Un país entre el duelo y el desafío de empezar de nuevo

NewsITe
Buenos Aires, 4 de agosto (NA) — Venezuela atraviesa una de las peores tragedias de su historia reciente. El doble terremoto del 24 de junio dejó más de 6.000 muertos, unos 29.000 desaparecidos y más de 60.000 personas atendidas en hospitales por heridas y enfermedades vinculadas al desastre. Mientras continúan las tareas de remoción de escombros y el hallazgo diario de víctimas, comienza a imponerse una discusión clave: cómo reconstruir un país golpeado por la naturaleza, pero también por la falta de previsión, la mala gestión y la corrupción.
La zona más afectada es el estado de La Guaira y otras localidades cercanas a Caracas. Allí se concentran cientos de edificios colapsados o seriamente dañados, y miles de familias que lo perdieron todo. Para pensar los pasos a seguir, especialistas de distintas disciplinas —arquitectura, geografía, finanzas y política— trazan un mapa de la reconstrucción que combina diagnósticos técnicos, exigencias institucionales y la necesidad de un fuerte compromiso internacional.
Primero, proteger a la gente y ordenar el territorio
El arquitecto Carlos Levinton, experto en diseño sustentable y planes de contingencia, advierte que Venezuela todavía se encuentra en una fase de «desorganización total». Brigadas extranjeras trabajan sin un plan integral ni un relevamiento que clasifique las zonas según el nivel de daño. A esto se suman las condiciones de riesgo propias de un territorio costero y la incertidumbre sobre los criterios con los que fueron construidos muchos de los edificios que se derrumbaron.
Según Levinton, la etapa inicial debe concentrarse en un diagnóstico riguroso del suelo y de las estructuras, y en la definición de «puntos fijos» desde donde coordinar el ordenamiento del territorio, utilizando municipios cercanos como base operativa. En paralelo, plantea la necesidad de refugios temporales habitables, construidos con una “cosecha de materiales” —neumáticos, escombros, palos y caños— y módulos sanitarios de emergencia con baños, cocinas y sistemas de potabilización.
Dejar las zonas más vulnerables y construir en áreas seguras
El geógrafo ítalo-venezolano Antonio De Lisio subraya que más del 90% de los edificios desplomados se ubican en La Guaira, sobre antiguos «abanicos fluviales» y conos de eyección que el mercado inmobiliario ocupó desde mediados del siglo XX. Ya en el deslave de 1999 esas áreas habían mostrado una altísima vulnerabilidad, que ahora se traduce en una fragilidad estructural extrema.
Para De Lisio, reconstruir La Guaira implica abandonar definitivamente esos conos de eyección y planificar nuevas edificaciones en cotas más altas, entre 15 y 80 metros sobre el nivel del mar, en suelos que han demostrado mejor comportamiento frente a amenazas naturales. Recuerda que, incluso en este nuevo desastre, el casco histórico y su plaza central apenas registraron daños, lo que confirma que existen alternativas seguras para relocalizar a la población sin resignar su vínculo con la costa.
Fondos internacionales y control transparente
En el frente financiero, el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) anunció una donación inicial de 300.000 dólares para atender la emergencia inmediata. A partir de la magnitud de las pérdidas humanas y materiales, el organismo creó además el Fondo para la Recuperación de Venezuela, un instrumento destinado a movilizar recursos públicos, privados e internacionales, priorizados en coordinación con el gobierno nacional.
CAF aportó un capital semilla de US$ 1 millón para financiar las primeras obras críticas y se comprometió a administrar el fondo sin cobrar comisiones, bajo reglas estrictas de transparencia y rendición de cuentas. Las firmas internacionales EY y PwC Venezuela acompañarán el proceso con tareas de auditoría y supervisión independiente, mientras se avanza en tres etapas: atención inmediata, rehabilitación de servicios esenciales —salud, agua, energía, educación y conectividad— y reducción de vulnerabilidades para futuras emergencias.
Instituciones sólidas y acuerdo político para reconstruir
Desde el plano político, el diputado venezolano Richard Blanco sostiene que no hay reconstrucción posible sin una solución institucional de fondo. Plantea que la primera condición es restablecer el Estado de derecho, garantizar elecciones libres y reconstruir la confianza en las instituciones para acceder a la cooperación internacional y asegurar que los recursos se utilicen en beneficio del conjunto de la población.
Blanco propone la creación de un Consejo Nacional de Reconstrucción que integre al Estado, expertos independientes, organizaciones civiles, pueblos indígenas, sectores productivos y representantes de las regiones afectadas. El organismo debería validar los estudios de riesgo, definir las zonas de reubicación de las comunidades vulnerables y administrar los fondos mediante una plataforma pública que permita seguir cada peso invertido.
“La reconstrucción de Venezuela es, ante todo, un acto de orden político. Solo con instituciones legítimas, reglas claras y un esfuerzo colectivo será posible levantar el país sin exclusiones”, remarcan las voces consultadas.
Con miles de familias aún buscando a sus seres queridos y un país entero atravesado por el dolor, el desafío venezolano combina tareas urgentes —rescate, refugio, servicios básicos— con decisiones de largo plazo sobre dónde y cómo volver a construir. Entre la ciencia, la economía y la política, el consenso es claro: la reconstrucción exigirá planificación rigurosa, controles independientes y una ciudadanía protagonista para que la tragedia no se repita.

