Zelenski denuncia uso de bombas de racimo rusas en Kiev

Ucrania acusa a Moscú de intensificar los ataques sobre Kiev

Volodímir Zelenski durante un mensaje televisado sobre ataques rusos en Ucrania

NewsITe

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, denunció que Rusia empleó misiles balísticos con ojivas de racimo en una nueva ola de ataques nocturnos contra Kiev y otras regiones del país, que dejó al menos cuatro muertos y 34 heridos, entre ellos cinco niños, según datos difundidos por el Ministerio de Asuntos Exteriores ucraniano.

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De acuerdo con el mandatario, entre las armas utilizadas figuran tres misiles balísticos que habrían detonado en el aire al aproximarse a sus objetivos, esparciendo submuniciones sobre un radio de hasta 400 metros. Este tipo de armamento, conocido como munición de racimo, está prohibido por más de un centenar de países en el marco de la Convención sobre Municiones en Racimo, un tratado internacional adoptado en 2008 que busca limitar el impacto indiscriminado sobre población civil.

Zelenski sostuvo que los misiles fueron dirigidos contra barrios residenciales de la capital y otras ciudades. Uno de los ataques más severos se produjo en Pechersk, el casco histórico de Kiev, donde resultaron dañados edificios monásticos, viviendas, comercios, cafés y otras infraestructuras civiles. El presidente remarcó que, desde el 11 de octubre, se registraron alrededor de 170 ataques contra instalaciones de infraestructura energética en todo el territorio ucraniano, lo que refuerza la preocupación por la llegada del invierno boreal.

Rusia niega cambios en su postura y reivindica defensas aéreas

Mientras desde Kiev se multiplican las denuncias, el Ministerio de Defensa ruso informó que sus defensas aéreas derribaron 808 drones ucranianos durante la misma noche, con un saldo oficial de dos personas heridas en territorio ruso. Según el alcalde de Moscú, Sergei Sobyanin, más de 600 de esos drones habrían sido lanzados hacia la capital rusa entre la noche del miércoles y la madrugada del jueves.

Estos movimientos militares tuvieron lugar pocas horas después de un gesto que desde algunos sectores se interpretó como intento de distensión: la liberación del ciudadano estadounidense Stephen Hubbard y la visita a Moscú del enviado especial de Estados Unidos, Steve Witkoff, quien llegó a calificar al presidente ruso, Vladimir Putin, como un dirigente de actitud “humanitaria”. Sin embargo, casi de inmediato, se conoció la nueva ola de ataques sobre Ucrania.

El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, señaló que Moscú analizará las propuestas sobre la guerra en Ucrania presentadas en San Petersburgo por Witkoff, pero advirtió que cualquier negociación llevará “mucho tiempo”. Para Zelenski, la ofensiva posterior a esa ronda de conversaciones demuestra que “no hubo ningún cambio real” en la posición rusa frente al conflicto.

Presiones internacionales y debate sobre el apoyo militar

En el plano diplomático, Kiev insiste en que el uso de municiones de racimo agrava las violaciones al derecho internacional humanitario, especialmente por el riesgo que representan las submuniciones sin detonar para la población civil incluso años después del fin de las hostilidades. Rusia, al igual que Estados Unidos y otras potencias, no es parte de la Convención sobre Municiones en Racimo y sostiene que su empleo se ajusta a sus necesidades militares.

Zelenski reiteró en los últimos días sus reclamos de mayor apoyo militar a las potencias occidentales y volvió a presionar para la entrega de sistemas interceptores y misiles de defensa antiaérea de largo alcance. En ese contexto, se refirió al ex presidente estadounidense Donald Trump y sostuvo que, si no puede “controlar a Putin”, debería al menos proporcionar el armamento que Ucrania reclama desde hace tiempo para proteger su espacio aéreo.

Tras esas declaraciones, el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, intentó llevar calma al señalar que Trump se siente “frustrado” por las acusaciones de que actuaría deliberadamente contra los intereses ucranianos. Aclaró que, según la administración, no se ha negado asistencia de forma intencional a Kiev, aunque reconoció que existe una tensión permanente entre las demandas de otros socios y las necesidades defensivas de Estados Unidos.

“Casi inmediatamente después de otra ronda de conversaciones, Rusia lanzó un ataque directo. Esto significa que no ha habido ningún cambio real en su actitud ante todo lo que está sucediendo”, enfatizó Zelenski al describir el último bombardeo contra la capital ucraniana.

Lejos de un escenario de distensión, los bombardeos sobre Kiev y otras doce regiones de Ucrania confirman la escalada del conflicto y mantienen en alerta a la comunidad internacional, que debate cómo sostener la ayuda militar y humanitaria sin quedar atrapada en una confrontación de mayor escala.

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