Su primera experiencia fue en 2019, cuando llegó como estudiante de intercambio, luego de alojar en La Rochelle a la nicoleña Malena Armoa. Su apego con esa familia y el cariño por las tradiciones de nuestro país llevaron a Clémence Rulié, de 20 años, a decidir regresar, esta vez en plan de vacaciones. “Aquí son todos muy simpáticos y te hacen sentir bien desde el principio”, valoró antes de abordar hoy el avión que la llevará de regreso a suelo francés

Valentín Cúneo
[email protected]
Clémence Rulié tiene veinte años. Nació en Brive La Gaillarde (Francia), un lugar donde viven poco menos de cincuenta mil habitantes. Sin embargo, por el trabajo de sus padres, en su niñez tuvo varias mudanzas. Pasó por algunos sitios de la costa oeste del país, hasta llegar al lugar donde reside actualmente: La Rochelle, un espacio geográfico que se caracteriza por su actividad marítima, tiene dos puertos, uno antiguo y uno más moderno, que son el motor de la economía del lugar. Allí habitan aproximadamente setenta y cinco mil franceses.
Su familia la conforman su padre de 54 años, su madre de 47 y una hermana de 18. Sus progenitores son personas con estudios. En la actualidad, su papá es director de un colegio. Por otro lado, su mamá dirige un Museo de Historia. Ambos le dieron el cariño y la confianza que ella y su hermana pretendían y así fue como Clémence logró ser estudiante de intercambio.
En el año 2019 Rulié recibió a la nicoleña Malena Armoa, la ciudadana con la que pudieron conectar y forjar una amistad que enlazó las diferencias culturales. Malena con diecisiete años viajó de intercambio y se alojó en la casa de Clémence en La Rochelle. Compartieron tres meses de convivencia, experiencia y aprendizaje.
Luego fue el turno de la joven francesa, quien por vez primera viajó y conoció la ciudad de San Nicolás, con la misma edad que su amiga. Ese resultó el momento en que percibió y degustó eso que nosotros tenemos como algo habitual y que por momentos nos olvidamos de disfrutar: la comida, la nuestra, la que en el mundo es reconocida por el asado, los alfajores o el helado.
Sin embargo, Clémence asevera que siempre recordará nuestras milanesas de pollo y las empanadas. Sobre todo, las de jamón y queso.
Si bien ella destaca el afecto y la amabilidad con que la familia Armoa la recibió en ese primer encuentro de 2019, tiene muy presente y valora esa intensificación de sentimientos en esta oportunidad. Gracias a ellos recorrió Argentina, visitó las playas y otros sitios turísticos. La finalidad de este viaje fue visitar a Malena y su familia para pasar momentos de goce y relajación. No como estudiante de intercambio, como había sido en aquella oportunidad unos años atrás. “Elegí volver porque me gusta el ambiente, la comida, la gente, la música y las fiestas”, señaló.
También, compartió momentos en los lugares turísticos que la ciudad ofrece, en conjunto con eventos que promociona la Municipalidad. La ciudad la cautivó. Y también su gente: “Son todos muy simpáticos y te hacen sentir bien desde el principio”, expresó.
Al momento de publicarse esta nota, su avión de regreso la transportaba con una mirada que enfoca lo lejano. Por dentro reproduce recuerdos de unas semanas de intensa felicidad. Una vez en su hogar, continuará sus estudios de psicología, ya que se encuentra en el tercer año de la carrera.
Clémence, con mucho énfasis, subraya “la suerte” que tuvo de conocer a “tan maravillosa familia”. Ellos le abrieron las puertas para descubrir una nueva faceta que complementa su personalidad francesa con una esencia argenta que llevará consigo el resto de su vida.

