Bunge deja de producir amoníaco y tiosulfato en Campana

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Bunge, uno de los gigantes globales del negocio agroindustrial, decidió cerrar su planta de producción de amoníaco y tiosulfato de amonio ubicada en la ciudad bonaerense de Campana. La medida, que marca el fin de la fabricación local de estos insumos químicos clave para la actividad agropecuaria, implica el despido de 110 trabajadores.
De acuerdo con fuentes del sector, la compañía tomó la determinación luego de un extenso proceso interno de análisis, en el que se evaluaron distintas alternativas operativas y comerciales. Finalmente, concluyó que la unidad ya no resultaba viable en el contexto actual del negocio.
Entre los factores que pesaron en la decisión, se mencionan las limitaciones de infraestructura y tecnología de una planta con más de medio siglo de funcionamiento, así como cambios en las condiciones del mercado y en el abastecimiento de insumos. El cierre se inscribe en un escenario de fuerte competencia global y de alta sensibilidad a los costos energéticos y logísticos.
Impacto en el empleo y en la cadena de fertilizantes
El aspecto más delicado de la medida es su impacto laboral. La planta de Campana empleaba a 110 personas, que ahora serán desvinculadas. La compañía reconoció internamente que la decisión tendrá consecuencias directas para los trabajadores y sus familias, y se espera que en las próximas semanas se definan las condiciones finales de salida y posibles programas de contención.
El cierre implica además la discontinuación de la producción local de dos compuestos utilizados de manera extendida en la agricultura. El amoníaco es un insumo central para la elaboración de fertilizantes nitrogenados, mientras que el tiosulfato de amonio se emplea en fertilizantes líquidos que aportan nitrógeno y azufre, nutrientes esenciales para cultivos como maíz, trigo, soja y girasol.
La demanda de fertilizantes en la Argentina está estrechamente relacionada con la producción de cereales y oleaginosas. Las decisiones de inversión de los productores se toman en función del costo de estos insumos, de los precios internacionales de los granos y de las necesidades agronómicas de cada campaña. En ese marco, la menor oferta de producción local puede derivar en una mayor dependencia de productos importados o de otras plantas de la región.
Un actor clave del agro global que reordena su negocio
Bunge es uno de los principales jugadores globales del complejo agroindustrial. A escala internacional, opera en más de 50 países, con su sede registrada en Ginebra, Suiza, y su sede corporativa en St. Louis, Estados Unidos. Sus actividades abarcan la originación de granos, el almacenamiento, la logística, el procesamiento de oleaginosas y la refinación de aceites vegetales, además de la distribución de fertilizantes.
En la Argentina, la compañía tiene más de 140 años de presencia ininterrumpida y emplea a unos 4.500 trabajadores en alrededor de 60 instalaciones, entre plantas industriales, acopios y terminales portuarias. Su peso en el negocio agroexportador es significativo: según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario, durante el primer semestre de 2026 declaró ventas externas por 11,6 millones de toneladas, el mayor volumen para una empresa en al menos cinco años, lo que le permitió encabezar el ranking del sector con cerca del 22% del total declarado.
Esa posición se consolidó a partir de la integración con Viterra, concretada en julio de 2025, que amplió la red global de origen y destino de granos, así como la capacidad de procesamiento y comercialización. En ese contexto de expansión internacional, la empresa también viene ajustando su portafolio de activos para concentrarse en los negocios que considera estratégicos.
Campana, una planta con más de 50 años de historia
La unidad de Campana que ahora se cierra acumulaba más de cinco décadas de operación. Allí, en octubre de 2004 se inició la producción de tiosulfato de amonio, orientada a abastecer al mercado de fertilizantes líquidos utilizados por productores y empresas de servicios agrícolas. El producto permite combinar nitrógeno y azufre en formulaciones adaptadas a distintas regiones y tipos de suelo.
- Más de 50 años de operación industrial en Campana.
- Inicio de la producción de tiosulfato de amonio en 2004.
- 110 puestos de trabajo alcanzados por el cierre de la planta.
- Fin de la fabricación local de dos insumos clave para fertilizantes.
La decisión de Bunge refleja las tensiones estructurales del sector: infraestructura envejecida, cambios en el mercado internacional y la necesidad de adaptar la matriz productiva para sostener la competitividad.
En adelante, el mercado de fertilizantes seguirá de cerca cómo se reorganiza la oferta tras la salida de esta planta, en un país donde la productividad agrícola depende en gran medida del uso eficiente de nutrientes para sostener los rindes y cuidar la fertilidad de los suelos.

