Cúcuta bajo conmoción a seis días del cambio de mando

NewsITe
Una potente explosión de un coche bomba volvió a colocar a Colombia en estado de máxima alerta. El ataque se produjo en la ciudad fronteriza de Cúcuta, en el departamento de Norte de Santander, a escasos metros del comando de la Policía local y a solo seis días de la asunción presidencial de Abelardo de la Espriella, lo que incrementa la preocupación por el clima de seguridad en el país.
De acuerdo con el primer parte oficial, al menos once personas resultaron heridas: ocho efectivos policiales y tres civiles. El estallido, ocurrido en el barrio Tasajero, tuvo lugar en una zona con intenso movimiento vehicular y comercial, cercana al mercado mayorista Cenabastos, uno de los más concurridos de la región. Testigos señalaron que, tras la detonación principal, se habrían arrojado otros artefactos explosivos que impactaron sobre transeúntes y comerciantes, entre ellos una trabajadora de un puesto callejero de café.
El atentado se inscribe en un contexto de fuerte tensión política y de persistente presencia de grupos armados ilegales en Norte de Santander, una provincia clave por su ubicación en la frontera con Venezuela y por las rutas del narcotráfico. En la zona operan estructuras del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y disidencias de las FARC, a las que se atribuyen distintos ataques contra la Fuerza Pública y la población civil en los últimos meses.
Condena política y respuesta del futuro gobierno
El presidente electo Abelardo de la Espriella utilizó sus redes sociales para repudiar el ataque y enviar un mensaje de respaldo a las víctimas. “Condeno con absoluta firmeza el cobarde atentado terrorista perpetrado en Cúcuta contra nuestra Policía Nacional. Mi solidaridad con los uniformados heridos, sus familias y con todos los ciudadanos que hoy viven momentos de angustia”, expresó, marcando el tono de lo que promete ser una política de seguridad de mano dura.
En la misma línea se manifestó el futuro ministro de Defensa, el general retirado Jorge Eduardo Mora, oriundo de la región. El funcionario designado advirtió que los responsables “no lograrán sembrar miedo ni doblegar la institucionalidad” y ratificó su compromiso de fortalecer a la Fuerza Pública para enfrentar a los violentos. El gobierno entrante anunció además una recompensa superior a los 32.000 dólares para quienes aporten información que permita identificar a los autores materiales e intelectuales del atentado.
Desde el plano local, el secretario de Seguridad de Norte de Santander, George Quintero, confirmó ante la prensa el balance provisorio de víctimas y calificó el hecho como “atroz” y “violento”. Las autoridades dispusieron un refuerzo del patrullaje y la instalación de anillos de seguridad en puntos sensibles de Cúcuta y municipios cercanos, mientras equipos especializados avanzan en la recolección de evidencias y en el análisis de cámaras de vigilancia.
Una región atravesada por la violencia
El coche bomba no es un episodio aislado. Apenas tres días antes, dos policías habían resultado heridos en una emboscada contra la caravana del coronel Jorge Andrés Bernal en cercanías de la localidad de El Zulia, también en Norte de Santander. A esto se suma el asesinato, en junio, de un periodista en Cúcuta a manos de sicarios, crimen que organizaciones de prensa vinculan con el accionar de grupos armados y redes criminales.
- Norte de Santander es uno de los departamentos con mayor presencia de estructuras armadas ilegales.
- La frontera con Venezuela facilita el movimiento de contrabando, armas y drogas.
- La Policía y el Ejército son blanco recurrente de ataques con explosivos y emboscadas.
“Colombia necesita unidad y firmeza para enfrentar a quienes atentan contra la vida, la seguridad y la tranquilidad de los ciudadanos”, subrayó el futuro ministro Jorge Eduardo Mora.
Mientras el presidente saliente Gustavo Petro se encontraba de viaje oficial en Cuba y evitó pronunciamientos inmediatos sobre el hecho, el atentado de Cúcuta vuelve a poner en el centro del debate el rumbo de las políticas de seguridad y la capacidad del nuevo gobierno para contener a los grupos armados. Con la investidura de De la Espriella a la vuelta de la esquina, el país llega al cambio de mando atravesado por interrogantes sobre la estabilidad en una de sus regiones más sensibles.

