmediato, se administran fármacos fibrinolíticos, capaces de disolver el coágulo, y luego se realiza un cateterismo para evaluar el resultado.

En situaciones particulares, puede ser necesaria una cirugía de bypass coronario. Incluso cuando la obstrucción es parcial y no hay un bloqueo completo, el riesgo sigue siendo elevado y suele requerir internación, control estricto y, en muchos casos, estudios invasivos tempranos para prevenir complicaciones.

Rehabilitación cardíaca y cambios de hábitos

Superada la fase aguda, comienza una etapa clave: la rehabilitación y la prevención de nuevos eventos. Las y los especialistas coinciden en que el tratamiento farmacológico debe complementarse con cambios profundos en el estilo de vida.

  • Dejar de fumar de manera definitiva, medida considerada la más importante tras un infarto.
  • Adoptar un patrón de alimentación tipo mediterránea, con alto consumo de frutas, verduras, legumbres, pescado, aceite de oliva y baja ingesta de alimentos ultraprocesados.
  • Controlar el peso corporal y la presión arterial.
  • Realizar actividad física regular, como caminar, nadar o andar en bicicleta al menos 30 minutos por día, cinco veces por semana, siempre bajo indicación médica.
  • Participar, cuando sea posible, en programas de rehabilitación cardíaca supervisados por equipos interdisciplinarios.

Ante cualquier dolor de pecho intenso y persistente, acompañado o no de falta de aire o sudoración fría, se recomienda llamar de inmediato al servicio de emergencias y no automedicarse ni esperar a que el síntoma «pase solo».

La experiencia de figuras públicas como Fernando Gago ayuda a visibilizar la importancia de reconocer a tiempo los síntomas del infarto agudo de miocardio y consultar de urgencia. Con diagnóstico precoz, tratamiento oportuno y cambios sostenidos en los hábitos, muchas personas pueden recuperar una vida activa y reducir de manera considerable el riesgo de nuevos eventos cardíacos.

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