Polémica por la fe en el cierre de la campaña brasileña

NewsITe
En la recta final hacia las elecciones del próximo domingo en Brasil, la campaña entró en una fase de alta tensión marcada por la religión. Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, dos de los principales aspirantes, protagonizan un cruce de acusaciones que expone el peso decisivo del llamado “voto religioso” en la mayor democracia de América Latina.
La controversia se disparó cuando Lula mencionó versiones difundidas en redes sociales que atribuían a Bolsonaro la intención de quitarle a Nossa Senhora Aparecida el título de patrona de Brasil. Desde el entorno del candidato derechista desmintieron de plano esa posibilidad y calificaron las versiones como maniobras para erosionar su imagen ante el electorado creyente. El templo dedicado a la virgen, uno de los santuarios católicos más grandes del mundo, es un símbolo central de la fe brasileña.
Los estudios de opinión señalan que los católicos, mayoría en el país, se inclinan mayoritariamente por Lula. Una encuesta del instituto Quaest indica que el 48% de los católicos piensa votar al líder de izquierda, contra el 29% que se inclinaría por Bolsonaro. En ese universo, el mito de Nossa Senhora Aparecida —que se remonta a 1717, cuando tres pescadores habrían visto sus redes colmarse de peces tras rescatar una pequeña imagen de madera de la virgen— refuerza la sensibilidad alrededor de cualquier intento de modificar su estatus.
El voto evangélico, un factor clave en una elección reñida
El escenario se invierte entre los evangélicos, un grupo en rápido crecimiento en Brasil. Allí, Bolsonaro obtiene el 46% de la intención de voto frente al 27% de Lula, siempre según Quaest. Este segmento ya representa cerca del 30% de la población y es considerado determinante en una contienda muy pareja, especialmente en la segunda vuelta prevista para el 25 de octubre.
Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, se apoya en un electorado evangélico históricamente más alineado con posiciones conservadoras en temas como el aborto y la agenda de costumbres. “Todo el mundo sabe que respeto las religiones. ¡A todas!”, se defendió frente a las acusaciones, al tiempo que denunció la existencia de “fake news” impulsadas por sus adversarios políticos.
Parte de la polémica se alimentó de un viejo proyecto legislativo presentado en 2007 por un diputado cercano al bolsonarismo, en el que se proponía modificar el patronato mariano. Aunque la iniciativa quedó archivada y no hay declaraciones recientes de Flávio Bolsonaro en ese sentido, su reapertura en redes sociales potenció la desconfianza en sectores católicos y dinamizó el enfrentamiento discursivo.
La disputa por la fe y los desafíos para la izquierda
En este contexto, especialistas en religión advierten que la izquierda llega tarde al diálogo con las comunidades evangélicas. Magali Cunha, del Instituto de Estudios de Religión, sostiene que existe “una dificultad de la izquierda en escuchar a esa población” y que los períodos entre campañas son aprovechados por grupos conservadores para consolidar su influencia dentro de las iglesias.
Según Cunha y otros analistas, el lenguaje directo y la presencia permanente de los líderes evangélicos más conservadores les permite mantener un vínculo intenso con las bases, especialmente en barrios populares y en el interior del país. En contrapartida, los mensajes de Lula y sus aliados se perciben muchas veces como esporádicos y ligados únicamente al calendario electoral.
Las encuestas muestran que Bolsonaro aventaja a Lula por alrededor de 30 puntos entre los evangélicos, una brecha que la campaña del exmandatario busca reducir a contrarreloj. En particular, las miradas se posan sobre las mujeres evangélicas, consideradas más moderadas y potencialmente decisivas para inclinar la balanza en un escenario extremadamente ajustado. El resultado final no solo definirá el rumbo político de Brasil, sino también el rol que las iglesias seguirán desempeñando en la vida pública del país vecino.

