La producción fabril muestra un respiro tras meses en caída

NewsITe
La industria argentina registró en marzo un leve avance interanual de 0,7% y consiguió así poner fin a una racha de ocho meses consecutivos de caída, de acuerdo con el Índice de Producción Industrial de Orlando J. Ferreres & Asociados (IPI-OJF). El dato llega luego del desplome de -8,7% anotado en febrero, el peor desempeño para ese mes desde 2016.
En términos desestacionalizados, la actividad fabril mostró una mejora mensual de 0,8%, lo que permitió atenuar parcialmente el resultado del primer trimestre de 2026, que cerró con una baja acumulada de -3,1% interanual. Pese al dato positivo de marzo, los analistas recomiendan cautela y advierten que aún no puede hablarse de un cambio de tendencia claro.
El exministro de Economía Orlando Ferreres subrayó que el contexto regional y local todavía presenta desafíos: Brasil exhibe una desaceleración de su economía, la construcción continúa por debajo de los niveles previos y los ingresos familiares limitan una recuperación rápida del consumo interno. En este marco, la industria opera con una utilización de la capacidad instalada que en enero se ubicó por debajo del 54%.
Los sectores que impulsaron el leve repunte
El rebote de marzo estuvo sostenido por un puñado de sectores que lograron mejorar su desempeño. Entre ellos se destacaron:
- Minerales no metálicos: crecieron 7,3%, motorizados por un aumento en los despachos de cemento portland, clave para la construcción.
- Refinerías: registraron una suba del 5%, aportando volumen desde el complejo energético.
- Tabaco: avanzó 4,4%, en un rubro históricamente volátil pero de peso en algunas regiones.
- Alimentos: mejoraron 3,2%, traccionados principalmente por la producción de aceites vinculados al complejo agroexportador.
- Farmacéuticos: crecieron 3,1%, sosteniendo la dinámica positiva que viene mostrando el sector en los últimos años.
Sin embargo, la mejora no fue generalizada. Las principales caídas se observaron en plásticos (-14,3%), maquinaria y equipo (-5,3%), metales básicos (-2%) y textil (-1,7%). En varios de estos rubros, el freno del consumo interno y la mayor competencia de productos importados explican buena parte del retroceso.
Tres trimestres en baja y un empleo fuertemente golpeado
Las cifras de Ferreres coinciden en líneas generales con el Índice de Producción Industrial que releva la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), que también detectó un alza en marzo, aunque levemente menor. Para este instituto, la industria acumula tres trimestres consecutivos de contracción y un retroceso de 2,3% en el primer trimestre de 2026 frente al mismo período de 2025.
De acuerdo con FIEL, la caída de la actividad continúa “muy difundida”, alcanzando al 60% de los sectores industriales. En paralelo, algunos complejos vinculados al agro, la energía y la minería encuentran oportunidades en cadenas de valor asociadas a la apertura económica, mientras otras ramas enfrentan fuertes presiones competitivas.
Desde Industriales Pymes Argentinos (IPA), su presidente Daniel Rosato alertó sobre una transición hacia un modelo más primarizado, que podría comprometer el desarrollo industrial de largo plazo y la competitividad de las fábricas locales. El Observatorio IPA apuntó contra un “efecto pinza” que quita margen a las empresas: los costos en pesos suben a gran velocidad mientras el tipo de cambio oficial se mantiene prácticamente estable, encareciendo en dólares la producción nacional.
“Los costos en pesos suben rápido mientras que el tipo de cambio casi no se mueve, lo que incrementa los precios en dólares de la producción nacional”, resumió el Observatorio IPA sobre el efecto pinza que presiona a la industria.
El deterioro del empleo refleja la profundidad de la crisis. Según el último informe de IPA, la industria explica el 97% de la destrucción de puestos de trabajo registrados en lo que va de 2026. Desde diciembre de 2023 se perdieron 79.672 empleos fabriles y se produjo el cierre definitivo de 2.993 empresas manufactureras, un proceso que configura un cambio estructural para el entramado productivo argentino.

