Los desafíos de Javier Milei para retener el voto juvenil rumbo a 2027

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La definición del presidente Javier Milei de que su reelección pasó a ser la prioridad del Gobierno aceleró, de hecho, el arranque de la campaña 2027. Con más de un año por delante, las consultoras ya están revisando con lupa el humor social y político, y uno de los focos centrales es el vínculo del mandatario con el electorado joven que fue clave en su llegada a la Casa Rosada.
En diálogo con la agencia Noticias Argentinas, Mariel Fornoni, directora de Management & Fit, describió un escenario con matices: por un lado, un desgaste entre los más chicos que se incorporan al padrón; por otro, una base todavía sólida en jóvenes adultos, aunque atravesada por la desilusión y la crisis económica.
“Los jóvenes de 18 a 20 años no entienden qué significa ‘volver atrás’ porque no recuerdan quién fue Cristina Kirchner. Ha pasado mucho tiempo”, explicó Fornoni, al marcar que ese segmento no conecta con la consigna oficialista que busca contrastar al actual gobierno con los años kirchneristas. Ese desfasaje generacional, afirmó, impacta en la fortaleza de Milei entre los votantes debutantes.
Según la analista, el mayor sostén del Presidente se mantiene entre los 25 y 40 años, especialmente varones, el núcleo más identificado con el discurso libertario desde 2023. Sin embargo, allí también comienza a asomar el desencanto: muchos siguen expresando apoyo en las encuestas, pero dudan de sostenerlo efectivamente en el cuarto oscuro si no sienten que su situación mejora.
Voto joven, desilusión y riesgo de apatía electoral
Fornoni advierte que el principal riesgo para el Gobierno no es sólo perder adhesiones, sino enfrentar un creciente desinterés de los jóvenes por participar. “Los jóvenes responden si están movilizados, si algo los enamora y los mueve. Si no, directamente no van a votar”, señaló, al remarcar que el oficialismo no está haciendo demasiado por reactivar a ese segmento.
Las dificultades para conseguir trabajo registrado y el acceso prácticamente nulo a la vivienda se convierten, según la consultora, en un factor central de desencanto. Los empleos precarios, la informalidad y la ausencia de perspectivas de progreso golpean tanto a los jóvenes como a los jubilados, dos de los grupos que más sienten el ajuste y que, a la vez, fueron parte del sostén electoral libertario.
En ese contexto, Fornoni plantea que el Gobierno debe contemplar que, ante la percepción de que “esto no está cerrando del todo”, puede aparecer con rapidez una alternativa competitiva, impulsada por la velocidad de instalación que hoy permiten las redes sociales y los medios digitales. Como antecedente, recuerda que 15 meses antes de las presidenciales de 2023, Milei prácticamente no figuraba en los radares.
Alianzas con el PRO y una imagen que dejó de caer, pero no repunta
Respecto de los movimientos entre La Libertad Avanza y el PRO, Fornoni sostiene que las alianzas se vuelven más necesarias en un escenario de dificultades que en uno de relativa bonanza económica. Hoy, con el PRO rondando apenas 5 o 6 puntos de intención de voto, su principal opción estratégica es intentar asociarse al oficialismo y asegurar, al menos, la continuidad en la Ciudad de Buenos Aires.
Sobre la imagen presidencial, la consultora señala que Milei perdió unos 10 puntos durante el conflicto político conocido como “Caso Adorni”, episodio que actuó como detonante de un malestar ya instalado por la situación económica. “La gente no se siente incluida en la recuperación. Se habla de sectores que ‘vuelan’, pero no se explica por qué a la mayoría no le va mejor”, remarcó.
“Nosotros lo tenemos en 37%, lo cual no está mal para cómo está todo y el tiempo que lleva en el Gobierno. Está mejor que como estaban sus predecesores cuando perdieron”, evaluó Fornoni, al comparar con los últimos tramos de los mandatos de Cristina Fernández, Mauricio Macri y Alberto Fernández.
Para la analista, el actual respaldo a Milei se explica en parte porque no aparece una oposición capaz de capitalizar el descontento. Así, la sociedad se mueve entre “aguantar” o “dejar de aguantar”, en una suerte de paciencia defensiva que será puesta a prueba a medida que se acerquen las elecciones de 2027.

