Dos investigaciones publicadas en The Lancet dieron a conocer los beneficios de ajustar hábitos. Uno de los hallazgos centrales fue que añadir solo cinco minutos diarios de actividad moderada, como caminar a 5 km/h, podría reducir un 10% las muertes en la mayoría de adultos. También se calculó el efecto de disminuir el sedentarismo y agregar minutos al descanso nocturno.

Con la publicación de dos recientes estudios en revistas del grupo The Lancet, la posibilidad de sumar años de vida mediante mínimos ajustes en la rutina diaria ha ganado respaldo. Ambas investigaciones coinciden en que pequeños cambios, sin largas horas en el gimnasio o sacrificios extremos, pueden traducirse en una mejora tangible de la salud y la longevidad.
La primera investigación, siguió durante ocho años a más de 135.000 adultos de Noruega, Suecia, Estados Unidos y Reino Unido. El equipo de profesionales analizó cómo variaciones modestas en el nivel de actividad física y en el tiempo dedicado al sedentarismo influían en el riesgo de mortalidad. El hallazgo central fue que añadir solo cinco minutos diarios de actividad moderada, como caminar a 5 km/h, podría reducir un 10% las muertes en la mayoría de adultos. En quienes partían de niveles muy bajos de movimiento, el descenso sería del 6%.
El estudio también calculó el efecto de reducir el tiempo de inactividad. Disminuir media hora de sedentarismo al día se vincula con un 7% menos de mortalidad, mientras que si la reducción llega a una hora, el beneficio sube al 13%.
Los autores resaltaron que las ventajas fueron especialmente notorias en quienes llevaban un estilo de vida más inactivo. Además, insistieron en que no es necesario cumplir de forma estricta las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud para lograr mejoras significativas.
La OMS establece que los adultos deben realizar al menos 150 a 300 minutos de actividad física moderada a la semana o 75 a 150 minutos de actividad física vigorosa. Estas actividades deben alcanzar entre el 60% y el 80% del ritmo cardíaco máximo. Además, se recomienda complementarlas con ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos veces por semana.
Aliados
Otra investigación, publicada en eClinicalMedicine, evaluó el impacto combinado de tres factores: sueño, dieta y ejercicio. Con datos de casi 60.000 participantes del Biobanco del Reino Unido, una base de datos masiva que comenzó a reclutar participantes en 2005 y recopila datos sobre salud, estilo de vida y demografía, los científicos desarrollaron un modelo estadístico que reveló un fenómeno interesante.
Durante una semana, las personas llevaron dispositivos de muñeca para registrar sueño y movimiento, considerando ejercicio la actividad física moderada o intensa. La calidad de la dieta se puntuó de 0 a 100 según sus respuestas, valorando con más puntos el consumo frecuente de frutas y la ausencia de bebidas azucaradas. Como grupo de referencia se tomaron quienes tenían los peores hábitos: dormían 5,5 horas por noche, realizaban 7,3 minutos diarios de ejercicio y alcanzaban una puntuación de 36,9 en calidad de dieta.
Si bien cualquiera puede obtener beneficios de pequeños cambios en el estilo de vida, el estudio encontró que quienes presentaron los peores hábitos, las siguientes mejoras mínimas en los tres frentes podrían sumar un año de vida: cinco minutos extra de sueño por noche y 1,9 minutos adicionales de ejercicio al día y un aumento de 5 puntos en la puntuación de calidad de la dieta, como media porción adicional de verduras o 1,5 porción de cereales integrales al día.
El grupo no saludable que no realizó o no pudo realizar mejoras en las tres áreas podría ver el mismo aumento de un año en su esperanza de vida si obtuviera: 25 minutos extra de sueño por noche o 2,3 minutos extra de ejercicio al día o un aumento de 35,5 puntos en la puntuación de calidad de la dieta.
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Combinación óptima
“Todos esos pequeños comportamientos que cambiamos pueden realmente tener un impacto muy significativo, y se acumulan con el tiempo para hacer una gran diferencia en nuestra longevidad”, afirmó el autor principal del estudio, Nicholas Koemel, dietista registrado e investigador.
Según la investigación, los participantes con peores hábitos de salud podrían aumentar su esperanza de vida en cuatro años, si realizaran una combinación de: 24 minutos extra de sueño por noche, 3,7 minutos adicionales de ejercicio al día y un aumento de 23 puntos en la puntuación de calidad de la dieta, como una taza adicional de verduras por día, una porción de cereales integrales por día y dos porciones de pescado por semana.
El análisis fue más allá y propuso una combinación óptima que se asociaron con una década adicional de vida: 180 minutos extra de sueño por noche, 24,9 minutos adicionales de ejercicio al día y un aumento de 35 puntos en la puntuación de calidad de la dieta.
Así, caminar unos minutos más, dormir mejor o sumar verduras al plato pueden ser pasos accesibles hacia una vida más larga y saludable.
“El mensaje se trata de dónde damos ese primer paso y de buscar cómo podemos crear oportunidades sostenibles que sean más accesibles para algunas personas”, dijo Koemel.

