Alarma en Córdoba por el avance del suicidio entre jóvenes adultos

NewsITe
Un reciente estudio sobre la realidad sanitaria de la ciudad de Córdoba encendió una fuerte señal de alarma: el suicidio dejó de concentrarse principalmente en personas mayores de 60 años y pasó a afectar, con mayor frecuencia, a jóvenes adultos de entre 21 y 30 años. El cambio de perfil etario preocupa a especialistas y autoridades, que advierten sobre un cuadro atravesado por la incertidumbre económica, la falta de perspectivas y el avance del consumo problemático de sustancias.
De acuerdo con la investigación, que toma como referencia el período posterior a 2010 y lo compara con los años 2005-2010, se registra un corrimiento marcado del grupo predominante de víctimas: antes eran, mayormente, adultos mayores; hoy, la franja que más preocupa es la de los adultos jóvenes, en pleno inicio de su vida laboral y de proyectos personales.
El informe señala como factores centrales de riesgo las “situaciones de desesperanza por futuro incierto, desafíos como el desempleo y problemas por consumos de sustancias que han ido en aumento en los últimos años”. En ese contexto, la combinación de dificultades económicas, precariedad laboral y falta de contención termina potenciando cuadros previos de depresión u otros trastornos mentales.
Consumo de alcohol y cocaína, factores clave
Los datos del estudio muestran que el 60% de las personas fallecidas por suicidio presentó toxicología positiva. Entre las sustancias más detectadas se destacan el alcohol, presente en el 42% de los casos analizados, y la cocaína, con un 21,7%. La prevalencia de estas sustancias se observa con mayor fuerza en hombres jóvenes, en la franja que va de los 16 a los 30 años.
Los especialistas advierten que el consumo problemático de alcohol y drogas, sumado a la drogodependencia, se configura como un factor de riesgo determinante cuando se combina con antecedentes de depresión u otros trastornos psiquiátricos. Esta interacción aumenta la impulsividad, empeora la percepción de la realidad y reduce la capacidad de pedir ayuda a tiempo.
- 60% de los casos con toxicología positiva.
- 42% con presencia de alcohol en sangre.
- 21,7% con detección de cocaína.
- Mayor impacto en varones jóvenes de 16 a 30 años.
El informe detalla, además, que el antecedente de depresión es el rasgo más frecuente en el perfil de las personas fallecidas por suicidio. En segundo lugar aparecen la drogadicción y el alcoholismo, y luego otras patologías psiquiátricas. A diferencia de lo que en un primer momento se supuso, los investigadores no encontraron una relación directa entre la pandemia de COVID-19 y el incremento de conductas suicidas en la población cordobesa.
Redes de contención y líneas de ayuda disponibles
Frente a este panorama, profesionales de la salud mental insisten en la importancia de detectar a tiempo las señales de alarma: cambios bruscos de comportamiento, aislamiento social, verbalizaciones sobre la muerte o la falta de sentido de la vida, consumo excesivo de alcohol o drogas y abandono de actividades cotidianas, entre otras.
Ante cualquier indicio de riesgo, especialistas recomiendan no minimizar la situación, ofrecer escucha activa y acompañar la búsqueda de ayuda profesional en el sistema de salud o en organizaciones especializadas.
En la Argentina existen servicios de atención telefónica y líneas gratuitas destinadas a la asistencia en situaciones de crisis emocionales o riesgo de suicidio. Entre ellas se encuentran:
- 135 – Línea de asistencia al suicida (CABA y Gran Buenos Aires).
- 107 – Urgencias SAME.
- 0800-333-1665 – Salud Mental Responde (CABA).
Si una persona del entorno manifiesta ideas suicidas, realiza amenazas o presenta conductas autolesivas, es clave no dejarla sola, retirar elementos de riesgo del alcance y contactar de inmediato a los servicios de emergencia o a las líneas de ayuda. La intervención temprana y la contención adecuada pueden marcar la diferencia y evitar desenlaces fatales.

