INDEC mide la inflación con una canasta anclada en 2004

La canasta del IPC quedó detenida en el tiempo

INDEC mantiene precios de fax, disquetes y sulkys en el IPC

NewsITe

La postergación indefinida de la nueva canasta del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que debía actualizarse en enero de 2026, dejó al INDEC calculando la inflación de hoy con hábitos de consumo de 2004. La decisión del Gobierno no es menor: detrás de esa demora se esconde una fotografía distorsionada del costo de vida actual de los argentinos.

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De acuerdo con un informe elaborado por la periodista Mariana Leiva para el sitio Chequeado, al que accedió Noticias Argentinas, el organismo estadístico sigue relevando precios de productos y servicios que prácticamente desaparecieron del mercado, mientras consumos masivos de la vida cotidiana actual ni siquiera figuran en la medición oficial.

Un IPC convertido en museo de la tecnología

La metodología vigente se apoya en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2004-2005 y en el clasificador COICOP Argentina 2019. Esa combinación deja en pie una lista de bienes y servicios que se parecen más a un museo de la tecnología que al changuito de compras de una familia promedio.

En el rubro tecnología de oficina, por ejemplo, todavía se relevan “equipos de fax” y sus accesorios, así como servicios de “reparación de equipos telefónicos y de fax”. En audio y video, el índice contempla reproductores y grabadores de cinta de video —las clásicas videocassetteras—, cintas VHS, CD y DVD vírgenes, además de medios de almacenamiento hoy obsoletos como los disquetes.

La sección comunicaciones también quedó anclada en la era previa a los smartphones: el clasificador incluye telegramas y llamadas desde locutorios y cabinas telefónicas, un servicio que retrocede año a año con el avance de WhatsApp, datos móviles y planes ilimitados.

Fax, sulkys y videoclubes en la estadística oficial

El entretenimiento analógico también persiste en la canasta del IPC. Se sigue midiendo el costo del revelado de películas fotográficas y el alquiler de películas en formato físico, una práctica típica de los videoclubes que casi desapareció frente al streaming y las plataformas on demand. Incluso figuran reproductores portátiles como MP3, MP4 y iPods, desplazados por los teléfonos inteligentes.

Más llamativa aún es la presencia, en el apartado de transporte, de “vehículos de tracción animal”, como sulkys y carros, junto con los gastos asociados a arneses y collares para animales de tiro. Aunque subsisten en zonas rurales específicas, su peso en el consumo global es marginal, muy lejos de lo que sugeriría su permanencia en la canasta base.

Lo que falta: streaming, cápsulas y tarifas altas

La contracara de medir el precio de un disquete es la exclusión de rubros que hoy concentran una porción sustancial del presupuesto de los hogares urbanos. Según el trabajo de Chequeado, la canasta que debería reemplazar a la actual —basada en la ENGHo 2017-2018— contempla, entre otros aspectos, servicios de streaming de música y video, y consumos que se masificaron en la última década, como el café en cápsulas.

También cambia el peso relativo de los servicios públicos. Con la canasta vieja, luz, gas y agua representan el 9,4% del índice. Con la actualización, ese peso debería trepar al 14,5%, un salto que reflejaría con mayor precisión el impacto de los tarifazos y la recomposición de precios regulados sobre el presupuesto de las familias.

La defensa del INDEC y el debate por la actualización

Desde el organismo estadístico explican que la permanencia de estas subcategorías responde a “razones metodológicas” y a la necesidad de mantener la comparabilidad histórica de las series. Cambiar la canasta implica recalcular ponderaciones y reconstruir parte del registro de inflación, una tarea compleja en términos técnicos y políticos.

En la práctica, sin embargo, la realidad se impone: ante la dificultad de encontrar precios para un fax, una videocassettera o un sulky en un comercio promedio, los encuestadores terminan relevando artículos y servicios sustitutos para completar los casilleros. Esa ingeniería estadística funciona como puente hasta que se concrete la actualización, pero abre un debate de fondo sobre cuán fielmente el IPC refleja hoy la experiencia cotidiana de inflación que viven los hogares argentinos.

La demora en modernizar la canasta del IPC no solo es un problema técnico: condiciona la lectura de la inflación, el diseño de políticas públicas y la negociación de salarios y contratos indexados.

Mientras el Gobierno mantiene en suspenso la nueva canasta y el INDEC se aferra a la comparabilidad histórica, crece la presión de especialistas y usuarios de estadísticas públicas para que el termómetro de la inflación deje de medir un país que ya no existe y empiece a registrar, con mayor precisión, el costo de la vida en la Argentina actual.

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