Una madre, una guerra y una búsqueda desesperada: el drama de una familia nicoleña

Julieta Santa Cruz lleva casi un año sin saber qué ocurrió con su hijo Leonel Mansilla, de 26 años, quien viajó a Ucrania para combatir contra las fuerzas rusas y desapareció durante una operación militar. Desde San Nicolás, reclama respuestas sobre su paradero y denuncia que recibió versiones contradictorias sobre una posible muerte. “Yo, como mamá, quiero la verdad de qué pasó con mi hijo”, expresó.

Julieta Santa Cruz, madre de Leonel Mansilla, nicoleño desaparecido en combate en la guerra entre Ucrania y Rusia.

De la redacción de EL NORTE
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La última vez que Julieta Santa Cruz recibió un mensaje de su hijo fue el 27 de noviembre de 2025. Leonel Mansilla le avisó que debía trasladarse a otra zona de Ucrania, que le cambiarían el chip del teléfono y que durante algunos días no podrían comunicarse. Antes de despedirse, le recordó una palabra clave que ambos utilizaban para reconocerse cuando retomaban el contacto, sin imaginar que aquella conversación marcaría el comienzo de una búsqueda desesperada.

Desde entonces, esta madre nicoleña vive entre la incertidumbre, las versiones contradictorias y la necesidad de conocer qué ocurrió con Leonel, quien había viajado al país europeo para incorporarse a las fuerzas que combaten contra Rusia. El 28 de noviembre, apenas un día después de aquel último mensaje, el joven fue reportado como desaparecido durante una operación militar en la región de Zaporiyia, mientras su familia comenzaba a recorrer un camino de consultas y reclamos que todavía no obtuvo respuestas definitivas.

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La historia fue reconstruida por el diario La Nación, que entrevistó a Julieta en San Nicolás y documentó el recorrido de su hijo desde que decidió viajar a Ucrania hasta su desaparición. “No tengo el video, no tengo cuerpo, no tengo nada”, expresó la mujer, quien conserva fotografías, conversaciones y documentos militares con la esperanza de encontrar información que permita esclarecer el destino del joven.

Leonel había ingresado a la Policía a los 19 años y trabajaba en Tigre. Su objetivo era reunir dinero para comprar una vivienda, pero consideraba que sus ingresos no le permitirían alcanzar esa meta. La posibilidad de cobrar un salario en dólares por combatir en Ucrania terminó por convencerlo y, en apenas quince días, organizó el viaje con sus ahorros, pese a los intentos de su familia por hacerlo cambiar de opinión.

El joven llegó a Ucrania el 2 de agosto de 2025, después de pasar por Estambul, y se incorporó a una unidad conocida como Avance, integrada principalmente por combatientes brasileños y algunos argentinos. Su intención era regresar en febrero, una vez cumplido el período mínimo de permanencia que creía establecido, pero las condiciones que encontró estuvieron lejos de las expectativas con las que había partido.

Último contacto

Según relató su madre, Leonel pasó varios meses sin cobrar y le transmitió situaciones de presuntos malos tratos dentro del grupo militar. La última videollamada entre ambos ocurrió el 22 de noviembre, día del cumpleaños de Julieta, apenas seis días antes de que el joven desapareciera durante una misión.

La situación se agravó después de la muerte de Elton, un compañero brasileño que perdió la vida el 25 de noviembre. Leonel le había contado a su madre que consideraba que habían sufrido una emboscada y, pocos días después, fue enviado a otra operación sobre la que su familia recibió explicaciones diferentes. Primero le dijeron que debían recuperar el cuerpo del compañero fallecido y posteriormente que se trataba de un ataque contra una trinchera.

Desde entonces, Julieta escuchó relatos que atribuyen la posible muerte de su hijo a disparos rusos, mientras otros mencionan que habría recibido un disparo por la espalda efectuado por un integrante de su propia unidad. Ninguna de esas versiones pudo comprobarse y, hasta el momento, la documentación oficial que recibió la familia mantiene a Leonel en condición de desaparecido.

Desde San Nicolás

La falta de información llevó a Julieta a contactar a compañeros de combate, intermediarios y personas vinculadas con las fuerzas ucranianas. También reunió correos electrónicos, documentos militares y testimonios de quienes aseguraban conocer las circunstancias de la desaparición, aunque cada nueva comunicación terminó aportando más interrogantes que certezas.

Entre las personas con las que intentó comunicarse figura Enrique Fabián Castro, un argentino que participa en el reclutamiento de voluntarios para Ucrania. Según contó la mujer a La Nación, Castro le había asegurado que disponía de información sobre Leonel y ambos llegaron a reunirse en Buenos Aires, donde ella llevó una bandera y una fotografía enmarcada de su hijo, pero posteriormente dejó de recibir respuestas.

La familia también cuestiona el destino de las pertenencias personales y del dinero que el joven tenía en Ucrania. Julieta aseguró que una conocida llamó al teléfono de Leonel y que otra persona respondió, mientras que también recibió información sobre una mochila en la que su hijo guardaba fotografías familiares y otros recuerdos que todavía intenta recuperar.

Otra posibilidad que surgió durante la búsqueda fue aportar una muestra de ADN para compararla con restos de combatientes que permanecen sin identificar. Sin embargo, la madre continúa sin acceder a una prueba concluyente sobre una eventual muerte y tampoco pudo mantener una conversación con el comandante de la unidad a la que pertenecía su hijo.

Argentinos que viajaron por dinero y familias que esperan respuestas

El drama de esta familia nicoleña forma parte de una problemática más amplia que involucra a ciudadanos argentinos que viajaron a combatir en Ucrania. Una investigación de La Nación identificó a 70 argentinos vinculados con el conflicto, entre ellos 57 combatientes o excombatientes con vida y otros 13 reportados como muertos o desaparecidos entre 2024 y 2026, aunque no todos los casos cuentan con confirmación oficial.

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