El sol de mediodía, más peligroso que la temperatura

NewsITe
Una nueva ola de calor golpea a gran parte de la Argentina con marcas que rondan los 36 grados, pero los especialistas advierten que ya no es solo el termómetro lo que preocupa. Entre las 10 y las 14, cuando el sol se ubica casi perpendicular sobre la superficie terrestre, la radiación ultravioleta alcanza niveles extremos y puede “cocinar” la piel en cuestión de minutos, incluso si la sensación térmica no es tan agobiante.
En la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano bonaerense, el índice de rayos UV llegó a 12 puntos, el valor máximo de la escala internacional y catalogado como “extremo” por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Ese número indica el tiempo aproximado que una persona puede permanecer al sol antes de que la piel se enrojezca, señal de que ya se produjo daño celular. En jornadas como estas, ese margen puede reducirse a menos de 15 minutos sin protección adecuada.
La radiación UVB y UVA está directamente asociada al enrojecimiento de la piel, un primer signo de daño que, acumulado a lo largo de los años, incrementa el riesgo de cáncer de piel, así como de otras afecciones oculares, como cataratas. A diferencia de la temperatura del aire, la radiación ultravioleta puede ser muy alta incluso en días ventosos o con algo de nubosidad, por lo que no siempre se percibe el peligro de manera inmediata.
Recomendaciones clave para las horas de mayor riesgo
Los organismos de salud insisten en limitar al máximo la exposición al sol entre las 10 y las 16, franja en la que los rayos son más intensos. Se sugiere priorizar la sombra, evitar la actividad física exigente al aire libre en ese horario y utilizar siempre protector solar con factor 30 o superior, reaplicándolo cada dos horas o después de transpirar o bañarse.
- Usar ropa liviana pero que cubra brazos y piernas, de preferencia de trama cerrada.
- Proteger la cabeza con sombreros de ala ancha que den sombra a cara, orejas y nuca.
- Elegir anteojos de sol con filtro UV certificado para resguardar los ojos.
- Evitar la exposición directa en niñas, niños y personas mayores, grupos más vulnerables.
En los últimos años se volvió habitual que, antes de salir de casa, muchas personas consulten desde el celular el nivel de radiación UV del día, del mismo modo que revisan el pronóstico del tiempo. Esa información permite organizar actividades y reducir el tiempo al sol en los momentos de mayor intensidad.
Cambio climático, capa de ozono y más radiación sobre Argentina
El índice de radiación UV está estrechamente vinculado con el estado de la capa de ozono, las variaciones en la nubosidad y la circulación atmosférica. El calentamiento global contribuye al adelgazamiento del ozono estratosférico y modifica los patrones climáticos, generando más días despejados y una mayor cantidad de radiación solar que llega a la superficie.
Históricamente, el llamado “agujero de ozono” se concentra sobre la Antártida, pero muchas veces se desplaza hacia el sur del país, afectando a provincias patagónicas como Tierra del Fuego y Santa Cruz, especialmente entre agosto y noviembre. Este año, los especialistas advirtieron que ese adelgazamiento alcanzó también a la franja central de Argentina, lo que explica en parte los valores de radiación inusualmente altos.
Científicos de la NASA, tras analizar tres décadas de datos satelitales, confirmaron que la radiación ultravioleta que llega a la superficie de la Tierra aumentó de manera considerable en las últimas décadas, sobre todo en latitudes medias y altas como la argentina.
Si bien la capa de ozono muestra signos de recuperación gracias al Protocolo de Montreal —que limitó el uso de sustancias que la dañan—, el país continúa siendo especialmente vulnerable a sus fluctuaciones. Sequías prolongadas e incendios, fenómenos potenciados por el cambio climático, también pueden modificar la nubosidad y la composición de la atmósfera, habilitando el paso de más rayos UV en zonas específicas.
Ante este escenario, los especialistas remarcan que la prevención es la herramienta más eficaz: evitar el sol directo en las horas críticas, usar protección solar todo el año y realizar controles dermatológicos periódicos son hábitos clave para reducir el impacto silencioso, pero acumulativo, de la radiación ultravioleta.

