Biotecnología: por qué la raíz del hongo puede revolucionar la industria

Se desarrolló un material biodegradable a partir de hongo, capaz de reemplazar al telgopor y reintegrarse al suelo en menos de 60 días, en línea con las tendencias globales hacia materiales regenerativos.

hongo

El universo de los hongos se convirtió en una de las tendencias más relevantes de la biotecnología contemporánea por su capacidad de aportar soluciones en áreas tan diversas como la medicina, la arquitectura, el diseño industrial y la moda. En ese escenario, el micelio —la estructura subterránea de los hongos— se consolidó como un material clave para la producción sostenible, debido a su capacidad para sintetizar moléculas complejas y transformar residuos en recursos útiles. A escala global, Europa y Estados Unidos avanzan en políticas que promueven materiales regenerativos, que no solo reducen su impacto ambiental, sino que también contribuyen a mejorar el suelo.

La búsqueda de alternativas en un mundo saturado de plásticos

Cada año se producen unas 380 millones de toneladas de plástico. A pesar de iniciativas estatales, empresariales y sociales destinadas a reducir su uso, su impacto ambiental sigue siendo crítico. Según la guía “Los Plásticos en la economía circular”, apenas entre 0,7% y 0,15% de los envases corresponden a materiales biodegradables. Frente a este panorama, distintos países impulsan el desarrollo de materiales regenerativos que, además de su biodegradación, aporten nutrientes al suelo y disminuyan su huella de carbono.

En ese contexto surgió el trabajo de la diseñadora industrial argentina Denise Pañella, egresada de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Su propuesta consiste en un material elaborado a partir de micelio, capaz de reemplazar embalajes tradicionales y reintegrarse a la tierra en un plazo de 45 días. Desde su emprendimiento, Pañella busca resolver un problema que considera central en la producción moderna: que la vida útil del envase supere a la del producto que contiene.

“Cuando creamos un objeto, la función, la estética y el impacto ambiental se piensan como un mismo sistema, no como decisiones separadas. El micelio, que es el corazón de nuestro trabajo, nos obliga a mirar todo de manera más orgánica: el material tiene su propia lógica, su tiempo, su lenguaje. El diseño no se impone, se adapta y dialoga con eso”, explicó.

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Cómo se cultiva un envase a base de micelio

El proceso de fabricación combina biotecnología y aprovechamiento de residuos. El micelio se alimenta de desechos agrícolas reciclados, provistos por productores locales. Esa mezcla se coloca en moldes donde el hongo crece bajo condiciones controladas hasta formar una matriz firme y completamente biodegradable.

Una vez alcanzada la forma definitiva, el material se somete a un secado que detiene su crecimiento y le otorga características funcionales: rigidez, bajo peso, aislamiento térmico, resistencia al agua y ausencia total de plásticos. Por estas propiedades, se presenta como una alternativa al telgopor y a otros materiales que, aun siendo biodegradables, pueden dejar microplásticos o residuos tóxicos.

Mientras muchos embalajes de un solo uso permanecen siglos en el ambiente, los objetos producidos con este material se reintegran al suelo en 45 a 60 días. “Venimos a resolver una contradicción de la era industrial: que un envoltorio descartable dure más que el objeto que protege”, señaló Pañella.

Un material con múltiples posibilidades

Para la diseñadora, el potencial del micelio recién comienza a explorarse. “El micelio tiene un potencial enorme: estamos recién empezando a explorar todo lo que puede hacer. Sus aplicaciones van mucho más allá del packaging; es un material vivo con posibilidades en múltiples industrias”, concluyó.

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