Washington endurece su ofensiva financiera en Medio Oriente

NewsITe
El gobierno de Estados Unidos presentó un nuevo y agresivo paquete de sanciones bautizado como “Operación Paria Económico”, con el que busca profundizar la presión financiera sobre el régimen iraní y sobre cualquier país o empresa que mantenga vínculos comerciales con Teherán. La iniciativa, anunciada por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ya desató fuertes cruces diplomáticos con China, principal destino del crudo iraní.
La operación se lanza en un contexto de guerra contra Irán que lleva casi seis meses y se encuentra empantanada, con negociaciones de paz paralizadas y con Teherán restringiendo el tránsito de buques por el estratégico estrecho de Ormuz, un paso clave para el comercio global de hidrocarburos.
Bessent fue tajante al describir el alcance de la estrategia: advirtió que “no debe haber ninguna ambigüedad sobre la posición de Estados Unidos” y remarcó que cualquier relación económica con lo que calificó como “este régimen asesino” quedará expuesta “a todo el alcance del poder estadounidense”. El mensaje estuvo dirigido tanto a gobiernos como a bancos, compañías tecnológicas y operadores del comercio internacional.
Alcance de las sanciones y sectores apuntados
Según trascendió, la Operación Paria Económico se centra en cinco grandes sectores vinculados al comercio exterior iraní:
- Activos digitales y sistema financiero alternativo, donde Irán habría tejido redes para sortear sanciones previas.
- Tecnología, con foco en empresas que proveen equipamiento o servicios estratégicos.
- Oro y metales preciosos, utilizados históricamente como mecanismo de pago y resguardo de valor.
- Aviación, en especial líneas aéreas y proveedores que mantienen vínculos con Teherán.
- Transporte marítimo, clave para la salida del petróleo y otros productos iraníes.
Entre los países que podrían quedar más expuestos se mencionan a Emiratos Árabes Unidos y Pakistán, ambos aliados estratégicos de Washington pero que mantienen relaciones económicas relevantes con Irán. Aun así, Bessent evitó nombrar directamente a los bancos chinos que participan de la operatoria financiera de Teherán.
La reacción de China y el tablero geopolítico
Las nuevas medidas encontraron una respuesta inmediata de Beijing. El vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores, Lin Jian, defendió la cooperación con Irán y sostuvo que se desarrolla “dentro del marco del derecho internacional”, por lo que —según dijo— no debería ser objeto de “interferencias o perturbaciones”. China reiteró su rechazo a las “sanciones unilaterales ilegales” y advirtió que tomará “todas las medidas necesarias para salvaguardar firmemente sus derechos e intereses”.
“Nadie está por encima del alcance de las sanciones estadounidenses”, afirmó Scott Bessent, al ser consultado sobre el posible impacto en bancos chinos.
Analistas citados por medios internacionales señalan que la cautela de Washington al no apuntar abiertamente contra entidades financieras chinas responde, en parte, al intento de evitar un choque frontal antes de la reunión prevista entre Donald Trump y Xi Jinping el mes próximo. Sin embargo, la firme reacción del gigante asiático muestra que la ofensiva económica contra Irán tiene derivaciones que exceden a Medio Oriente e impactan de lleno en la competencia estratégica entre Estados Unidos y China.
Irán ha convivido durante décadas con regímenes de sanciones y construido una compleja red de intermediarios, empresas de fachada y mecanismos financieros alternativos para mantener sus exportaciones de crudo, que antes del conflicto llegaban a millones de barriles diarios, en buena medida orientados al mercado chino. El desenlace de la Operación Paria Económico será clave para medir hasta dónde llega la capacidad de presión de Washington y qué margen de maniobra conservan Teherán y sus socios para sortear este nuevo cerco económico.

