La inflación baja en pesos, pero vivir cuesta cada vez más dólares: el nuevo escenario económico y su impacto en San Nicolás

CUANDO LA ESTABILIDAD MACROECONÓMICA NO BAJA AL BOLSILLO

Mientras el IPC desaceleró hasta el 1,7% en agosto, los precios internos acumularon aumentos muy superiores a la evolución del dólar. El fenómeno encareció el costo de vida medido en moneda estadounidense y ya se refleja en San Nicolás en gastos centrales como combustible, alquileres, expensas y educación.

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De la redacción de EL NORTE
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La economía argentina atraviesa un escenario muy diferente al de los últimos años. La inflación mensual perdió velocidad y los precios, aunque continúan aumentando, ya no muestran los saltos en pesos que marcaron buena parte de los años anteriores. Sin embargo, esa desaceleración convive con otro proceso que se vuelve cada vez más visible en el bolsillo: como el dólar avanzó mucho menos que el costo de numerosos bienes y servicios, vivir en Argentina se volvió considerablemente más caro cuando esos mismos gastos se miden en moneda estadounidense.

El mes de Agosto cerró con una inflación del 1,7%. Esta cifra se encuentra muy lejos de los registros mensuales de dos dígitos que atravesó el país en los momentos de mayor inestabilidad. Pero ese porcentaje muestra a qué velocidad están aumentando ahora los precios y no cuánto cuestan después de las fuertes subas acumuladas durante los últimos años.

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En paralelo, el dólar avanzó bastante menos que buena parte de esos precios. El MEP se ubica actualmente en torno de los $1.530, una evolución que fue dejando cada vez más caros en moneda estadounidense distintos componentes del costo de vida. El resultado es una economía con aumentos mensuales más contenidos en pesos, pero con valores que ganaron peso cuando se los pasa a dólares.

En San Nicolás, ese escenario se traslada directamente al bolsillo. Los diversos relevamientos realizados durante 2026 por este medio sobre combustibles, alquileres, expensas y educación muestran que el nuevo escenario no se limita a los indicadores nacionales: aparece en gastos que una familia debe afrontar todos los meses.

El combustible: de menos de un dólar a casi US$1,40 por litro

El combustible permite observar con claridad cuánto cambió la relación entre precios y dólar. En 2023, después de la devaluación inicial del Gobierno de Milei, la nafta súper de YPF había alcanzado los $649 por litro en San Nicolás. Con un dólar MEP cercano entonces a $1.004, esos $649 equivalían a unos US$0,65 por litro.

La comparación adquiere sentido frente a los valores que alcanzó el combustible durante 2026. Los últimos relevamientos realizados por Diario EL NORTE en San Nicolás ubicaron la nafta súper por encima de los $2.100 por litro, con referencias cercanas a $2.130/$2.140 según la estación. Con el dólar financiero en torno de $1.530, cargar un litro representa actualmente alrededor de US$1,39.

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El precio de los combustibles es una de las expresiones más claras del encarecimiento en dólares. En San Nicolás, el litro de nafta súper pasó de representar alrededor de US$0,65 en diciembre de 2023 a ubicarse actualmente cerca de US$1,40.

Incluso tomando como base el precio posterior a aquella devaluación de diciembre de 2023 —y no los $461 que regían previamente—, el litro de súper más que duplicó su valor medido en dólares. Una carga de 50 litros que entonces representaba aproximadamente US$32 hoy demanda cerca de US$69. La diferencia permite entender el fenómeno más allá de la variación mensual de la nafta: el combustible puede aumentar actualmente a un ritmo mucho menor que durante los años de mayor inflación. Pero al mismo tiempo, quedó instalado en un valor considerablemente superior cuando es medido en dólares.

El peso creciente de sostener una vivienda entre alquiler y expensas

La vivienda muestra otra cara del mismo escenario. Aquí aparece una particularidad que durante 2026 comenzó a hacerse evidente en San Nicolás: los precios aumentaron mientras la capacidad de pago empezó a ponerle un límite al mercado. Un informe publicado por Diario EL NORTE a comienzos de septiembre mostró que actualmente existe una mayor oferta de departamentos y que las propiedades tardan más tiempo en conseguir inquilinos.

Los valores actuales permiten dimensionar esa dificultad. En el centro de San Nicolás, los monoambientes rondan los $350.000, los departamentos de un dormitorio se ubican alrededor de $470.000. Los de dos dormitorios alcanzan aproximadamente $600.000. Al dólar financiero actual, estos últimos representan alrededor de US$307 y US$392 mensuales, respectivamente.

Pero el alquiler cuenta solamente una parte del gasto. Otro informe publicado este mes reveló que las expensas acumularon una suba del 35% durante 2026 y actualmente rondan entre $60.000 y $70.000 para un departamento de un dormitorio, $85.000 para uno de dos y cerca de $120.000 para unidades más grandes. Así, un departamento céntrico de un dormitorio puede demandar alrededor de $530.000 mensuales entre alquiler y expensas, antes de sumar electricidad, gas, internet y el resto de los servicios.

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Alquileres y expensas ganaron peso dentro del presupuesto de los hogares nicoleños: un departamento céntrico de un dormitorio puede demandar actualmente alrededor de $530.000 mensuales.

Se trata de aproximadamente US$346 al cambio financiero actual. El número ayuda a explicar por qué la incapacidad de pago se convirtió en uno de los principales obstáculos para cerrar nuevos contratos en el mercado inmobiliario nicoleño.

Educación y gastos esenciales: cuando la inflación no alcanza para explicar el bolsillo

La educación privada también ganó espacio dentro del presupuesto familiar. Un informe publicado este medio el pasado mes de agosto mostró que las cuotas de septiembre en establecimientos con aporte estatal parten de entre $80.000 y $90.000 en los colegios primarios más accesibles, pero pueden alcanzar los $230.000 según el nivel de subvención y la carga horaria. En secundaria, los valores se ubican entre aproximadamente $100.000 y $280.000 mensuales.

Convertidos al dólar actual, representan desde unos US$52 hasta más de US$180 por alumno, sin considerar actividades extracurriculares u otros gastos que pueden sumarse durante el ciclo lectivo. Para una familia que debe afrontar más de una cuota, el peso de la educación sobre el presupuesto mensual adquiere naturalmente otra dimensión.

El contraste con el dato general de inflación aparece también en los gastos más básicos. Mientras el IPC aumentó 1,7% en agosto, tanto la Canasta Básica Alimentaria como la Canasta Básica Total avanzaron 2,6% durante el mismo mes; la primera acumula una suba interanual del 39,6% y la segunda, del 38,3%.

El IPC muestra, en definitiva, el promedio de una economía en la que los precios desaceleraron. Pero ese 1,7% no refleja fielmente lo que ocurre con los principales gastos de un hogar. Vivienda, alimentos, transporte, salud y educación ocupan una parte sustancial del presupuesto familiar y pueden registrar variaciones diferentes al índice general. A eso se suma que la desaceleración actual parte de precios que ya incorporaron las fuertes subas acumuladas durante los últimos años. Y que resultan considerablemente más caros cuando se los mide en dólares.

Más salario en dólares, ¿mayor poder de compra?

La estabilidad cambiaria también produjo una situación que puede resultar paradójica. Si un salario continúa actualizándose en pesos mientras el dólar avanza más lentamente, ese ingreso pasa a representar una cantidad mayor de dólares. Visto únicamente desde esa conversión, muchos trabajadores argentinos hoy cobran bastante más en moneda estadounidense que algunos años atrás.

Pero salario en dólares y poder adquisitivo no son necesariamente la misma cosa. Quien cobra más dólares también debe destinar más dólares para llenar el tanque, alquilar una vivienda, pagar expensas, afrontar una cuota educativa o contratar determinados servicios. La verdadera capacidad de compra depende, en definitiva, de cuánto avanzaron los ingresos frente al conjunto de precios que cada hogar debe pagar.

El encarecimiento de bienes y servicios esenciales obliga a destinar una porción creciente de los ingresos para sostener el costo de vida. Así, aunque muchos salarios representan hoy más dólares que algunos años atrás, esa mejora nominal no equivale necesariamente a un mayor poder adquisitivo.

Ahí aparece el otro lado de una transformación económica que es concreta. Argentina consiguió bajar considerablemente la velocidad de los aumentos y el 1,7% de agosto está muy lejos de la dinámica inflacionaria que dominó años anteriores; pero esa desaceleración llegó después de un proceso que dejó muchos precios internos en otro escalón y con un dólar que avanzó bastante menos.

En San Nicolás, esa diferencia ya puede medirse sin recurrir solamente a grandes indicadores económicos. Está en el litro de nafta que ronda los US$1,40, en los más de US$300 que puede demandar un alquiler céntrico o en cuotas educativas que superan los US$180 mensuales. Todas variables que marcan decisivamente la diferencia en el bolsillo de las familias, que comienzan a endeudarse a niveles récord.

El costo de vida dentro de una economía retraída

Así, detrás de los indicadores que muestran una economía más estabilizada, aparece una realidad mucho más áspera para los hogares: vivir se encareció en dólares y sostener los consumos esenciales exige hoy un esfuerzo mayor sobre los ingresos. Esa presión sobre el poder adquisitivo convive, además, con despidos, caída de la demanda y del consumo. Esto se relaciona directamente con la marcada retracción de distintos sectores de la actividad económica -los que más empleo generan-. Y todo esto, a su vez, en medio de una creciente competencia de las importaciones sobre la producción nacional.

El resultado final es un escenario económico complejo, en el que la estabilidad alcanzada todavía no se traduce en una mejora de la economía cotidiana. Y San Nicolás, por el peso de su actividad industrial, comercial y laboral, constituye una expresión concreta y particularmente visible de este fenómeno.

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