Cada 26 de julio, el calendario litúrgico recuerda a San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María y modelos de fe, paciencia y amor familiar.

La Iglesia Católica celebra hoy la memoria de San Joaquín y Santa Ana, considerados los abuelos de Jesús. Su figura, profundamente venerada en la tradición cristiana, representa el valor de los mayores en la transmisión de la fe y en la formación de nuevas generaciones. Aunque su historia no aparece en los Evangelios canónicos, su vida fue recogida por los textos apócrifos y por siglos de devoción popular.
El matrimonio que esperó con fe la llegada de María
Según el Protoevangelio de Santiago, Joaquín y Ana eran un matrimonio justo y piadoso que vivía en Jerusalén. A pesar de su fidelidad a Dios, sufrían el dolor de no poder tener hijos. En una sociedad que consideraba la infertilidad como una deshonra, fueron objeto de desprecio y humillación. Sin embargo, no perdieron la esperanza.
Después de muchos años de súplica, un ángel del Señor se les apareció para anunciarles que tendrían una hija. Esa niña fue María, quien más tarde sería la madre del Salvador. Según la tradición, Ana concibió en su vejez y consagró a su hija al servicio del templo. La historia de ambos refleja el poder de la oración constante y la confianza en los planes de Dios.
Los santos fueron proclamados patronos de los abuelos, de los educadores y de los esposos que esperan un hijo. Su fiesta litúrgica fue incluida en el calendario universal en 1584, aunque ya se celebraba en Oriente desde el siglo VI.
El día de los abuelos y el mensaje del papa Francisco
En 2021, el papa Francisco instituyó el Día Mundial de los Abuelos y de los Mayores, a celebrarse cada cuarto domingo de julio, cerca de la fiesta de Joaquín y Ana. Con esta decisión, el pontífice buscó reconocer la importancia de los adultos mayores como testigos de fe, memoria viva del pueblo y pilares invisibles de la familia.
En sus mensajes, Francisco destaca que los abuelos no son solo figuras del pasado, sino parte activa del presente, con una misión clave: custodiar las raíces y transmitir el legado espiritual. También recuerda que muchas veces son los abuelos quienes llevan adelante la vida de fe en los hogares, enseñando a rezar, acompañando con ternura y sosteniendo la esperanza en tiempos difíciles.
La fecha también es una ocasión para alentar el diálogo intergeneracional y promover el cuidado de los mayores. Muchas parroquias, colegios y comunidades celebran misas especiales, procesiones y actividades que reúnen a abuelos, padres y nietos.

Devoción popular y presencia en América Latina
San Joaquín y Santa Ana tienen una presencia destacada en la devoción popular de América Latina. En Argentina, existen parroquias dedicadas a ellos en provincias como Buenos Aires, Mendoza, Santa Fe, Córdoba, La Pampa y Chaco. Muchas comunidades los veneran como protectores de la familia, especialmente en tiempos de dificultad o enfermedad.
En países como México, Colombia y Perú, las celebraciones del 26 de julio incluyen novenas, misas patronales, bendiciones a los abuelos y procesiones con imágenes antiguas. La figura de Santa Ana, en particular, es muy querida por madres, maestras y mujeres embarazadas, que la invocan como intercesora.
En Tierra Santa, se conserva la Basílica de Santa Ana en Jerusalén, construida en el siglo XII sobre los restos de una iglesia bizantina. Según la tradición, allí habría nacido la Virgen María. Es uno de los templos más antiguos dedicados a la familia de Jesús.
Una fecha para mirar a los mayores con gratitud
La celebración de hoy invita a mirar a los abuelos con una mirada agradecida. Ellos han sido muchas veces el sostén de las familias, los transmisores de valores y fe, y quienes han sembrado la esperanza con gestos silenciosos.
San Joaquín y Santa Ana no fueron conocidos por milagros espectaculares ni por palabras rimbombantes. Su testimonio fue el de una vida fiel, perseverante, y de amor incondicional. En una época que muchas veces margina a los mayores, la efeméride del 26 de julio recupera su lugar y dignidad.

