La referente de los derechos humanos falleció este jueves 5 de noviembre en La Plata, a los 90 años. Fue una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo y tuvo un papel fundamental en la restitución de identidad de su nieta, Paula Eva Logares, en 1984, el primer caso resuelto mediante pruebas genéticas en la Argentina. Su hija y su yerno continúan desaparecidos.

Elsa Pavón, una de las referentes históricas de la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia en la Argentina, murió este jueves 5 de noviembre a los 90 años. Su historia quedó ligada para siempre a la búsqueda de los niños y niñas apropiados durante la última dictadura cívico-militar y a uno de los hitos más importantes de Abuelas de Plaza de Mayo: la restitución de identidad de su nieta, Paula Eva Logares.
La noticia fue confirmada en La Plata por personas cercanas a la histórica militante de derechos humanos. Pavón fue una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo y también tuvo una participación central en la creación de la Asociación Anahí, junto a María Isabel Chorobik de Mariani, conocida como Chicha Mariani.
Su recorrido estuvo marcado por una tragedia familiar que transformó en una lucha colectiva. En mayo de 1978, su hija Mónica Sofía Grinspon, su yerno Ernesto Claudio Logares y su pequeña nieta Paula fueron secuestrados en Montevideo, Uruguay, donde residían después de escapar de la persecución política en la Argentina.
En ese momento, Paula tenía apenas 23 meses. Su madre estaba embarazada y, desde entonces, tanto Mónica como Ernesto permanecen desaparecidos. También continúa la búsqueda del hijo o hija que la pareja esperaba y que debió nacer durante el cautiverio.
A partir de aquel secuestro, Elsa comenzó una búsqueda que la llevó a recorrer distintos organismos, juzgados y dependencias, primero en Uruguay y luego en la Argentina. En La Plata conoció a otras mujeres que atravesaban situaciones similares y se sumó a la organización que daría origen a Abuelas de Plaza de Mayo.
Una búsqueda que hizo historia
La desaparición de su familia ocurrió el 18 de mayo de 1978. Los tres fueron interceptados en la vía pública, en Montevideo, y trasladados posteriormente a centros clandestinos de detención en territorio argentino. Paula fue apropiada por un subcomisario de la Policía Bonaerense, Rubén Lavallén, y su esposa, quienes la inscribieron como hija propia.
La búsqueda de Elsa permitió reconstruir parte de lo ocurrido y avanzar en la identificación de la niña. En 1983, Abuelas de Plaza de Mayo logró localizarla y, al año siguiente, los estudios genéticos confirmaron que se trataba de Paula Eva Logares, su nieta.
El caso marcó un precedente fundamental en la historia judicial argentina: fue la primera restitución de identidad en la que se utilizaron análisis genéticos como prueba de filiación. Los resultados permitieron establecer el vínculo biológico mediante el denominado índice de abuelidad, una herramienta científica que posteriormente sería clave para la identificación de cientos de nietos y nietas.
El 13 de diciembre de 1984, Paula recuperó oficialmente su identidad y volvió con su familia biológica. Tenía ocho años y había pasado más de seis años separada de sus padres y de su verdadera historia. Fue también un momento histórico para Abuelas de Plaza de Mayo, que encontró en ese caso una prueba concreta del valor de la búsqueda y de la genética para recuperar identidades.
Pero para Elsa la búsqueda nunca terminó. Aunque pudo reencontrarse con su nieta, siguió reclamando por el paradero de Mónica y Ernesto y por el hermano o hermana de Paula, que debió nacer durante el cautiverio de su madre.
Además de su trabajo en Abuelas, Pavón tuvo un papel destacado en la Asociación Anahí, organización fundada en 1996 junto a Chicha Mariani y otras referentes de derechos humanos. La entidad continúa trabajando por la defensa del derecho a la identidad, la preservación de la memoria y la búsqueda de los hijos e hijas de personas desaparecidas.
Su historia representa una parte fundamental de la lucha de las Abuelas, mujeres que transformaron el dolor por la desaparición de sus familias en una búsqueda colectiva que atravesó generaciones. La muerte de Elsa Pavón deja el legado de una vida dedicada a encontrar la verdad y recuperar identidades, con una búsqueda que, incluso después de haber abrazado a su nieta, nunca abandonó.

