HOY, DÍA DE LA TRADICIÓN: UN HOMENAJE A JOSÉ HERNÁNDEZ Y A SU MÍTICO «MARTÍN FIERRO»

La celebración del Día de la Tradición se hizo oficial primero en provincia de Buenos Aires en 1939. La Ley Nacional N° 21.154 de 1975 consagró definitivamente aquella fecha conmemorativa de las tradiciones gauchas para todo el territorio argentino, en homenaje al escritor José Hernández, autor del poema «Martín Fierro».

Por José Alberto Petrucci*

Hoy, 10 de noviembre, se celebra el Día de la Tradición en homenaje al nacimiento de José Rafael Hernández, ocurrido el 10 de noviembre de 1834. Fue un poeta, político, periodista y militar argentino, especialmente conocido como el autor del «Martín Fierro», obra máxima de la literatura gauchesca. Falleció el 21 de octubre de 1886.

De acuerdo con una de tantas definiciones, tradición se puede considerar al conjunto de costumbres, modalidades, creencias, ideales, expresiones artísticas autóctonas y recuerdos de hechos gloriosos, que se trasmiten en el pueblo de generación en generación.

Por su amor a la libertad, a la patria y a la justicia, por su laboriosidad, hospitalidad y valor, el gaucho se ha convertido en la figura más recordada todos los años en el Día de la Tradición. Es el símbolo de la argentinidad.

El poema «Martín Fierro» ve la luz en 1872. Las descripciones de tipos y costumbres, pasiones, luchas y ambiciones son tan fieles y tan humanas que la obra puede considerarse como una radiografía del estado social argentino en los últimos cincuenta años del siglo XIX.

Martín Fierro, el protagonista, no es un gaucho matrero y asesino, como se pretendió en el juicio de algunos críticos. Hay que juzgarlo de acuerdo con la época, el ambiente y la sociedad de transformación en que vivió, y presintiendo seguramente el juicio adverso dice a modo de advertencia: “Y sepan cuantos me escuchan / de mis penas el relato / que nunca peleo ni mato / sino por necesidá / y que a tanta alversidá / solo me arrojó el mal trato”.

Porque eran muchos los desheredados que había en nuestras pampas en la segunda mitad del siglo XIX: el de Fierro no es un caso único, encarna prácticamente a todos los gauchos que vivieron en la época.

En las estrofas reúne Hernández todo el dolor del gaucho, soldado desconocido, héroe anónimo en las luchas por la independencia.

Y es a partir de la definitiva conquista del desierto cuando comienza a oscurecerse la estrella de nuestro gaucho, llámese Martín Fierro o como se quiera. Cuando se lo necesitó para pelear se lo arrojó a la lucha cruenta, pero al regresar todo había cambiado y nadie se compadeció de él ni de su suerte.

Comenzaron a extenderse las líneas férreas, el vapor hace sonar las sirenas de los primeros establecimientos industriales, el rancho de adobe, paja o caña deja lugar a las primeras casas y caserones, la pampa se llena de alambrados, el ganado ya no se puede bolear ni matar ni cuerear. Es el progreso, es la civilización que llega al país, pero en muy poco grado al gaucho pobre, que, como el simbolismo de Santos Vega, se le ve cruzar en noches oscuras sobre el llano, al paso cansino de su caballo criollo.

Por eso es justicia recordar permanentemente el Día de la Tradición, a 188 años del nacimiento de Hernández y a 150 años del nacimiento del poema. Con una clara premonición Fierro profetizaba: “Pues son mis dichas desdichas / las de todos mis hermanos / ellos guardarán ufanos / en su corazón mi historia. / Me tendrán en su memoria / para siempre mis paisanos”.

Y como un anhelo patriota en la unión de todos los hermanos argentinos, terminaba su poema con una brillante estrofa: “Mas naides se crea ofendido /  pues a ninguno incomodo / Y si canto de este modo / por encontrarlo oportuno / No es para mal de ninguno / sino para bien de todos”.


*El autor del artículo fue director de Cultura de la Municipalidad de San Nicolás.

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