Tres de cada cuatro chicos consideran que el estudio junto a sus padres es clave para su aprendizaje

RELEVAMIENTO INTERNACIONAL

La investigación Family First Global Survey se realizó en 15 países y participaron más de 18.000 personas. Argentina y Brasil fueron las dos naciones latinoamericanos incluidas. Además de cuestiones académicas y vinculadas a la tecnología, el 71% de los niños y adolescentes de nuestro país afirma que frecuentemente aprende valores y habilidades para la vida junto a su familia. El resultado supera por 11 puntos el promedio global.

El estudio Family First Global Survey se realizó a comienzos de año y participaron más de 18.000 personas de quince países, incluyendo a 6000 niños y adolescentes de entre 9 y 18 años, además de jóvenes, padres y abuelos. Argentina y Brasil fueron las dos naciones latinoamericanas incluidas. La encuesta se realizó online y cada país tuvo el mismo peso en los promedios globales, independientemente de su población.

El 71% de los chicos argentinos afirma que frecuentemente aprende en su familia determinados valores y habilidades para la vida. El promedio mundial es bastante menor: 60%. Brasil registra un 72% y Nigeria un 74%, mientras que países como Reino Unido alcanzan el 43% y Australia el 48%. En la Argentina la familia conserva una capacidad formativa particularmente fuerte.

El dato adquiere otra dimensión al observar el panorama general de los vínculos familiares. En el Global Family Bonding Index, que utiliza la Fundación Varkey, que combina indicadores funcionales y emocionales de la vida familiar, Argentina obtuvo 63,9 puntos y quedó en el puesto 12 entre los 15 países relevados.

Este índice toma en cuenta, entre otros factores, las actividades compartidas, las comidas familiares, el tiempo juntos, los obstáculos para encontrarse, la cercanía emocional, la comunicación y la capacidad de las familias para afrontar dificultades.

Tareas educativas y tiempo de calidad

El estudio muestra que ese acompañamiento sigue teniendo un peso gravitatorio. Los padres argentinos dicen dedicar en promedio 4,2 horas semanales a ayudar a sus hijos con cuestiones educativas, como las tareas o la lectura. El promedio de los quince países relevados es de 4,1 horas.

Los datos describen una familia presente que continúa desempeñando un papel importante en la formación de los chicos y que, al mismo tiempo, está aprendiendo a convivir con nuevas formas de comunicación, entretenimiento y atención.

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Los padres argentinos reportan un promedio de 7,4 horas semanales de tiempo de calidad en familia, prácticamente en línea con el promedio global de 7,5 horas.

Las pantallas, un desafío

A nivel global, el 51% de los padres siente que compite con los dispositivos por la atención de sus hijos. Pero el fenómeno no corre en una sola dirección: los chicos también observan a los adultos mirando sus teléfonos. La investigación muestra que la cuestión no puede reducirse al estereotipo del adolescente permanentemente conectado.

El 67% de los niños y adolescentes argentinos afirma que las pantallas interfieren al menos algunas veces con las conversaciones familiares, diez puntos por encima del 57% registrado a nivel global. Argentina se encuentra entre los países con mayor percepción de esa interferencia, junto con Australia, con 65%, y Brasil, con 64%.

La mirada de los propios chicos profundiza ese desafío: el 50% de los argentinos quisiera pasar más tiempo con su familia sin teléfonos. En una vida cotidiana cada vez más atravesada por dispositivos, la demanda plantea una cuestión que alcanza tanto al hogar como a la educación: cómo preservar espacios de conversación, atención y encuentro que permitan fortalecer los vínculos y acompañar el desarrollo de niños y adolescentes.

Hay algo todavía más interesante en el caso argentino: los propios chicos expresan el deseo de reservar determinados momentos para estar juntos sin teléfonos. Según el informe completo, el 61% de los niños y adolescentes argentinos dice que quisiera pasar más tiempo en familia sin teléfonos.

Family First es un movimiento global impulsado por Sunny Varkey, fundador de Fundación Varkey, para fortalecer los vínculos intergeneracionales entre niños, niñas, madres, padres, abuelos y abuelas, con el objetivo de construir comunidades más sólidas entre generaciones.

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