Aseguran que creció entre adultos y jóvenes el consumo de ansiolíticos y medicamentos para dormir

ASÍ LO AFIRMAN FARMACÉUTICOS DE SAN NICOLÁS

El uso de ansiolíticos, sedantes y fármacos que favorecen el sueño ha crecido de manera sostenida en San Nicolás a lo largo de la última década. La tendencia afecta tanto a adultos mayores como a jóvenes, en un contexto de presión económica, cambios en la rutina diaria y hábitos de sueño alterados. Nicolás Troffe, coordinador del Colegio de Farmacéuticos de San Nicolás, explica que se trata de un fenómeno que “lleva años en aumento entre las personas de 40 o 50 para arriba”, y que en los últimos diez años “se han ido incrementando los grupos etarios más bajos”.

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De la redacción de EL NORTE
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Nicolás Troffe, coordinador del Colegio de Farmacéuticos de San Nicolás, explica que el crecimiento del consumo de ansiolíticos y medicamentos para dormir “viene teniendo un aumento sostenido desde hace un tiempo largo, no es algo nuevo. Quizá ahora puede haber alguna tendencia mayor”. Agrega que esta conducta “lleva años en aumento en personas de 40 o 50 para arriba”, y que en los últimos diez años “se han ido incrementando los grupos etarios más bajos… adolescentes y personas maduras por debajo de los 30, 35, 40 años”. Según Troffe, San Nicolás refleja un fenómeno que se da a nivel nacional y casi mundial.

El consumo de estos medicamentos puede vincularse a distintos factores sociales y económicos, así como a cambios en la rutina diaria y en los hábitos de sueño. Estudios señalan que estrés, ansiedad, sobreexposición a pantallas y contextos de incertidumbre pueden favorecer la búsqueda de ansiolíticos, sedantes o fármacos para dormir, sin que exista un único motivo.

San Nicolás no está lejos de lo que sucede en otras ciudades del país. A nivel nacional, la venta de estos medicamentos crece impulsada por la crisis económica y la precariedad laboral. Según un informe del Observatorio de Salud, la inestabilidad laboral afecta a casi la mitad de los trabajadores, mientras que muchos hogares destinan gran parte de sus ingresos a saldar deudas, lo que genera ansiedad y dificultades para dormir. Este panorama impacta especialmente en los jóvenes, un grupo donde antes no era habitual el consumo de ansiolíticos y sedantes, y donde la presión social y la falta de perspectivas contribuyen al problema.

Entre los fármacos más utilizados se encuentra la melatonina, de venta libre, que por su carácter “más natural” se consume de manera cotidiana. Sin embargo, médicos advierten que su uso sostenido puede originar adaptación del organismo y necesidad de dosis cada vez mayores. A esto se suma la compra de sedantes y ansiolíticos que requieren receta médica. Troffe explica que “en esta clase de medicamentos no hay automedicación porque no son de venta libre, tienen que estar prescriptos por el médico”. Las versiones más suaves, a base de manzanilla, tilo, valeriana o melatonina, “lo pueden adquirir tranquilamente en la farmacia con el consejo del profesional, pero no necesitan prescripción”.

Más allá de los medicamentos, Troffe señala que existen alternativas no farmacológicas, como cambios en hábitos de sueño, actividad física o terapias de relajación. Estas opciones no siempre están cubiertas por la seguridad social o las obras sociales, y muchas personas, ante la rapidez de los efectos de la medicación, prefieren continuar con las pastillas. “El Colegio de Farmacéuticos está continuamente haciendo campañas y en la farmacia uno trata de orientar a la gente… Lleva todo un proceso que por ahí muchos no lo pueden asumir y prefieren seguir tomando las pastillas”, explica y agrega que “aunque sea un medicamento de venta libre, tiene efectos farmacológicos”.

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El descanso es salud

Dormir mal o dormir poco tiene consecuencias directas en la vida cotidiana y en la salud, incluyendo problemas de concentración, accidentes, hipertensión, diabetes, enfermedades coronarias y el aumento de cuadros de ansiedad y depresión. Mientras en otros países se promueven estrategias de cuidado, educación y hábitos de sueño, en Argentina predomina la respuesta farmacológica, con un sistema de salud cada vez más tensionado y obras sociales con cobertura limitada.

Las cifras nacionales reflejan la magnitud del fenómeno. Entre 2024 y 2025, la venta de sedantes y ansiolíticos creció más de 6%, mientras que la facturación aumentó un 35% debido al encarecimiento de los medicamentos. La combinación de presión económica, cambios en la estructura familiar, sobreexposición digital y falta de acceso a terapias alternativas ha convertido al consumo de estos fármacos en una práctica extendida, que cada vez abarca a personas más jóvenes en San Nicolás y en todo el país.

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