Homilía del Obispo: “Mucho más que un acierto intelectual”

HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Mateo (Mt 16, 13-20).

Por monseñor Hugo Norberto Santiago
Obispo de la Diócesis de San Nicolás

“Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: ‘¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?’. Ellos le respondieron: ‘Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas’. ‘Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy? Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: ‘Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo’. Y Jesús le dijo: ‘Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo’. Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que Él era el Mesías”.  Palabra del Señor.

¿Qué tiene que ver conmigo?

Pedro, inspirado por Dios Padre acierta en la identidad de Jesús: “Tú eres el Hijo de Dios vivo”. Es el regalo de la fe que tenemos que pedir al preguntarnos nosotros también: “¿quién es Jesús? ¿un humanista? ¿un gran hombre? ¿alguien con poderes especiales? ¿uno que te dice la enfermedad que tienes y es capaz de curarte? ¿alguien que te predice el destino? Son interrogantes que se acercan a aspectos humanos de Jesús como El que asiste nuestras carencias o necesidades, pero no terminan de definir quién es. Jesús es el Hijo de Dios, nuestro Salvador, que murió y resucitó; que nos regaló el Espíritu Santo que nos hace hijos de Dios y nos anima a realizar un proyecto personal de servicio. Eso significa que el destino del hombre no es sólo inmanente, para esta tierra, sino que es trascendente, estamos destinados a morir y a resucitar de entre los muertos como Jesús; a llegar a la Patria del Cielo definida como la felicidad total, como una fiesta del amor, como un encuentro sin partidas, como una alegría sin tristezas, como una vida sin muerte. Como el Espíritu de Jesús ya está en el creyente por el bautismo, desde ahora trabaja por ese cielo nuevo y esa tierra nueva que al final Dios le regalará.

¿Creer compromete?

Al decir quién es Jesús no estamos hablando de un acierto intelectual, no se trata tampoco de una información más entre tantas, creer genera un estilo de vida y un compromiso. El que cree en Cristo concibe el tener, el placer y el poder, como medios para un servicio y no como fines egoístas; el que cree vive las bienaventuranzas que Jesús proclamó y por eso trabaja por la paz, es manso y humilde de corazón aunque la soberbia y la violencia reinen por doquier; el que cree puede ser perseguido por buscar la justicia y por denunciar la corrupción; el que cree llora porque el mundo no es como debiera ser, pero no se queda en el llanto sino que, movido por el amor, trabaja creando proyectos que tutelen la dignidad humana; los que creen quieren promover e integrar a los marginados y liberar a los cautivos de las adicciones y por eso organizan hogares que brindan alojamiento a quien quiere salir del flagelo de la droga; los que creen visitan a los que por un error existencial viven el infierno anticipado de estar cumpliendo una pena en cárceles hacinadas y con mala alimentación, colaboran con un patronato de liberados creando trabajo, convencidos de que quienes cumplieron su condena tienen derecho a ser reintegrados en la sociedad; los que creen se conmueven por el sufrimiento provocado por la enfermedad y por eso organizan el cuidado de la salud y el acompañamiento de los enfermos; los que creen saben que esta vida es efímera y por eso esperan la vida eterna, pero no con los brazos cruzados sino que trabajan con la fuerza de Dios para que todos vivan de acuerdo con su dignidad de personas; los que creen cuidan de la naturaleza porque es la casa común que Dios nos ha regalado a todos; no les importa figurar porque lo importante es “ser” y no “parecer”; los que creen rechazan la hipocresía porque es apariencia de lo que no se es; los que creen aman la verdad porque Cristo dijo que la verdad los haría libres; siguen el estilo de Cristo porque Él dijo que es el camino y les daría vida en abundancia experimentando que es así.

“Tú eres el Hijo de Dios”

Todo esto significa decirle a Cristo: “Tú eres el Hijo de Dios”, no se trata de un acierto intelectual sino del convencimiento de un estilo de vida que es la verdad del hombre y de un destino que está a la altura de sus aspiraciones trascendentes; creer es renunciar a una vida chata y lanzarse a la audacia de dar sin recibir porque allí está la alegría; es sentirnos caminantes porque esta vida es un camino; es sentirnos administradores y no dueños porque de aquí no nos llevaremos nada material, es estar convencidos que, paradójicamente, sólo nos llevaremos lo que dimos, junto con el cariño de aquellos a los cuales hemos servido por amor.

Que Dios te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Buen domingo.

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