A cuatro décadas de la muerte de Borges, un legado en expansión

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A cuarenta años de la muerte de Jorge Luis Borges, la Fundación Internacional que lleva su nombre atraviesa una etapa clave: preservar un patrimonio literario único y, al mismo tiempo, tender puentes con nuevas generaciones de lectores en Argentina y el mundo. La institución, creada en 1988, se propone que la obra del autor de Ficciones y El Aleph no quede confinada a las bibliotecas, sino que circule en formatos y lenguajes acordes al siglo XXI.
Tras el fallecimiento de María Kodama en 2023, heredera universal de Borges y figura central en la custodia de sus manuscritos, libros y archivos, el mando quedó en manos de cinco sobrinas y sobrinos de quien fuera su última compañera y esposa. Ninguno proviene del circuito literario tradicional, pero todos asumieron el compromiso de garantizar la continuidad de la fundación y de resguardar un acervo que despierta el interés de editoriales, universidades y centros culturales de todo el planeta.
María Victoria Kodama, actual presidenta de la fundación, explica que el desafío es doble: sostener las actividades que se desarrollaron durante décadas —charlas, seminarios, exposiciones y publicaciones— e impulsar proyectos innovadores que acerquen la figura de Borges a públicos más amplios. Entre las propuestas que llegan a la institución se cuentan adaptaciones teatrales, guiones cinematográficos, experiencias vinculadas con inteligencia artificial y colaboraciones con organismos culturales de referencia, como el Ballet del Teatro Colón.
Digitalizar la biblioteca personal y abrir nuevas puertas
Uno de los ejes estratégicos de esta nueva etapa es la digitalización de la biblioteca personal de Borges, una colección de enorme valor intelectual que incluye ejemplares raros, primeras ediciones y volúmenes con anotaciones manuscritas del propio escritor. La meta es preservar físicamente esos libros —que se conservan bajo condiciones estrictas de temperatura y humedad— y, a la vez, facilitar el acceso a investigadores y lectores a través de soportes digitales.
Algunos de los títulos más valiosos de esa biblioteca ya fueron depositados en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes, en Madrid, un espacio concebido para proteger documentos y objetos simbólicos de la cultura en lengua española. Se trata de un gesto que confirma la dimensión internacional de Borges, cuya obra sigue siendo materia de estudio en universidades de Europa, Estados Unidos, Asia y América Latina.
La crítica especializada suele subrayar el carácter singular del escritor, definido en más de una ocasión como un “lector-bibliotecario”. Para académicos como Lucas Adur, esa figura resume el modo en que Borges convirtió la experiencia de la lectura —sus recorridos por bibliotecas reales e imaginarias— en el corazón de su creación literaria. De allí la influencia decisiva que ejerció sobre autores como Orhan Pamuk, Salman Rushdie, Umberto Eco o Michel Foucault, entre muchos otros.
Una obra viva y un debate que persiste
Las conmemoraciones por los 40 años de su muerte también reponen una discusión que reaparece cíclicamente: el lugar donde descansan los restos del escritor. Borges está enterrado en Ginebra desde 1986, decisión que tomó en vida y que sus herederas y herederos consideran inapelable. Desde la fundación descartan cualquier intento de repatriación y subrayan que la mejor manera de honrarlo es respetar su voluntad y trabajar en la difusión de su obra.
Cuentista, poeta y ensayista, Borges dejó textos que forman parte del canon contemporáneo, como “El Sur”, “La muerte y la brújula”, “El jardín de senderos que se bifurcan” y “El Aleph”. A pesar del paso del tiempo, sus libros mantienen una presencia sostenida en catálogos editoriales, programas educativos y circuitos de lectura juveniles. Muchos estudiantes lo descubren hoy a través de ediciones digitales, audiolibros o materiales que circulan en redes sociales, lo que obliga a pensar nuevas formas de mediación y acompañamiento pedagógico.
- Digitalización y preservación de la biblioteca personal del autor.
- Proyectos teatrales, cinematográficos y con inteligencia artificial.
- Alianzas con instituciones culturales de la Argentina y el exterior.
- Compromiso de la familia Kodama con la continuidad de la fundación.
“El futuro no es lo que va a pasar, sino lo que vamos a hacer”, escribió Borges. Cuarenta años después de su muerte, sus herederas parecen asumir esa máxima al proyectar, en clave contemporánea, una obra que no deja de expandirse.
Desde Buenos Aires, la Fundación Internacional Jorge Luis Borges se posiciona así como un puente entre la tradición literaria y las nuevas tecnologías, con la convicción de que aún quedan muchos lectores por descubrir a uno de los autores más influyentes de la lengua española.

