El sismo en Myanmar dejó miles de muertos y agravó la crisis humanitaria en plena guerra civil; temen que haya más víctimas.

El terremoto de magnitud 7,7 que sacudió Myanmar el pasado 29 de marzo, dejó 2.719 muertos. La cifra podría superar los 3.000, según la junta militar gobernante. La catástrofe ocurrió en medio de una guerra civil que obstaculiza el acceso a las zonas más afectadas. Las tareas de rescate enfrentan enormes dificultades.
Min Aung Hlaing, jefe del régimen, informó que hay 4.521 personas heridas y al menos 441 desaparecidas. Las autoridades temen que la cifra de víctimas aumente. El sismo fue el más potente en Myanmar en más de cien años. Golpeó al país a plena luz del día, causando un colapso generalizado de infraestructuras.
En las regiones centrales, los rescatistas aún intentan encontrar sobrevivientes bajo los escombros. El daño en puentes y caminos retrasa la llegada de ayuda.
En paralelo, en Bangkok, un rascacielos en construcción colapsó tras el temblor. Equipos de emergencia buscan señales de vida entre los restos del edificio. Se confirmó que 13 personas murieron en esa obra. Otras 74 permanecen desaparecidas. La cifra total de fallecidos en Tailandia ya alcanza los 20.
Crisis humanitaria: sin agua ni refugio en las zonas devastadas
En Myanmar, miles de personas duermen a la intemperie. Tienen miedo de las réplicas. La mayoría perdió sus hogares y teme nuevos derrumbes. Organismos internacionales, como la ONU y el Comité Internacional de Rescate, denunciaron una situación desesperante. Falta agua potable, alimentos y asistencia médica urgente. “Las comunidades necesitan ayuda vital. No tienen acceso a saneamiento básico”, declaró un vocero de Naciones Unidas desde la zona del desastre.
En Mandalay, cercana al epicentro, voluntarios informaron que la gente se cobija en descampados. Muchos aún buscan a sus familiares desaparecidos por medios propios. Un hombre alquiló una excavadora para remover escombros y hallar el cuerpo de un empleado sepultado bajo su restaurante. No esperó ayuda oficial.
La guerra interna complica todo. Grupos rebeldes denunciaron que la junta militar continuó con ataques aéreos incluso después del terremoto. Amnistía Internacional exigió al gobierno permitir el ingreso libre de ayuda humanitaria. Afirmó que el Ejército obstaculiza la asistencia en zonas opositoras. “El régimen debe levantar las barreras administrativas que impiden evaluar las necesidades urgentes”, advirtió Joe Freeman, investigador de Amnistía en Myanmar.
La guerra civil agrava el impacto del desastre en Myanmar
El acceso a zonas afectadas por el sismo es casi imposible en algunas regiones. La violencia armada entre la junta y grupos rebeldes lo impide. El Comité Internacional de la Cruz Roja reconoció que no pueden llegar a muchos frentes. “Hay muchos problemas de seguridad”, declaró su representante.
El gobierno militar decretó una semana de duelo nacional. Mientras tanto, los enfrentamientos persisten. Las víctimas esperan entre ruinas y balas.
La oposición pidió que la ayuda internacional llegue directamente a la población. Temen que el régimen desvíe los suministros para sus propios fines.
“Estamos en una carrera contrarreloj para salvar vidas. Cualquier obstrucción será devastadora”, expresó el Gobierno de Unidad Nacional en un comunicado.
Las cifras de muertos varían según la fuente. Medios chinos aseguran que entre los fallecidos hay al menos tres ciudadanos de su país.
China, India, Tailandia, Malasia, Singapur y Rusia enviaron suministros y personal especializado para asistir a Myanmar. La ONU también activó su plan de ayuda. “Nuestros equipos en Mandalay están colaborando pese al trauma que sufrieron”, dijo Noriko Takagi, representante de la agencia de refugiados de Naciones Unidas.
El riesgo de nuevas réplicas se mantiene. La población continúa viviendo en condiciones precarias. Cada minuto sin ayuda representa una amenaza para los sobrevivientes.
La comunidad internacional exige el cese de la violencia. Solo así podrá desarrollarse una asistencia efectiva para quienes lo perdieron todo en el sismo.
En Bangkok, siguen buscando sobrevivientes bajo el rascacielos colapsado
En Bangkok, los equipos de rescate no detienen su trabajo. A pesar de las 72 horas transcurridas, siguen las labores bajo el rascacielos derrumbado. “Vimos formas humanas en los escáneres, pero sin signos vitales”, explicó Tavida Kamolvej, vicegobernadora de la ciudad. Aún así, no pierden la esperanza.

El voluntario Bin Bunluerit declaró que “hay unos 70 cadáveres debajo… pero quizás uno o dos estén vivos”. Los rescatistas trabajan contrarreloj.
Expertos de Estados Unidos e Israel colaboran con equipos locales para llegar al punto donde se detectaron cuerpos atrapados sin poner en riesgo vidas. Una joven de 19 años espera noticias de su hermano. “Solo tenemos que aceptar que las cosas serán como son”, dijo con resignación.
El gobierno tailandés inició una investigación sobre el derrumbe. Sospechan que parte del acero usado en la estructura era de baja calidad. Funcionarios del Ministerio de Industria confirmaron que realizarán más pruebas para establecer las causas. Aseguran que no descartan irregularidades en los materiales.

