VPH: claves sobre contagio, vacuna y controles en Argentina

Ocho de cada diez personas contraerán VPH alguna vez

Vacunación contra el VPH y prevención del cáncer de cuello uterino

NewsITe

El virus del papiloma humano (VPH) es una de las infecciones de transmisión sexual más frecuentes del mundo y también en la Argentina. Se estima que 8 de cada 10 personas lo contraerán al menos una vez en su vida, muchas veces sin saberlo. La mayoría de las infecciones se resuelven espontáneamente, pero cuando persisten ciertos tipos de alto riesgo pueden provocar cáncer de cuello uterino y otros tumores asociados.

En diálogo con especialistas, se remarca que el organismo suele controlar la infección de manera natural. El problema aparece cuando el VPH de alto riesgo permanece durante años en el organismo y genera cambios en las células, especialmente en el cuello del útero. Allí radica la importancia de combinar vacunación, controles ginecológicos periódicos y uso del preservativo para disminuir las posibilidades de contagio y detectar a tiempo eventuales lesiones.

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De acuerdo con estimaciones recientes de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, en 2024 se registrarían en la Argentina cerca de 4.700 casos nuevos de cáncer de cuello uterino y alrededor de 2.600 muertes anuales, lo que equivale a más de siete fallecimientos por día. Datos del Ministerio de Salud señalan, además, una tasa de mortalidad de 8,2 muertes por cada 100.000 mujeres por este tipo de cáncer, que en gran parte puede prevenirse.

Vacunación contra el VPH: a quiénes les corresponde

La vacuna contra el VPH forma parte del Calendario Nacional de Vacunación y se aplica de manera gratuita en vacunatorios y centros de salud públicos. Está indicada para niñas y niños de 11 años, edad en la que la respuesta inmunológica es muy efectiva y se busca brindar protección antes del inicio de las relaciones sexuales. La inmunización reduce significativamente el riesgo de infecciones por los tipos de VPH incluidos en la vacuna y, con ello, de lesiones precancerosas y cánceres asociados.

En distintos países ya se observan resultados concretos. En Inglaterra, por ejemplo, la tasa de cáncer de cuello uterino fue un 87% menor en el grupo de mujeres a las que se les ofreció la vacuna a los 12 y 13 años, en comparación con generaciones anteriores no vacunadas. Se trata del impacto poblacional de un programa sostenido en el tiempo, lo que refuerza la necesidad de completar los esquemas de vacunación y mantener coberturas altas.

En la Argentina, el recupero gratuito incluye a mujeres nacidas a partir del año 2000 y varones nacidos desde 2006 que sean menores de 26 años al momento de vacunarse. Más allá de esa edad, la indicación se evalúa caso por caso. Haber tenido VPH no impide vacunarse: la vacuna no cura infecciones ya instaladas, pero sí previene nuevas infecciones por los tipos virales que cubre.

Detección temprana y estudios recomendados

El VPH suele no producir síntomas. Algunas variantes de bajo riesgo pueden causar verrugas genitales, mientras que las de alto riesgo provocan cambios celulares silenciosos en el cuello uterino. Sentirse bien no garantiza la ausencia de infección y una molestia aislada tampoco alcanza para diagnosticarla, de allí la relevancia de los controles periódicos.

El principal estudio de tamizaje es el Papanicolaou (PAP), que detecta alteraciones en las células del cuello uterino. En Argentina se recomienda realizarlo a partir de los 25 años: los dos primeros con un año de diferencia y, si los resultados son normales, luego cada tres años. A partir de los 30 años, donde está disponible, se sugiere el test de VPH como método de detección primaria; cuando el resultado es negativo, puede repetirse cada cinco años.

La colposcopía se reserva para cuando los resultados del PAP o del test de VPH requieren un estudio más detallado del cuello uterino y, eventualmente, la toma de biopsias. No es un examen que deba hacerse de manera rutinaria en todas las consultas. Los especialistas destacan que la detección temprana permite tratar las lesiones precancerosas antes de que evolucionen a cáncer invasor.

Mitos frecuentes y medidas de prevención

Un resultado positivo para VPH no significa tener cáncer. La infección es muy común y, en la mayoría de los casos, se resuelve sin generar enfermedad. Según la edad, los antecedentes y el tipo de hallazgo, el equipo de salud definirá los pasos a seguir, que pueden incluir controles periódicos, nuevos PAP, colposcopías o biopsias. En caso de lesiones precancerosas, existen tratamientos eficaces y el seguimiento es fundamental.

  • El uso correcto y constante del preservativo reduce el riesgo de transmisión, aunque no lo elimina del todo, ya que el virus puede afectar áreas no cubiertas por el profiláctico.
  • La vacunación en niñas y niños, así como en jóvenes en esquema de recupero, es clave para disminuir la circulación del virus en la comunidad.
  • Las personas vacunadas deben continuar realizándose los controles ginecológicos recomendados para su edad.

“La vacuna contra el VPH no causa esterilidad ni infertilidad. La evidencia científica y las revisiones de la Organización Mundial de la Salud no respaldan ese mito, y sí confirman el beneficio de prevenir lesiones y cáncer de cuello uterino”, sostienen los especialistas.

La combinación de vacunación, controles periódicos y uso responsable del preservativo conforma la estrategia más efectiva para reducir el impacto del VPH y del cáncer de cuello uterino en la Argentina. Consultar a tiempo, despejar dudas y sostener el seguimiento indicado por los equipos de salud son pasos centrales para cuidar la salud sexual y reproductiva.

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