Centros de estética en alerta por subas de costos y menos turnos

Centros de estética bajo presión por la crisis económica

Centro de estética con baja concurrencia en medio de la crisis

NewsITe

Cancelaciones de último momento, insumos dolarizados y alquileres por las nubes conforman hoy un combo explosivo para los centros de estética y salones de belleza de la Ciudad de Buenos Aires. En un contexto de ajuste generalizado del consumo, la continuidad de muchos emprendimientos del sector pende de un hilo.

Dueñas de estudios de belleza consultadas describen una realidad atravesada por la caída en la frecuencia de turnos y la imposibilidad de trasladar por completo los aumentos de costos a la clientela. La consigna es sostener la calidad del servicio para no perder posicionamiento, aun cuando la rentabilidad se achica mes a mes.

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Antonella, responsable de Monique Studio, reconoce que los productos necesarios para trabajar se encarecen de manera constante, pero se resiste a abaratar la propuesta: prefiere que sus clientas la elijan por el resultado y no por el precio. Sin embargo, advierte un fenómeno que se repite: más personas piden turno por primera vez y luego cancelan por falta de dinero, algo que antes existía pero no con la intensidad actual.

En otros espacios, como el centro de estética VM, en Villa Urquiza, la dinámica es similar aunque con matices. Su titular, Vanesa, observa que las clientas priorizan lo visible: hacerse las manos sigue en agenda, pero muchas que antes asistían dos veces por mes ahora pasan solo una vez para recortar gastos. En tanto, Lorena, al frente de Tu Stylo, relata que el trabajo «bajó un montón» y que se multiplican las ausencias sin aviso previo, lo que agrega incertidumbre a la organización diaria.

Locales vacíos y el regreso a la atención en casa

La presión de los costos locativos se siente con fuerza en los principales corredores comerciales porteños. De acuerdo con un relevamiento del Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad (IDECBA) correspondiente al segundo cuatrimestre de 2026, la tasa de desocupación comercial trepó al 10,7%, lo que implica 1.388 locales vacíos.

En ese marco, cada vez más trabajadoras del rubro optan por cerrar sus locales a la calle y volver a atender en sus domicilios. Esta transición implica resignar visibilidad, pero permite reducir gastos fijos, postergar inversiones y sostener la actividad, al menos de manera acotada.

Turnos más espaciados y servicios premium en retroceso

Tratamientos que solían formar parte de una rutina mensual –como perfilado de cejas, lifting de pestañas o sesiones de masoterapia– se espacian ahora a 45 o 60 días. Los servicios premium y de mayor valor fueron los primeros en notar la retracción, lo que empuja a muchas profesionales a concentrarse en propuestas básicas.

Para sobrevivir en este contexto recesivo, los centros de estética apelan a promociones, planes de pago propios y descuentos en efectivo. El desafío es equilibrar esos incentivos con estructuras de costos cada vez más pesadas.

Insumos importados y tarifas: un combo difícil de sostener

El núcleo del problema se ubica en la cadena de suministros. La mayoría de los geles, cartuchos y equipos para rejuvenecimiento facial, depilación definitiva o tratamientos de alta complejidad son importados y están atados a las variaciones del tipo de cambio. A eso se suma el encarecimiento logístico, lo que deriva en listas de precios que cambian de manera permanente.

Las profesionales del sector señalan que esta volatilidad dificulta presupuestar tratamientos a mediano plazo, ya que el costo de los insumos puede variar entre la primera consulta y la concreción del servicio. Al mismo tiempo, el aumento de las tarifas de electricidad y gas golpea directo a la estructura de gastos: mantener equipos láser, sistemas de radiofrecuencia, climatización y esterilización encendidos implica boletas cada vez más elevadas.

«Mantener la persiana arriba se volvió un lujo para muchos locales de barrio, que hoy evalúan día a día si pueden seguir abiertos», resumen desde el sector.

Cuánto sale hacerse las manos y los pies en Buenos Aires

En este escenario, los valores de los servicios también se ajustaron. En un centro de estética promedio de la Ciudad de Buenos Aires, la manicuría tradicional con esmalte común –cada vez menos demandada porque muchas optan por hacerla en casa– tiene precios que parten desde los $12.000, según el estado de las uñas y el trabajo sobre cutículas y exfoliación.

El esmaltado semipermanente, elegido por su duración de hasta tres semanas, se ubica entre $25.000 y $38.000, con variaciones según la marca utilizada y tratamientos adicionales. El capping en gel o acrílico, pensado para reforzar la uña natural, se cobra entre $30.000 y $45.000.

En el segmento de mayor complejidad, las uñas esculpidas o extensiones en Soft Gel se mueven en un rango de $35.000 a $60.000, mientras que la belleza de pies va de $25.000 a $35.000. Los detalles decorativos y efectos especiales también suman: se cobran entre $2.000 y $5.000 por uña, y el retiro de un trabajo previo sin reesmaltado ronda entre $9.000 y $12.500.

Con este mapa de costos y consumo retraído, el futuro inmediato de los centros de estética aparece signado por la resiliencia, la creatividad comercial y la capacidad de adaptación a un público que ajusta cada vez más sus prioridades de gasto.

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