Miriam Alejandra Bianchi murió el 7 de septiembre de 1996, a los 34 años, cuando el micro en el que viajaba chocó contra un camión en la Ruta Nacional 12, en Entre Ríos. En el accidente también fallecieron su hija Mariel, su madre, tres músicos y el chofer. Tres décadas después, sus canciones atraviesan generaciones y el lugar de la tragedia se mantiene como un santuario para sus seguidores.

Este lunes se cumplen 30 años de la muerte de Gilda, una de las figuras que marcaron para siempre la música tropical argentina. Miriam Alejandra Bianchi tenía 34 años y atravesaba un momento de crecimiento artístico cuando, el 7 de septiembre de 1996, un accidente vial ocurrido sobre la Ruta Nacional 12 terminó con su vida y la de otras seis personas.
La tragedia ocurrió cerca de las 19, a la altura del kilómetro 129 de la ruta, en Entre Ríos. Gilda viajaba hacia el norte de la provincia para continuar con una intensa agenda de presentaciones cuando el micro en el que se trasladaba junto con familiares y músicos chocó contra un camión.
Además de la cantante, murieron su hija Mariel, de 10 años; su madre Isabel; tres integrantes de su banda y el conductor del micro. Su hijo Fabrizio sobrevivió al accidente, al igual que Juan Carlos “Toti” Giménez, músico y una figura fundamental en la carrera artística de Gilda.
La muerte interrumpió una trayectoria que todavía tenía mucho camino por recorrer. Sin embargo, el paso de los años terminó por darle a aquella cantante de la movida tropical una dimensión que trascendió ampliamente el género: sus canciones pasaron de las bailantas a las fiestas, las canchas de fútbol y las versiones de artistas provenientes de estilos completamente diferentes.
De maestra jardinera a estrella de la música tropical
Gilda había nacido el 11 de octubre de 1961 en Villa Devoto, Buenos Aires. Antes de convertirse en cantante profesional fue maestra jardinera y durante años mantuvo su vocación musical en un segundo plano.
El giro llegó cuando respondió a un aviso publicado en un diario que buscaba una voz femenina para integrar una banda de música tropical. A partir de allí comenzó una nueva etapa de su vida y conoció a Toti Giménez, compositor y tecladista que tendría un papel central en su posterior lanzamiento como solista.
Su nombre artístico surgió inspirado en “Gilda”, la película de 1946 protagonizada por Rita Hayworth. Miriam Bianchi pasó así a construir un personaje artístico reconocible por su voz, su estética y una forma de interpretar canciones que la diferenció dentro de una escena tropical fuertemente dominada por hombres.
Entre 1992 y 1995 publicó cuatro discos de estudio: “De corazón a corazón”, “La única”, “Pasito a pasito con… Gilda” y “Corazón valiente”. En esos trabajos quedaron canciones que sobrevivieron largamente a su muerte y terminaron formando parte del cancionero popular argentino.
“No me arrepiento de este amor”, “Fuiste”, “Corazón valiente” y “Ámame suavecito” se encuentran entre los temas que mantuvieron vigente su voz tres décadas después.
El accidente en la Ruta 12
El 7 de septiembre de 1996, Gilda emprendió otro viaje como parte de su habitual recorrido de presentaciones. El micro avanzaba por la Ruta Nacional 12 bajo condiciones de lluvia cuando se produjo la colisión a la altura del kilómetro 129, en cercanías de Ceibas.
El accidente dejó siete víctimas fatales. Gilda murió junto con su hija, su madre, tres músicos y el chofer del vehículo.
Tenía apenas 34 años.
A partir de ese momento comenzó otro capítulo de su historia. La conmoción provocada por su muerte se mezcló con la creciente popularidad de sus canciones y, progresivamente, la admiración de una parte de sus seguidores adquirió características de devoción.
Del lugar de la tragedia a un santuario
El kilómetro 129 de la Ruta 12 dejó de ser solamente el lugar donde ocurrió el accidente. Los seguidores comenzaron a acercarse para dejar flores, fotografías, cartas, estampitas y diferentes objetos en recuerdo de la cantante.
Con el tiempo se levantó allí un santuario y se preservaron restos del micro en el que viajaba. La Dirección Nacional de Vialidad llegó a incorporar oficialmente al “Santuario Gilda” en su cartografía, ubicado en el kilómetro 129,53 de la Ruta Nacional 12.
Alrededor de su figura también comenzaron a multiplicarse testimonios de personas que le atribuyeron favores y milagros. Así nació la imagen de Gilda como una “santa popular” o “santa pagana”, una dimensión religiosa que nunca tuvo reconocimiento oficial de la Iglesia Católica pero que se consolidó dentro de la cultura popular.
Hasta la actualidad, seguidores llegan hasta el santuario para agradecer, realizar pedidos o simplemente recordar a la cantante.
“No es mi despedida” y una leyenda que creció después de su muerte
Una de las historias más repetidas alrededor de la tragedia estuvo vinculada con la canción “No es mi despedida”. Durante años circuló la versión de que una grabación del tema había sido encontrada entre los restos del micro y que su letra podía interpretarse como una suerte de anticipación de la muerte de Gilda.
Sin embargo, testimonios posteriores de integrantes de la banda que sobrevivieron al accidente desmintieron esa historia. La grabación no viajaba en el vehículo y se encontraba en Buenos Aires.
La aclaración permite separar uno de los mitos construidos después de su muerte de los datos documentados de su historia. La fuerza que adquirió aquella canción, de todos modos, contribuyó a alimentar la dimensión legendaria que rodeó a la artista durante las décadas siguientes.
Una historia que llegó al cine
El fenómeno Gilda volvió a cobrar una enorme visibilidad en 2016, cuando se cumplieron 20 años de su muerte y llegó a los cines “Gilda, no me arrepiento de este amor”.
La película, dirigida por Lorena Muñoz y protagonizada por Natalia Oreiro, reconstruyó diferentes momentos de la vida personal y profesional de la cantante y acercó su historia a generaciones que no habían vivido el auge de la movida tropical de los años 90.
Para entonces, varias de sus canciones ya habían atravesado las fronteras originales de la cumbia. “No me arrepiento de este amor”, por ejemplo, fue versionada por Attaque 77 y terminó incorporándose también al repertorio habitual de las tribunas del fútbol argentino.
Una voz que sigue vigente 30 años después
Tres décadas después de aquel 7 de septiembre de 1996, el fenómeno alrededor de Gilda permite distinguir dos dimensiones que terminaron avanzando juntas: la artista y el mito.
Por un lado permanece una obra musical que consiguió sobrevivir al paso del tiempo. Sus canciones siguen escuchándose en fiestas, recitales, estadios y plataformas digitales, incluso entre personas que nacieron varios años después de su muerte.
Por otro, persiste la devoción construida alrededor de Miriam Alejandra Bianchi. El santuario entrerriano, las ofrendas y los relatos de quienes aseguran haber recibido su ayuda muestran una dimensión que excedió ampliamente la carrera de una cantante popular.
Gilda no llegó a presenciar el alcance que tendría su música. Murió a los 34 años, cuando su carrera todavía estaba en expansión y mientras viajaba hacia otra presentación.
Treinta años después, aquel recorrido terminó convertido en una de las historias más recordadas de la cultura popular argentina. La mujer que había dejado atrás la docencia para perseguir su lugar en la música se transformó, después de su muerte, en un símbolo que atravesó los límites de la cumbia y también los de su propia generación.

