En la cárcel de San Nicolás confeccionaron mapas táctiles y transcribieron cuentos infantiles en Braille para una Escuela Especial

Personas privadas de la libertad de la cárcel bonaerense de san Nicolás realizaron mapas táctiles y libros infantiles en sistema Braille que fueron entregados a la Escuela Educación Especial N° 503 de esa ciudad, en una iniciativa solidaria.

El emprendimiento se efectuó en la Unidad 3 del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) y contó con el apoyo del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires, conducido por Juan Martín Mena, y del gobernador Axel Kicillof.

La entrega se concretó en el marco del Taller de Braille que se dicta dentro del establecimiento penitenciario, y fue recibida por la directora de la institución educativa, Claudia Pagnelli.

La propuesta, que conjuga inclusión, aprendizaje y reparación simbólica, consistió en la confección artesanal de dos mapas de la República Argentina de gran formato, de más de un metro de alto, realizados íntegramente con lana, telas y materiales de diversas texturas, para generar una especie de rompecabezas sensorial que permite a los niños no videntes identificar cada jurisdicción con el tacto.

Además, el mapa incluye referencias en sistema braille que acompañan cada provincia, permitiendo a los estudiantes no solo reconocer su forma y ubicación, sino también aprender sus nombres y delimitar sus fronteras dentro del contexto regional. Esta técnica de texturas diferenciadas —lana áspera, terciopelo, algodón, polar, entre otras— es clave en la educación táctil, ya que estimula la memoria sensorial y contribuye a la comprensión espacial.

Junto a los mapas, también se entregaron cuentos infantiles clásicos, como Caperucita Roja y Cenicienta, transcritos al sistema braille por los propios internos que participaron del taller.
Esta iniciativa busca garantizar el acceso a la literatura desde una perspectiva de equidad, entendiendo la lectura como un derecho y una herramienta de desarrollo integral.

Desde el SPB indicaron que este tipo de actividades no solo genera un puente entre el contexto de encierro y la comunidad, sino que también permite a las personas privadas de la libertad resignificar su tiempo y sus habilidades, contribuyendo de manera concreta al bienestar de otros.

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