Dermatitis atópica en la infancia: una señal de alerta

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La dermatitis atópica, frecuente en los primeros años de vida, comienza a ser vista por la comunidad médica como algo más que una simple afección de la piel. Diversos estudios muestran que, en una proporción importante de pacientes, puede anticipar la aparición de otras enfermedades alérgicas, como rinitis, asma y cuadros respiratorios crónicos. Este recorrido clínico es conocido como “marcha atópica” y fue uno de los ejes centrales del encuentro científico InmunoXperience 2026, realizado en Buenos Aires y organizado por el laboratorio Sanofi.
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En el congreso, más de 400 dermatólogos, alergistas, neumonólogos y otorrinolaringólogos de toda Latinoamérica analizaron la magnitud de estas patologías en la región y la necesidad de detectarlas y tratarlas de manera temprana. La llamada inflamación tipo 2, un mecanismo inmunológico común que puede afectar tanto la piel como las vías respiratorias, se perfila como el hilo conductor de muchos de estos trastornos.
Los datos epidemiológicos son elocuentes. En dermatitis atópica, se registran prevalencias cercanas o superiores al 20% en niños de Ecuador y Colombia, mientras que en México el cuadro afecta a más del 10% de la población general. En Argentina, se estima que casi uno de cada diez niños padece esta enfermedad. A la vez, el asma y la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) muestran cifras preocupantes en Colombia, México y nuestro país, con millones de personas afectadas y un fuerte impacto en la calidad de vida y en los sistemas de salud.
La marcha atópica y la ventana de oportunidad
La llamada marcha atópica describe una trayectoria posible: comienza con piel seca, irritada o con eccema en la infancia y, en algunos casos, progresa hacia alergias alimentarias, rinitis, asma y otras manifestaciones inflamatorias. No todos los pacientes siguen este camino, pero reconocerlo a tiempo permite anticipar riesgos y planificar estrategias de seguimiento más estrictas.
La dermatóloga pediatra Helena Vidaurri, del Hospital General de México “Dr. Eduardo Liceaga”, remarcó que la dermatitis atópica debe dejar de considerarse un problema meramente cutáneo para entenderse como parte de un proceso inmunológico más amplio. A su vez, la neumonóloga pediatra colombiana Bethy Camargo Vargas destacó que la gran pregunta de la investigación actual es si una intervención precoz, sostenida y eficaz en las primeras etapas puede modificar la historia natural de la marcha atópica y reducir la aparición de nuevas alergias.
En paralelo, el concepto de Cumulative Life Course Impairment (CLCI) describe cómo la carga física, emocional y social de las enfermedades crónicas de la piel, entre ellas la dermatitis atópica y la psoriasis, se acumula a lo largo de la vida. Diversos estudios vinculan esta carga con factores como la gravedad del cuadro, las comorbilidades y el impacto psicológico, subrayando la importancia de un abordaje integral que incluya apoyo médico, psicológico y social.
Biológicos y cambio de paradigma en el tratamiento
En el campo respiratorio, la inflamación persistente del asma puede generar cambios estructurales en las vías aéreas que comprometen la capacidad de respirar. Si bien durante años se consideró que estos daños eran irreversibles, nuevas terapias biológicas dirigidas a mecanismos inflamatorios específicos muestran mejorías significativas en la función pulmonar, reducen exacerbaciones y hospitalizaciones, y permiten bajar el uso crónico de corticoides sistémicos, asociados a numerosos efectos adversos.
El neumonólogo argentino Gabriel García, director del Centro en Investigaciones Respiratorias de La Plata (CEPIR) y vicepresidente de la Asociación Latinoamericana de Tórax (ALAT), subrayó que estos fármacos abren la posibilidad de “tratar la causa y no solo los síntomas” en pacientes cuidadosamente seleccionados, especialmente aquellos con evidencia de inflamación tipo 2. No obstante, aún se estudia hasta qué punto pueden prevenir daños futuros si se utilizan de manera temprana y qué grado de reparación es posible en estructuras ya comprometidas.
- Reducción de exacerbaciones y hospitalizaciones en asma grave.
- Mejoría de la función pulmonar y del control de la enfermedad.
- Menor dependencia de corticoides sistémicos y sus efectos secundarios.
- Abordaje más personalizado según el fenotipo y el mecanismo inflamatorio.
“Atender la dermatitis atópica como un padecimiento multisistémico y susceptible de terapias altamente dirigidas permite mejorar no solo el presente, sino también el futuro de salud de los pacientes”, enfatizó la Dra. Helena Vidaurri durante InmunoXperience 2026.
El mensaje que deja el encuentro es doble: la urgencia de actuar a tiempo, antes de que la inflamación no controlada produzca daños permanentes, y la esperanza que ofrecen las nuevas herramientas diagnósticas y terapéuticas. Para las familias, esto implica no minimizar los síntomas iniciales de la dermatitis atópica ni del asma infantil, y consultar precozmente con especialistas. Para los equipos de salud, supone afianzar el trabajo multidisciplinario y orientar las decisiones terapéuticas según el perfil inflamatorio y la trayectoria clínica de cada paciente.

