Víctor Escobar, el camionero que abrió la puerta a la eutanasia no terminal

El caso que cambió la eutanasia en Colombia y en América Latina

Víctor Escobar Prado, el camionero colombiano que impulsó la eutanasia para pacientes no terminales

NewsITe

“Elijo morir un viernes para que mi familia pueda despedirme sin tener que pedir permiso en el trabajo”. Con esa frase, Víctor Escobar Prado resumió una decisión tomada con tiempo, dolor y convicción. A los 60 años, este camionero colombiano se convirtió en la primera persona en América Latina en acceder de manera legal a la eutanasia sin ser un paciente terminal, abriendo un antes y un después en el debate sobre el derecho a morir dignamente.

La eutanasia se llevó a cabo el 7 de enero de 2022, a las 21.20, en Cali. La elección del día y el horario no fue un detalle menor: formó parte de la autonomía que Víctor reclamó durante dos años ante los tribunales colombianos, en una batalla que terminó por modificar el alcance de la legislación y habilitó el procedimiento para otras personas en situaciones similares.

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La historia de Escobar Prado es también la de un cuerpo castigado. Comenzó a trabajar como camionero desde joven y, a los 24 años, sufrió un grave accidente de tránsito que derivó en tres cirugías de columna complejas. Con el paso del tiempo, los dolores se intensificaron y se sumaron otros problemas de salud que lo fueron dejando sin margen para una vida autónoma.

En 2008 padeció dos accidentes cerebrovasculares que le provocaron una hemiplejía parcial del lado izquierdo. Luego llegaron los diagnósticos de diabetes, hipertensión, artrosis severa y depresión. El cuadro se completó con la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), atribuida a años de tabaquismo y a la exposición a asbesto en una fábrica en la que había trabajado.

Con la progresión de la EPOC, Víctor pasó a depender de oxígeno en forma permanente y de la asistencia de una enfermera las 24 horas. Apenas podía pronunciar unas pocas palabras antes de perder el aliento. En varias entrevistas definió su rutina como una “existencia incompatible con la dignidad humana”, atravesada por dolores, espasmos y una dependencia casi absoluta de terceros.

La batalla judicial que sentó un precedente histórico

El reclamo formal de Escobar comenzó el 8 de octubre de 2020, cuando pidió por primera vez acceso a la eutanasia. En aquel momento, la normativa colombiana –basada en un fallo de 2015– sólo contemplaba el procedimiento para pacientes con una expectativa de vida menor a seis meses. Su situación, grave pero no terminal, motivó sucesivos rechazos por parte de instituciones médicas.

El giro llegó en julio de 2021, cuando la Corte Constitucional de Colombia amplió el derecho a la eutanasia a personas que, sin estar en etapa terminal, atravesaran un “intenso sufrimiento físico o psíquico por una enfermedad grave e incurable”. El fallo abrió una puerta que Escobar volvió a tocar, aunque todavía enfrentaría nuevas trabas burocráticas y decisiones judiciales contradictorias.

En noviembre de 2021, el Tribunal Superior de Cali frenó el procedimiento por un error de notificación. La definición llegó recién con la intervención del Juzgado 17 Civil del Circuito de Cali, que validó su caso y ordenó coordinar fecha y hora para la eutanasia. Fue entonces cuando Víctor eligió morir un viernes a la noche, pensando en la organización de su familia y en la despedida.

Despedida en familia y un legado para la región

Antes del procedimiento, Escobar compartió una última cena con su esposa, Diana Nieto, y sus cuatro hijos. Eligió una cazuela de mariscos, grabó un video de despedida dirigido a su país y a los medios que habían seguido su lucha, y dejó asentado su deseo de donar todos los órganos que pudieran ser utilizados para trasplantes.

Ingresó a la clínica con la camiseta del Deportivo Cali, el club de sus amores desde la infancia. En su mensaje final habló de una “batalla ganada” que abría el camino para otros pacientes y describió la eutanasia como “una muerte muy tranquila”. El procedimiento siguió el protocolo habitual: primero sedación y luego una inyección letal, indolora.

Pocos días más tarde, Martha Sepúlveda se convirtió en la segunda paciente no terminal en acceder a la eutanasia en Colombia. Con estos casos, el país se alineó con naciones como Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y España, donde el derecho a morir asistido ya incluía a personas con enfermedades graves e incurables, aunque no estuvieran al borde de la muerte.

“A Dios no le gusta que nadie sufra… no creo que me vaya a castigar por dejar de sufrir”, dijo Víctor Escobar Prado en una de sus últimas entrevistas, sintetizando el lugar central que le daba a la dignidad en su decisión.

El caso generó un intenso debate público dentro y fuera de Colombia. Mientras defensores del procedimiento apelan a la autonomía personal y a los derechos humanos, sectores críticos advierten sobre la “pendiente resbaladiza” de ir ampliando los criterios. Más allá de las posturas, la historia de Víctor Escobar ya forma parte de los hitos que reconfiguraron la discusión sobre la eutanasia en América Latina.

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