Bloqueo cruzado en la ONU frena elección del nuevo secretario general

Vetos cruzados paralizan la sucesión en Naciones Unidas

Sala del Consejo de Seguridad de la ONU durante una sesión

NewsITe

En su sexta votación secreta, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas volvió a fracasar en el intento de consensuar al próximo secretario general, en un escenario dominado por la puja de poder entre Estados Unidos y China, con Rusia como actor clave. A menos de tres meses de que finalice el mandato de António Guterres, la ONU atraviesa una de las crisis políticas más profundas en su proceso de selección de autoridades.

Los nombres de Rebeca Grynspan, Carolyn Rodrigues-Birkett y el argentino Rafael Grossi volvieron a encabezar las preferencias, pero todos quedaron bloqueados por vetos de miembros permanentes del Consejo. La votación expuso así un tablero diplomático atravesado por rivalidades geopolíticas, reclamos de representación y viejos conflictos aún abiertos.

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Según los resultados oficiales, Grynspan recibió 9 votos a favor, 5 en contra y 2 vetos; Rodrigues-Birkett obtuvo 8 respaldos, 6 rechazos y también 2 vetos; mientras que Grossi sumó 8 apoyos, 6 votos en contra y 2 vetos. Cualquier veto de los cinco miembros permanentes —Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido— alcanza para sepultar de forma inmediata a un candidato en esa ronda, aunque la normativa le permite volver a competir en futuras instancias.

Un cambio en el mecanismo que blanqueó los vetos

Por primera vez en este proceso, el Consejo de Seguridad introdujo una modificación clave: los países con asiento permanente votaron con boletas rojas y los diez miembros no permanentes, con boletas blancas. En las cinco rondas previas, las papeletas eran idénticas y los vetos quedaban mezclados entre los simples rechazos, lo que alimentaba el margen de especulación diplomática.

El nuevo mecanismo permitió identificar con claridad el origen de los apoyos y de las objeciones. De esa manera se confirmó que Grynspan y Rodrigues-Birkett contaron con el respaldo de tres miembros permanentes cada una, mientras que Grossi reunió el apoyo firme de dos de ellos. Sin embargo, los vetos cruzados mantienen bloqueada cualquier posibilidad de acuerdo.

Género, equilibrio regional y disputa de potencias

Detrás de los números se libra una pulseada más amplia. La Casa Blanca impulsa fuertemente la candidatura de Rafael Grossi, en sintonía con el respaldo del gobierno argentino, mientras China y Rusia priorizan la designación de una mujer, alineados con reclamos históricos del llamado Sur Global. Los países BRICS —Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica— ya habían advertido en su última cumbre que nunca una mujer ocupó la Secretaría General y que América Latina, el Caribe y África tuvieron una presencia marginal en la cúpula de la organización.

En ese contexto, los votos de China y Rusia convergen en torno a Rebeca Grynspan, cuyo perfil multilateral genera expectativas en ambas capitales. Al mismo tiempo, la candidatura de Carolyn Rodrigues-Birkett recibe el patrocinio estratégico de Pekín y Moscú, aunque arrastra un veto prácticamente irreversible de Washington, que no olvida sus elogios públicos a Fidel Castro durante su paso por la Cancillería de Guyana.

Malvinas, un escollo para el argentino Grossi

La postulación de Rafael Grossi aparece atravesada por un conflicto histórico para la Argentina: la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas. El Reino Unido, que ocupa el archipiélago desde 1833 y se niega a discutir los derechos argentinos, resiste la posibilidad de que un diplomático argentino llegue a la máxima conducción de la ONU. Si Londres termina de sellar su veto, la candidatura de Grossi quedará definitivamente descartada, incluso frente al apoyo sostenido de Estados Unidos, Francia y otros aliados occidentales.

Con los tres postulantes principales sin margen para revertir por sí solos los vetos que enfrentan, el desenlace del proceso queda atado a una negociación de alto nivel entre Washington y Pekín. La disputa excede la política interna de la ONU y se conecta con la competencia por la hegemonía tecnológica, el control de minerales críticos y la influencia en los mercados globales.

Con apenas 76 días por delante hasta el final del mandato de António Guterres, la ONU se adentra en una cuenta regresiva cargada de incertidumbre y sin un nombre de consenso a la vista.

En este clima de bloqueo diplomático, las próximas rondas de votación serán decisivas para medir si las potencias pueden dejar de lado sus diferencias estratégicas y acordar un liderazgo que encamine a Naciones Unidas en un escenario internacional cada vez más fragmentado.

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