El presidente estadounidense logró que Israel y Hamás firmaran un cese del fuego, pero ahora enfrenta el desafío más complejo: consolidar una paz duradera en Medio Oriente.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, consiguió esta semana una victoria diplomática clave al lograr la firma del acuerdo de cese del fuego y liberación de rehenes entre Israel y Hamás, según informó la agencia Reuters. La ceremonia se realizó en Sharm el-Sheikh, Egipto, con la presencia de líderes internacionales que respaldaron la iniciativa. Trump, que se define como un “pacificador”, celebró el inicio de un proceso que considera “el primer paso hacia una paz duradera”. Sin embargo, la fase que ahora comienza promete ser la más difícil de todo el plan.
De acuerdo con Reuters, Trump logró convencer al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, de aceptar el marco del acuerdo luego de intensas negociaciones. También persuadió a países árabes aliados para que presionaran a Hamás en favor de la liberación de todos los rehenes israelíes. Aun así, diplomáticos advierten que el presidente estadounidense deberá mantener la presión sobre Netanyahu para avanzar hacia los próximos puntos del plan. Analistas señalan que los vínculos entre ambos líderes han oscilado entre la cooperación y la tensión.
Profundas diferencias entre Israel y Hamás
Reuters indicó que Israel y Hamás continúan profundamente divididos respecto del plan de 20 puntos propuesto por Trump. Uno de los aspectos más conflictivos es el desarme del grupo islámico y su exclusión del futuro gobierno de Gaza. Aunque Hamás aceptó el acuerdo general, su respuesta oficial evitó referirse a estos puntos concretos, lo que genera dudas sobre su cumplimiento. Jon Alterman, experto del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington, advirtió que “es difícil recordar un acuerdo internacional con tantos temas sin resolver”.
El plan fue posible gracias a un documento deliberadamente impreciso, explican diplomáticos citados por Reuters. Esa vaguedad permitió que ambas partes lo firmaran, pero deja abierta una larga lista de cuestiones pendientes. Los aliados de Netanyahu dentro de su coalición, como Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich, criticaron el alto el fuego y amenazaron con abandonar el gobierno. Para el analista Nimrod Goren, de Mitvim, “Netanyahu deberá equilibrar la presión internacional con su propia supervivencia política”.
Una paz frágil y un Trump más firme
Según Reuters, Trump incrementó su influencia sobre Netanyahu gracias a su apoyo incondicional a Israel en temas clave. Durante su mandato, reconoció a Jerusalén como capital israelí y a los Altos del Golán como parte del país. Esta estrategia, señalaron funcionarios estadounidenses, fortaleció su posición como mediador. “Ha apoyado a Israel al 100 %, y gracias a eso ha podido guiarlos en la dirección correcta”, comentó un alto funcionario citado por la agencia.
En las últimas semanas, Trump mostró un tono más enérgico hacia Netanyahu. Lo obligó a disculparse con Qatar por un ataque fallido contra negociadores de Hamás y lo presionó para que firmara el acuerdo pese a sus reservas. Alterman explicó a Reuters que Trump “es más popular en Israel que el propio Netanyahu” y que podría “impulsar o sabotear” su futuro político. Sin embargo, las elecciones israelíes del próximo año podrían alterar la frágil dinámica que sostiene el pacto.
El desafío del cumplimiento del acuerdo
El intercambio de veinte rehenes israelíes vivos por cerca de dos mil prisioneros palestinos fue solo el inicio del proceso. La segunda fase del acuerdo contempla el desarme de Hamás, la destrucción de su infraestructura militar y el retiro progresivo de las tropas israelíes de Gaza. Estados Unidos anunció que enviará 200 soldados para supervisar el cumplimiento de lo firmado. Además, se desplegará una fuerza internacional temporal compuesta por personal árabe, europeo y estadounidense.
Said Chaya, coordinador del Núcleo de Estudios en Medio Oriente de la Universidad Austral, señaló a TN que será clave observar “la reacción de los países de la región” y “el modo en que se produzca el retiro de las tropas israelíes”. Chaya expresó dudas sobre la continuidad del proceso, especialmente por declaraciones de Netanyahu en las que mencionó avanzar sobre Cisjordania. Según el experto, esas palabras “no parecen compatibles con un discurso de paz”.
Miradas desde el mundo árabe y el futuro del plan
TN informó que Arabia Saudita, aliado estratégico de Estados Unidos, ya aclaró que la implementación del acuerdo no implica su adhesión a los Acuerdos de Abraham. Dichos pactos habían normalizado relaciones entre Israel y varios países árabes antes del ataque de Hamás de octubre de 2023. Analistas advierten que Netanyahu sigue siendo visto en buena parte del mundo árabe como “el destructor de Gaza”, lo que dificultará nuevos acercamientos diplomáticos. Aun así, observadores consideran que el liderazgo de Trump podría forzar avances.
La fase tres del plan, prevé la creación de un gobierno de transición integrado por tecnócratas palestinos y supervisado por una autoridad internacional encabezada por Trump y el ex primer ministro británico Tony Blair. Este órgano tendrá la misión de gestionar la reconstrucción de Gaza y garantizar la seguridad del enclave. La meta final, todavía incierta, será el reconocimiento mutuo de un Estado Palestino e Israel coexistiendo pacíficamente. Pero la oposición de Netanyahu a esa posibilidad mantiene en suspenso el sueño de una paz definitiva.

