Efecto bolsillo y cambio cultural: por qué la convivencia desplaza al casamiento en San Nicolás

SOCIEDAD

Entre enero y agosto de 2026 se registraron 310 uniones convivenciales frente a 276 matrimonios en la ciudad. Los datos del Registro Provincial de las Personas reflejan un cambio histórico impulsado por la búsqueda de esquemas legales más flexibles, económicos y de rápida tramitación.

De la redacción de EL NORTE
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El Registro Provincial de las Personas reveló un cambio significativo en las tendencias de formalización de parejas en la ciudad. Entre enero y agosto de este año, se inscribieron 310 uniones convivenciales frente a 276 matrimonios, consolidando una preferencia creciente por esquemas legales más flexibles y de rápida tramitación.

El desagregado mensual muestra que el matrimonio mantiene picos de popularidad en la temporada estival, registrando su máximo en enero con 51 actas, para luego descender notablemente en los meses fríos, tocando su piso en mayo con apenas 17 celebraciones. Por su parte, las uniones convivenciales exhibieron un comportamiento mucho más estable a lo largo del período, sosteniendo un promedio de casi 39 registros mensuales y alcanzando sus puntos más altos en enero (51) y abril (49).

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Al analizar el estado civil previo de quienes deciden formalizar, los datos oficiales exponen diferencias interesantes. En los matrimonios, el 85% de los contrayentes eran solteros, el 12,2% divorciados y el 2,8% viudos. En contraste, quienes optaron por la unión convivencial presentaron un porcentaje de soltería aún mayor, alcanzando el 91%, mientras que un 7,6% eran divorciados y un 1,4% viudos.

Durante todo 2025 fueron 903 las parejas que en nuestro distrito formalizaron su vínculo ante el Registro de las Personas de la provincia de Buenos Aires. Los matrimonios fueron 491 y las uniones convivenciales, 412. La cifra representó una reducción del 13,29% respecto de las 1041 que lo habían hecho durante 2024.

Cambio cultural y económico

Especialistas en sociología familiar y derecho civil señalan que este fenómeno responde a una combinación de factores económicos y un profundo cambio en las pautas culturales de las nuevas generaciones. En primer lugar, la flexibilidad y la menor burocracia juegan un rol central. La unión convivencial, regulada por el Código Civil y Comercial, ofrece una protección jurídica inmediata para la vida en común —como la protección de la vivienda familiar o el acceso a la obra social— sin las complejas obligaciones patrimoniales y los potenciales costos de disolución que implica un divorcio en caso de separación.

Por otro lado, el factor socioeconómico resulta determinante. En el contexto actual, la prioridad de las parejas jóvenes se ha desplazado: prefieren destinar sus recursos económicos a la inversión en una vivienda, un proyecto independiente o viajes, antes que al gasto que representa la celebración y la fiesta de un casamiento tradicional.

Finalmente, existe un desapego a las formalidades tradicionales. La convivencia previa ya no es vista como un paso intermedio hacia el altar, sino como un fin válido en sí mismo. El alto porcentaje de solteros que eligen la unión convivencial (91%) demuestra que las nuevas parejas buscan resguardar sus derechos de forma práctica, priorizando la autonomía individual y la simplificación de los vínculos legales.

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