El FMI ajusta a la baja sus previsiones para la economía argentina

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En su nueva actualización de Perspectivas Económicas Globales, el Fondo Monetario Internacional (FMI) volvió a recortar las proyecciones de crecimiento para la Argentina, tanto para este año como para el mediano plazo. El organismo con sede en Washington ahora estima que el Producto Bruto Interno (PBI) argentino crecerá 2,1% en el año en curso, muy por debajo del 3,5% que había anticipado en los informes de abril y julio.
El ajuste no sólo impacta en el corto plazo. Para 2027, el FMI proyecta una expansión del 3,5%, medio punto porcentual menos que en las estimaciones previas, que contemplaban un crecimiento de 4%. El recorte refleja la visión más cautelosa del organismo sobre la capacidad de la economía argentina para sostener un sendero robusto de recuperación, en un contexto de alta inflación, restricciones externas y un elevado nivel de endeudamiento.
Las nuevas cifras fueron difundidas en el marco de las reuniones anuales del FMI y el Banco Mundial, que en esta ocasión se desarrollan en Tailandia. Allí se actualizan los principales indicadores de la economía global y se analizan los desafíos que enfrentan los países emergentes, entre ellos la Argentina, condicionada por la falta de financiamiento y la volatilidad cambiaria.
Inflación, desempleo y cuentas externas bajo la lupa
En materia inflacionaria, el Fondo prevé que los precios en la Argentina aumentarán 32,5% este año. Esa marca supera en 2,1 puntos porcentuales la proyección que el propio organismo había difundido en abril (30,4%). De todos modos, se ubicaría por debajo del 41,9% estimado para 2025, lo que sugiere un recorrido todavía complejo para la política antiinflacionaria.
Mirando más lejos, el FMI espera que la inflación desacelere hasta 21,2% en 2027, aunque sigue siendo un nivel elevado y 5,5 puntos por encima de la previsión realizada en abril pasado (15,7%). La persistencia de una inflación alta, incluso en el escenario de menor crecimiento, plantea interrogantes sobre la consistencia del esquema monetario y cambiario en los próximos años.
En cuanto al frente externo, el organismo señala que la cuenta corriente —que en 2025 mostró un déficit de 1,1% del PBI— pasaría a registrar un superávit de 0,6% este año y el próximo. Esta mejora se explicaría, principalmente, por una combinación de mejores términos de intercambio, cierta recuperación de las exportaciones y una demanda interna aún contenida, que modera las importaciones.
El peso del acuerdo con el FMI y la deuda pendiente
Las proyecciones llegan en un contexto en el que la Argentina sigue fuertemente ligada al Fondo. En abril de 2025, el país firmó un acuerdo de facilidades extendidas por unos US$ 20.000 millones, con metas de disciplina fiscal, acumulación de reservas y reformas estructurales para apuntalar la estabilidad macroeconómica. El cumplimiento de esos compromisos es clave para asegurar los desembolsos y evitar tensiones financieras adicionales.
Pese a ese programa, la Argentina continúa siendo el principal deudor del FMI, con obligaciones que ascienden a cerca de US$ 56.700 millones. La magnitud de ese pasivo condiciona la política económica y obliga a una negociación permanente con el organismo, que a su vez monitorea la evolución de las variables clave: crecimiento, inflación, tipo de cambio, reservas y situación social.
Las nuevas proyecciones del FMI confirman un escenario de crecimiento moderado, inflación todavía alta y una fuerte dependencia financiera del organismo, en un contexto global cada vez más exigente para los países emergentes.
Con este telón de fondo, el debate económico local se centra en cómo combinar el ajuste de las cuentas públicas con medidas que permitan sostener la actividad, mejorar el empleo y reducir la inflación, sin agravar la fragilidad social. Las próximas revisiones del FMI serán determinantes para saber si las actuales proyecciones vuelven a corregirse y en qué dirección.

