Trump y Xi, en el centro de un mundo en desorden

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El exembajador argentino en China y Estados Unidos, Diego Guelar, analizó la reciente cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping y advirtió que el sistema internacional atraviesa una etapa de “caos” y “desorden extraordinario”. A su criterio, el vínculo entre Washington y Beijing se ha convertido en el principal eje que definirá la estabilidad –o la inestabilidad– global en los próximos años.
En diálogo con Splendid AM 990, Guelar calificó el encuentro entre ambos mandatarios como “la reunión más importante del año en términos de geopolítica universal” y remarcó que se trató apenas de “media reunión”, ya que el segundo capítulo está previsto para el 24 de septiembre en Washington. Para el diplomático, ese canal de diálogo, aún frágil, podría derivar en negociaciones para desescalar los conflictos en Ucrania e Irán si hubiera voluntad política efectiva de ambas partes.
Guelar describió la relación entre Estados Unidos y China como una “relación dual”: enfrentados en múltiples frentes económicos, tecnológicos y estratégicos, pero al mismo tiempo unidos por un nivel de interdependencia sin precedentes. “Son la sociedad más estrecha entre dos naciones en la historia de la humanidad”, sostuvo, al advertir que un enfrentamiento militar directo entre las dos potencias sería catastrófico y equivaldría “al fin de la humanidad”.
Desde su perspectiva, el siglo XXI ya no responde al esquema clásico de una hegemonía única. “No existe una potencia hegemónica como ocurrió en otros siglos. Hoy hay un poder compartido entre dos sociedades muy diferentes”, explicó. En ese contexto, señaló que las decisiones que adopten Washington y Beijing respecto de la guerra en Ucrania, la tensión en Medio Oriente y el estatus de Taiwán tendrán impacto inmediato sobre el resto del planeta.
Trump, las alianzas de Occidente y la crítica al liderazgo norteamericano
El exembajador fue especialmente crítico con el rol de Donald Trump. Consideró que su gestión alteró el equilibrio construido después de la Segunda Guerra Mundial y “destruyó una alianza del mundo occidental que mantuvo el orden durante 80 años”.
- El poder norteamericano como sostén central del sistema.
- La OTAN como estructura militar y política en Europa.
- Las alianzas con Japón y Australia en el espacio Asia-Pacífico.
- El vínculo hemisférico con México y Canadá en América del Norte.
Según Guelar, el expresidente republicano tensionó simultáneamente esos cuatro pilares, abriendo una etapa que no representa un “nuevo orden internacional”, sino más bien una profunda desorganización. A su entender, la posibilidad de recomponer un marco estable recién podría definirse cuando asuma un nuevo presidente estadounidense en 2029.
El avance chino, Taiwán como línea roja y el impacto en Argentina
En contraste, el diplomático describió a China como una potencia que crece “paso a paso e ineludiblemente”, con una proyección económica y tecnológica sostenida y un discurso público prudente. Recordó que hoy Beijing es el principal socio comercial de alrededor de 140 países y que, pese a la guerra comercial lanzada por Washington, las exportaciones chinas superan con holgura a las estadounidenses.
El único límite irrenunciable para Beijing, remarcó, sigue siendo Taiwán. “Para ellos Taiwán es Malvinas para nosotros”, graficó, al señalar que una declaración formal de independencia o un reconocimiento explícito desde Estados Unidos sería interpretado como una línea roja y podría desatar un conflicto directo.
“China y Brasil son los dos socios más importantes de Argentina… El presidente Milei tiene pendiente un viaje oficial a China que constituye un gesto ineludible hacia nuestro principal socio comercial”, planteó Guelar.
Respecto de la política exterior argentina, Guelar observó que Javier Milei moderó su discurso inicial “antichino y antibrasilero” por la presión de la realidad económica. Recordó que cerca del 80% de la carne y el 70% del grano que exporta el país se destinan a China, lo que convierte a ese mercado en un socio clave. En ese marco, evaluó que, si bien el Gobierno todavía no incorporó plenamente a Beijing a una “agenda positiva”, al menos lo retiró del lugar de confrontación, abriendo una ventana para reordenar la relación bilateral en un mundo atravesado por tensiones crecientes entre las dos superpotencias.

