Venezuela, bajo los escombros: testimonios conmovedores en medio del peor terremoto en 126 años

Mientras el número de víctimas continúa creciendo y miles de familias siguen buscando a sus seres queridos, el terremoto dejó al descubierto la fragilidad de una Venezuela que aún intenta responder a la peor catástrofe de su historia reciente. EL NORTE reconstruyó el drama con testimonios exclusivos desde las zonas afectadas.

Venezuela testimonios
Imagen de REUTERS.

De la redacción de EL NORTE

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Cuando amaneció este jueves sobre Venezuela, pocas horas después de los devastadores terremotos que habían sacudido al país durante la tarde del miércoles, el silencio que suele seguir a las grandes catástrofes fue reemplazado por el sonido de sirenas, herramientas improvisadas golpeando el cemento y voces que seguían llamando a familiares desaparecidos.

El país acababa de sufrir el peor terremoto desde 1900 y el más devastador de su historia moderna en términos de destrucción de infraestructura y pérdida de vidas humanas.

Primero fue un sismo de magnitud 7,2 con epicentro cercano a Morón, en el estado Carabobo. Apenas segundos después llegó el golpe principal: un terremoto de magnitud 7,5 con epicentro entre Yumare, en Yaracuy, y el noreste de San Felipe, a unos diez kilómetros de profundidad. Desde entonces se registraron más de 35 réplicas, que mantienen en alerta permanente a la población y dificultan las tareas de rescate.

Y con el correr de las horas, mientras los equipos de emergencia continúan removiendo toneladas de escombros, el alcance real de la tragedia sigue siendo incierto.

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El balance oficial elevó la cifra a 188 muertos y 1.520 heridos. Sin embargo, organizaciones humanitarias sostienen que esos números son mayores. Lo cierto es que la cifra oficial de víctimas continúa creciendo. Y las organizaciones humanitarias advierten que la dimensión del desastre todavía no puede establecerse con precisión debido a que numerosas zonas permanecen incomunicadas y cientos de edificios aún no fueron completamente inspeccionados.

Los relevamientos oficiales reconocen, hasta el momento, al menos 2.000 familias damnificadas por los terremotos. A ese panorama se suma un número de personas heridas que ronda y supera esa cifra, mientras las autoridades continúan actualizando los registros a medida que avanzan las tareas de rescate y asistencia en las zonas más afectadas.

Una tragedia que dejó al descubierto la vulnerabilidad del país

La fuerza del terremoto explica buena parte de la destrucción, pero no toda. Los sismos encontraron a Venezuela con una infraestructura deteriorada, edificios antiguos, dificultades en las comunicaciones y una población poco habituada a enfrentar un fenómeno de semejante magnitud.

Las escenas comenzaron a repetirse desde Caracas hasta La Guaira, San Bernardino, El Paraíso y otras localidades: edificios derrumbados, calles abiertas por enormes grietas, hospitales dañados, comercios destruidos y barrios enteros donde los vecinos intentaban rescatar personas con herramientas manuales mientras esperaban la llegada de maquinaria pesada.

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Los dos terremotos, de magnitud 7,2 y 7,5, sacudieron el centro-norte de Venezuela y afectaron con especial intensidad a Caracas, La Guaira, San Bernardino, El Paraíso y otras localidades, donde se concentraron los mayores daños en edificios e infraestructura. Imagen de REUTERS.

En La Guaira, el amanecer dejó al descubierto avenidas fracturadas y un asfalto completamente agrietado, una imagen que complicó incluso el desplazamiento de ambulancias, bomberos y equipos de rescate.

“No hay maquinaria; hay personas que siguen bajo los escombros”

La periodista venezolana Daniellys Ramírez describió a EL NORTE una tragedia que, asegura, continúa agravándose con el paso de las horas. Desde su perspectiva, las cifras oficiales todavía están lejos de reflejar la verdadera dimensión del desastre, ya que las tareas de rescate avanzan lentamente y todavía hay numerosas personas atrapadas bajo estructuras colapsadas.

“Las cifras de fallecidos y desaparecidos van en aumento. Mucha gente está en hospitales y las familias todavía no fueron a reconocer o reclamar los cuerpos. Muchas personas reportadas como desaparecidas están allí, en los hospitales, aunque sus familias no saben muchas veces en cuál”, relató, al explicar que la falta de información y las dificultades para establecer comunicaciones mantienen a miles de familias sumidas en la incertidumbre.

Ramírez sostuvo que uno de los principales obstáculos para acelerar los operativos de rescate es la escasez de maquinaria pesada en las zonas más afectadas. “Hay gente entre los escombros, miles de personas allí, porque en muchos lugares no se tienen palas mecánicas para levantar los escombros. No hay maquinaria, no hay infraestructura”, afirmó.

“Hay gente entre los escombros porque no hay maquinaria para levantarlos. Hay una lista larguísima de edificios que todavía no recibieron asistencia”, relató a EL NORTE la periodista venezolana Daniellys Ramírez desde las zonas afectadas. Imagen de REUTERS.

Según explicó, la ayuda que solicitan desde los sectores más castigados no se limita a agua, ropa o elementos de primera necesidad. También resulta indispensable contar con equipos capaces de remover grandes estructuras para acceder a los edificios derrumbados donde todavía podría haber sobrevivientes.

“Se piden donativos: agua y ropa, pero no se tiene maquinaria mayor. Hay una lista larguísima de edificios que se derrumbaron y que aún no han recibido asistencia. Es una situación horrible”, resumió la periodista, en una descripción que refleja el drama cotidiano de quienes siguen esperando que los equipos de rescate puedan llegar hasta ellos.

Antes de concluir su testimonio, Daniellys dejó una reflexión que resume el drama que atraviesan las zonas más castigadas por el terremoto. “Lo más doloroso es ver cómo los rescatistas y voluntarios están tratando de salvar vidas usando sus manos, porque no contamos con la maquinaria pesada ni implementos básicos para levantar los escombros. Todavía hay personas bajo los escombros. Necesitamos que el mundo sepa que nuestra gente sigue allí abajo”, expresó.

El desconcierto de una población que nunca había vivido algo similar

Otro de los testimonios recogidos por EL NORTE corresponde a Saúl Blanco, quien participa en tareas humanitarias desde parroquias y centros de recepción de ayuda en Caracas. Su experiencia ayuda a comprender por qué el terremoto tuvo un impacto aún mayor: además de la violencia del fenómeno, buena parte de la población no sabía cómo reaccionar ante un evento de semejante magnitud.

“Primera vez que vivimos un terremoto tan fuerte. Hace falta mucha cultura de manejo en estas situaciones”, explicó. Según relató, durante el movimiento muchas personas actuaron impulsadas por el pánico. “La gente estaba incumpliendo todas las normas de lo que se debe hacer: muchas personas corriendo en pleno temblor, en vez de ponerse a resguardo y luego salir”, recordó.

A la confusión inicial se sumó otro problema que agravó la emergencia. El corte del suministro eléctrico y la falta casi total de señal telefónica dejaron a miles de personas incomunicadas durante las horas posteriores al sismo. “Se fue la luz, no había casi señal para comunicarse o verificar”, contó Saúl, al describir la angustia de quienes no podían confirmar el estado de sus familiares.

Cuando el movimiento cesó, el desconcierto continuó. Muchos vecinos abandonaron sus edificios y permanecieron reunidos en las inmediaciones de las construcciones, sin advertir que seguían expuestos a un riesgo considerable por las réplicas. “Los vecinos comenzaron a bajar y se agruparon muchas personas cerca de los edificios, que son estructuras de riesgo”, señaló.

El voluntario también hizo hincapié en otro de los factores que explican la magnitud del desastre: la antigüedad de buena parte de las edificaciones de Caracas y la falta de mantenimiento. “Por la estructura edilicia vieja de Caracas y la falta de mantenimiento, el riesgo es mayor”, afirmó. Sin embargo, explicó que muchas familias regresaron a sus viviendas apenas se restableció el servicio eléctrico, pese a que las recomendaciones indicaban permanecer alejados de las estructuras hasta descartar nuevos derrumbes.

Con el correr de las horas comenzaron a llegar noticias de los sectores más castigados. “Hacia la zona de San Bernardino, El Paraíso y La Guaira hay muchos edificios derrumbados y bastante gente trancada en escombros a la que aún están sacando”, relató, una descripción que coincide con los reportes de los equipos de rescate desplegados en distintos puntos del país.

Miles de familias siguen sin saber dónde están sus seres queridos

Mientras los rescatistas continúan removiendo escombros, otra búsqueda se desarrolla lejos de los edificios derrumbados. Miles de familias, tanto dentro como fuera de Venezuela, siguen intentando conocer el paradero de familiares con quienes perdieron contacto tras los terremotos.

En ese contexto surgió una plataforma colaborativa destinada a centralizar los reportes de personas desaparecidas, que ya supera los 40.000 casos registrados. La herramienta permite consultar si una persona fue localizada, cargar nuevos reportes y actualizar la información a medida que avanza el operativo de rescate.

La incertidumbre también atraviesa a la numerosa diáspora venezolana. En distintos países de América Latina comenzaron a organizarse espacios de contención para quienes, desde el exterior, buscan noticias de padres, hijos, hermanos o amigos de los que no volvieron a tener información desde que comenzó la emergencia.

Las comunicaciones, otro desafío de la emergencia

El colapso parcial de los servicios de electricidad y telefonía agravó la situación durante las primeras horas posteriores al desastre. En muchas localidades, la imposibilidad de realizar una llamada o enviar un mensaje prolongó la incertidumbre y dificultó tanto el contacto entre familiares como la coordinación de los primeros operativos de ayuda.

Los cortes de energía y las fallas en las comunicaciones dejaron a miles de familias incomunicadas durante las primeras horas posteriores al terremoto. Ante la emergencia, se flexibilizaron restricciones para facilitar el contacto entre familiares y la difusión de información. Imagen de REUTERS.

Frente a ese escenario, comenzaron a flexibilizarse distintas restricciones para facilitar la comunicación entre la población. Se habilitaron medidas extraordinarias para garantizar llamadas y mensajes en las zonas más afectadas y también se levantaron limitaciones que impedían el acceso a determinadas plataformas digitales, utilizadas masivamente para difundir información, coordinar rescates y compartir reportes de personas desaparecidas.

En un contexto donde las comunicaciones oficiales resultaban insuficientes y los servicios seguían funcionando de manera intermitente, las redes sociales y las iniciativas ciudadanas pasaron a desempeñar un papel central para reconstruir el mapa de la tragedia.

La respuesta internacional comenzó a desplegarse

La dimensión de la catástrofe movilizó rápidamente a gobiernos, organismos internacionales y organizaciones humanitarias. Argentina anunció la preparación de un operativo de asistencia con rescatistas, personal médico, equipamiento e insumos, mientras que Estados Unidos amplió su participación y confirmó un despliegue coordinado entre el Departamento de Guerra y el Comando Sur para aportar capacidades de transporte aéreo, logística, planificación operativa y especialistas en asistencia humanitaria.

A esa respuesta también se sumó el papa León XIV, quien dispuso una primera ayuda de emergencia destinada a asistir a las víctimas a través de los organismos humanitarios de la Santa Sede. Paralelamente, comunidades venezolanas radicadas en distintos países comenzaron a organizar campañas solidarias y centros de asistencia para acompañar a quienes buscan información sobre familiares afectados por el desastre.

Asimismo, el Gobierno argentino anunció el envío de ayuda humanitaria a través de la Oficina del Presidente, que expresó su solidaridad con el pueblo venezolano y puso a disposición rescatistas, personal especializado e insumos para colaborar con la emergencia. En el comunicado oficial, la administración de Javier Milei remarcó que, “más allá de las diferencias que puedan existir entre nuestros gobiernos”, la Argentina está dispuesta a coordinar la asistencia junto a los organismos internacionales.

Un país que sigue esperando respuestas

Aunque el paso de las horas permitió dimensionar parte de los daños, la verdadera magnitud del desastre sigue siendo incierta. Las cifras oficiales continúan actualizándose, las organizaciones humanitarias advierten que el número de víctimas podría ser mayor y decenas de equipos de rescate permanecen trabajando entre estructuras colapsadas mientras las réplicas mantienen en alerta a la población.

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El balance oficial continúa actualizándose y ya reconoce cientos de fallecidos, miles de heridos y al menos 2.000 familias damnificadas. Sin embargo, organizaciones humanitarias advierten que la dimensión real de la tragedia aún resulta difícil de establecer debido a las complicaciones para acceder a información desde las zonas más afectadas. Imagen de REUTERS.

En las calles de Venezuela todavía hay edificios que esperan ser inspeccionados, familias que recorren hospitales buscando a sus seres queridos y barrios enteros donde la ayuda apenas comienza a llegar. Bajo toneladas de hormigón, la esperanza de encontrar sobrevivientes sigue impulsando un operativo que, para quienes lo viven desde el terreno, está lejos de terminar.

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